Quien fuera aspirante a la coordinación de los comités de la defensa de la Cuarta Transformación para las elecciones del próximo año, ha dejado entrever que, su prioridad, es buscar la presidencia de la República. Es evidente que desea abanderar a Morena, por lo que representa la base lopezobradorista para lograr resultados políticos inmediatos. Por esa razón, ha puesto en marcha algunos recursos de impugnación para buscar que se revierta el resultado y, a la postre, repetir el método que se aplicó antes de que exista un candidato registrado ante el órgano electoral.

No hay ninguna duda de la decisión que tomará Morena respecto a la queja de Ebrard. Es, desde todos los ángulos, prácticamente imposible que el presidente López Obrador dé marcha atrás a la determinación que se tomó; ni con el uso de mecanismos legales logrará Marcelo meter presión en Palacio Nacional. Caso contrario, puede ser que -el recurso- encuentre eco en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Se antoja muy difícil, pero es una esperanza que mantiene viva Ebrard. Pero más allá de eso, es muy obvio que, sea lo que sea, sigue siendo Claudia Sheinbaum la elegida.

De entrada, tiene todo el respaldo del presidente y de los gobernadores emanados de Morena. Nadie, en ese sentido, se saltará las trancas para respaldar a otro aspirante que no sea Claudia. Además de ello, ya se puso en marcha el proceso de organización y planeación. De hecho, Sheinbaum nombró a su equipo de colaboradores más cercanos y, con ello, definió parte de su plan estratégico para la campaña presidencial. Sé que no es fácil asimilar esa postura para Marcelo, pero es evidente que está consciente de lo que pasó y, para ello, ha tomado su decisión.

Ojalá la unidad hubiera sido el común denominador, qué mejor que Ebrard estuviera construyendo las condiciones dentro de Morena para refrendar el triunfo electoral del 2018. Tomó su decisión y, como sabemos, la única alternativa que tendrá para competir es Movimiento Ciudadano. Eso significa, primero, que la elección puede ser de tercios. Si por algún motivo logra conectar la campaña de Ebrard, sería probable que pueda provocar ciertos aprietos al Frente Amplio por México, a quien no le agrada la idea.

A Morena, por ejemplo, le restaría una proporción de votos, sin embargo, sería muy mínima. Sigo pensando que Morena ganará la elección presidencial con una gran diferencia de votos en las urnas. Las encuestas de opinión son muy claras y, en cualquier contexto, Sheinbaum se impone como la favorita. De hecho, lo que más llama la atención es que, para el Frente, la cosa se puede revertir. Es decir, no participa por competir, sino por acumular el mayor porcentaje posible para no rezagarse en tercer lugar. Por esa razón, no le conviene a la derecha que Marcelo vaya con MC. Eso es, para ellos, políticamente la estocada final.

De hecho, es muy clara la determinación de elegir abanderado de MC hasta enero del próximo año. Están esperando cualquier resolutivo y, de esa forma, tomar una decisión de sumar o no a Marcelo. Presumiblemente, se habla de esa hipótesis. Incluso, es la única después de que el INE cerró el proceso para las candidaturas independientes. O sea, es el único vehículo que ha considerado Marcelo. Y con la fuerza política que ha acumulado por años, no se le puede subestimar ni mucho menos minimizar. Si ya tomó su decisión, den por hecho que peleará hasta el final. Quizá eso le haga sumar un gran porcentaje de legisladores y ayuntamientos a MC, pues la presidencia, claro está, la ganará Claudia Sheinbaum.

Algo así: Claudia gana la presidencia; Marcelo da un paso importante con MC y, con ello, pone en aprietos a la oposición; y la derecha, en detrimento, caerá al agujero más profundo de la crisis que vive. Siendo así, el presidente Obrador no pierde, pues ni Ebrard rompe con él, ni muchos menos el mandatario ve con malos ojos esa posibilidad, dado que divide el voto de la oposición.