Con el rubro “Destrucción educativa y cultural”, la revista Nexos (cuyo director es Héctor Aguilar Camín) publicó hace unos días una serie de ensayos, breves y por ello polémicos, sobre las políticas públicas y las acciones de gobierno de la actual administración federal mexicana (en lo que va del actual periodo sexenal, es decir, de 2018 a 2021).

Uno de los ensayos lleva por título: Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), escrito por Arcelia Martínez Bordón (UIA). El INEE, como se sabe, es uno de los organismos constitucionales autónomos (OCA) que desapareció (o se recicló) con la Reforma Educativa impulsada por la 4T en 2019.

Cabe mencionar que antes de escribir este breve comentario, le envié un mensaje y pregunté esto a mi estimada amiga Arcelia: “Espero que estés bien. Leí tu texto en Nexos (1), sobre el INEE. Lo percibí corto (imagino que están reducidos los espacios de las colaboraciones). Y me surgieron algunas preguntas como las siguientes:

1. ¿Cuáles fueron los aspectos perfectibles del INEE a los que te refieres en el texto?”

“2. Si mal no recuerdo, formaste parte de la RED-MMI ¿Estuviste de acuerdo, en ese momento, con la decisión de desaparecer al INEE y crear el Centro o la Comisión MejorEdu, tal como se aprecia en la iniciativa ingresada por la oposición (PRI, PAN, PRD) en 2019?

3. ¿Cuál sería tu crítica o autocrítica (2) al desempeño del INEE durante el periodo 2013-2019?”

La Dra. Arcelia me informó que el espacio que les dieron en Nexos, en efecto, para escribir sobre algunos rubros educativos, fue breve, pues se buscaba invitar a distintas plumas para hablar de diferentes espacios que han desaparecido en este gobierno. Que ha escrito y reflexionado más sobre el papel del INEE y su desaparición en otros espacios académicos. Que, por su puesto, ella nunca estuvo de acuerdo con la desaparición del INEE. Y que, con todo gusto, en su momento podremos platicar más ampliamente y con más argumentos sobre este tema.

El INEE en Nexos o los nexos del INEE

Luego de describir algunos elementos históricos sobre el estudio de las políticas públicas durante las últimas décadas y sobre los procesos de evaluación de los sistemas educativos en el mundo y en México, Martínez Bordón señala, en el texto de referencia, lo siguiente:

“Si bien hoy, en el terreno político mexicano, la palabra “evaluación” se asocia con un ejercicio neoliberal y fútil, lo cierto es que difícilmente puede haber una mejora de la educación si se desconoce la magnitud de sus retos. La evaluación, cierto, no conlleva per se a la solución de los problemas públicos, pero claramente constituye un “termómetro” que ayuda a medir la temperatura del sistema y a pensar en alternativas para no dejarlo desatendido.”

Un juego de analogías

Dentro de la contextualización analógica que utiliza Martínez Bordón para describir una parte de la “destrucción educativa”, me pregunto: Si la evaluación es el “termómetro”, entonces ¿El sistema educativo nacional es el enfermo? En esa misma lógica ¿La SEP y las autoridades educativas, federales y locales, son los médicos que aplican las medicinas de patente? ¿Cuáles son las bases teóricas o metodológicas para que las autoridades educativas tomen decisiones con la finalidad de “atender” al enfermo? ¿Sólo a través de los OCA´s? ¿El gobierno de la 4T decidió cambiar de “termómetro” de manera democrática, pero sin técnica, a partir de supuestos y prejuicios?

Para seguir con las analogías explicativas sobre la “destrucción educativa” en México ¿Quién y cómo se realizan los diagnósticos de los problemas educativos? ¿El llamado “termómetro” es neutral? ¿Quién (especialistas o expertos) y con qué fundamentos diseña(n) los instrumentos y criterios de evaluación de los diferentes componentes del sistema educativo y con qué elementos interpreta los resultados?

La evaluación de los procesos sociales, dentro de los cuales se ubican, por definición, los fenómenos educativos, no solamente es el resultado de “mediciones” simples, sino que implica un conjunto de criterios para definir y caracterizar al fenómeno de estudio, y llevar a cabo las diversas interpretaciones sobre los hechos, a partir de supuestos teóricos (paradigmáticos o no, según T.S. Kuhn), metodológicos, epistemológicos, etc., pero también desde una lógica en el orden de las determinaciones y las variables político-pragmáticas, (aunque un abordaje fenomenológico procedería de otra forma).

Si no tomamos en cuenta estos criterios, se corre el riesgo de simplificar el horizonte político, técnico e institucional de la evaluación de la educación pública, al descartar la finalidad última de las políticas públicas educativas, que consiste en asegurar el derecho a la educación de niñas, niños, jóvenes y adultos.

En la parte final de su texto en Nexos, la investigadora universitaria afirma: “Era posible observar —con datos construidos desde la autonomía— los diversos factores y las políticas asociados a la meta última del sistema: el aprendizaje de sus estudiantes.”

Pregunto: ¿La meta última del sistema educativo es asegurar el derecho a la educación de las y los mexicanos, o no?

En otro fragmento de su texto, Arcelia señala: “Hoy, la evaluación educativa no parece ser parte del engranaje necesario para entender y resolver los problemas educativos desde la autoridad y para muestra un botón: desde la desaparición del INEE no se cuenta con datos sobre los aprendizajes logrados en matemáticas y lenguaje y comunicación, ni sobre el rezago en éstos, en razón de la pandemia de covid-19.”

Y finaliza su breve comentario con la siguiente aseveración: “Así, la pérdida de este instituto no pudo darse en un escenario más adverso, marcado por los enormes retos que ya enfrentaba el sistema, y agravados, de manera muy lastimosa, por una emergencia sanitaria. Sin duda, en un mar de tempestad y niebla, hoy navegamos sin brújula.”

Mientras llega el espacio y tiempo para conversar (ya acordamos una entrevista: quizá entonces se puedan contestar las preguntas), estoy de acuerdo con la parte donde Martínez Bordón señala que ha desarrollado ideas y análisis más amplios sobre el INEE. Recuerdo, al respecto, un interesante y documentado ensayo que insertó en el libro que ella misma coordinó con Alejandro Navarro (3), y que fue editado y publicado por el Instituto Belisario Domínguez, del Senado de la República.

Fuentes consultadas y notas:

(1) Arcelia Martínez Bordón. Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), 1 de julio, 2021.

(2) Como contexto, conviene recordar que Arcelia Martínez “Entre 2014 y 2017 se desempeñó como Directora General de Directrices para la Mejora de la Educación en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en donde estuvo a cargo de la evaluación de políticas y de las recomendaciones para orientar la toma de decisiones en materia educativa.”

Información recuperada en: Arcelia Martínez Bordó

(3) Arcelia Martínez Bordón. El INEE como actor social. En: Arcelia Martínez Bordón y Alejandro Navarro Arredondo (Coordinadores). “La Reforma Educativa a revisión: apuntes y reflexiones para la elaboración de una agenda educativa 2018-2024”. Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República. Agosto, 2018.

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