A la luz de un documento recientemente publicado por la Comisión Económica para America Latina y el Caribe (CEPAL) intitulado Panorama Social sobre América Latina, México, Honduras y Ecuador conforman la lista de países donde ha aumentado en mayor medida la pobreza extrema derivado del azote económico provocado por la pandemia. En contraste, en otros países como Brasil y Panamá, se redujo la pobreza y la pobreza extrema.

De acuerdo con el organismo, la diferencia derivó de las ayudas otorgadas por el Estado a los grupos mas vulnerables. En el caso de Brasil, el presidente Bolsonaro destinó alrededor del 8% de su PIB a apoyos directos, mientras que México lo hizo con menos del 1%. De esta forma el presidente brasileño fue capaz de revertir relativamente la caída de su popularidad ante su inicial desdén hacia la gravedad de la pandemia.

Según la CEPAL, la pobreza extrema aumentó en México de 10.6% a 18.3% del total de la población.

Ello representa una tragedia histórica sin precedente en la lucha contra la pobreza. ¡8 %!

La información brindada por el organismo internacional pone nuevamente de manifiesto el desafortunado manejo económico de la crisis en México. Mientras el presidente AMLO se empecina en la construcción y seguimiento de magno proyectos sin viabilidad económica, un 8% de los mexicanos han engrosado las filas de los pobres extremos. Apenas el lunes pasado AMLO anunció la compra de la refinería Deer Park, localizada en Houston, Texas; en ese instinto imperturbable de apostar por las energías del pasado que no contribuyen más que dañar al medio ambiente y a contravenir los compromisos internacionales de México.

Mientras estas desafortunadas y potencialmente dañinas decisiones son tomadas en Palacio Nacional, millones de mexicanos languidecen ante carencias elementales como el alimento, la salud y la educación.

¿Dónde ha quedado aquel eslogan de “primero los pobres” que tanto sedujo a los mexicanos en 2018?

¿Dónde están aquellas promesas vacías de velar siempre por los más desfavorecidos?

Por lo visto, han quedado en ello: en promesas de campaña.

AMLO, en cambio, decidió priorizar el destino de los recursos públicos hacia un aeropuerto mal planeado y peor organizado, por un tren en el Caribe mexicano, y ahora, nuevamente, por energías del pasado, como si México y el mundo viviésemos en aquellos años dorados de los combustibles fósiles.

En suma, el Estado mexicano, empezando por el presidente AMLO, los gobernadores y los ministros de Estado en todos los niveles de gobierno deben prestar atención a la evidencia, e instrumentar políticas que coadyuven a rescatar a los millones de connacionales que sufren los estragos de la pandemia. Recordemos, en este sentido, que según estimaciones la economía no recuperará su estado previo al covid-19 hasta 2022.

La atención a la pobreza extrema no puede esperar.