Esta semana se llevará a cabo en Washington el Diálogo Económico de Alto Nivel. Debería ser un momento de análisis positivo sobre las perspectivas económicas bilaterales del futuro. Sin embargo, en su análisis, los responsables de la política exterior de México están obligados a pensar lo impensable. Aquí va una pequeña muestra, aunque parezca increíble, insensata y exagerada, de las opiniones que nos podemos encontrar.

Observadores con cierta influencia en círculos militares de Estados Unidos, están preocupados porque ven a México como un país con una crisis que se agudiza y como un desafío estratégico para su país. Es el caso del Dr. Evan Ellis, profesor de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos. Hace unos días, Ellis publicó un largo ensayo: México: A Deepening Crisis and Strategic Challenge for the US.

¿Qué es lo que percibe? Aquí cito las ideas centrales de su estudio:

1. México, vecino con el que Estados Unidos está directamente vinculado a través de una frontera compartida, comercio, inversión y lazos familiares, atraviesa problemas cada vez más graves que afectan profundamente tanto a su población como a los intereses estratégicos fundamentales de Estados Unidos.

2. La violenta lucha que México ha venido librando contra los grupos criminales, particularmente durante los dos sexenios anteriores de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, corre peligro de disiparse. Existen múltiples indicios de que los cárteles criminales mexicanos han comprometido partes clave del actual gobierno, en medio de un aparato de seguridad plagado de problemas que -según la política de “abrazos, no balazos”- sólo realiza esfuerzos superficiales para combatirlos.

3. Para agravar el problema, el gobierno actual, a través de leyes y políticas, ha disminuido significativamente la cooperación de seguridad con Estados Unidos en las áreas más necesarias para enfrentar a los grupos criminales que operan en el país. Esta preocupante postura se ve agravada por una orientación radical de izquierda cada vez más profunda en la política exterior del país y una orientación antimercado que está impulsando al país hacia una crisis económica cada vez más profunda y, a la larga, conduciéndolo hacia la salvaguardia de la República Popular China (RPC).

4. Estados Unidos se ve profundamente afectado por lo que sucede en México. Más de 93,000 residentes estadounidenses murieron tan solo el año pasado por sobredosis de drogas. Un número considerable de estas muertes fue consecuencia del fentanilo importado de la RPC y despachado o mezclado con otras sustancias por los cárteles mexicanos.

5. Más allá de la seguridad, la interdependencia de la cadena de suministro entre Estados Unidos y México se ha profundizado sustancialmente desde que las dos naciones se unieron económicamente a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994. El impacto de las condiciones en México sobre las empresas e inversionistas estadounidenses se destacó por la crisis en la producción de bienes de defensa de los Estados Unidos, cuando partes de la economía mexicana de las que dependían cerraron durante los primeros meses de la crisis de Covid-19.

6. Las numerosas formas en que México afecta a Estados Unidos, como la inserción de intereses criminales en el Estado mexicano, la mala gobernanza, su giro hacia la izquierda radical, su decreciente cooperación en materia de seguridad con los Estados Unidos, sus acciones contra los intereses económicos estadounidenses, su apertura hacia China y su apoyo al radicalismo de izquierda en la región, son extremadamente importantes para la prosperidad y la seguridad de Estados Unidos.

7. La crisis actual en México es la combinación acumulada de múltiples dinámicas que han ido erosionando la gobernabilidad en el país. Sin embargo, en el actual sexenio de AMLO estas dinámicas se están saliendo de control de forma preocupante. Durante mucho tiempo, México ha sufrido una corrupción endémica y, en las últimas dos décadas, una escalada de narcoviolencia. No obstante, más allá de lo geográfico, de los grupos afectados por el tráfico de drogas, de la corrupción y de las ineficiencias en la política, la economía y la sociedad, el país había funcionado -en términos generales- razonablemente bien. De hecho, había tenido una economía vibrante ligada a la de Estados Unidos, con sectores tecnológicos y de fabricación diversificados y relativamente avanzados, así como una infraestructura y servicios de apoyo selectivamente buenos.

8. Si bien la presencia de China en México había estado históricamente limitada por factores políticos y estructurales, el deterioro de la situación del país bajo el gobierno de AMLO, agravado por la pandemia de Covid-19, posiciona a la RPC y sus empresas para lograr avances significativos en los próximos años, ampliando enormemente su influencia en el país, a expensas de Estados Unidos.

9. Las empresas chinas establecieron una presencia limitada en el sector manufacturero de México, incluida la planta de automóviles de Foton en Veracruz, así como JAC, Chang’an y BYD. Sus empresas de telecomunicaciones, en particular Huawei, operan desde hace mucho tiempo en el mercado mexicano.

10. En el ámbito petrolero, la insistencia de AMLO en desarrollar el sector a través de la atribulada empresa estatal PEMEX, en detrimento de la inversión privada, ha abierto la puerta a un mayor financiamiento chino del sector. China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) ha tenido presencia en el Golfo de México desde que ganó una licitación para operar en la Cuenca Perdido en diciembre de 2016. En el año 2014, ofreció un préstamo de 5 mil millones de dólares a PEMEX para apoyar sus actividades, similar a lo que China había hecho en Brasil en 2009 y 2016. En el caso mexicano, el fondo crediticio fue rechazado por la administración de Enrique Peña Nieto. Actualmente, la RPC ha proporcionado 600 millones de dólares para financiar la enorme y económicamente cuestionable refinería Dos Bocas, uno de los proyectos emblemáticos de AMLO en el sector.

11. En el sector eléctrico, la insistencia de AMLO de privilegiar a la CFE sobre la inversión del sector privado puede crear una apertura similar para la RPC. Cabe destacar que en noviembre de 2020, la Corporación Estatal de Inversión de Energía de China (SPIC) adquirió la empresa mexicana de energía centrada en energías renovables Zuma Energy, durante un momento en que otras corporaciones se estaban retirando del sector. SPIC, aparentemente, tiene una razón para creer que podría recibir un mejor trato en México que esos otros actores.

12. En el sector minero, Bacanora, en el desierto de Sonora, es uno de los campos de litio más grandes y potenciales del hemisferio. Ganfeng de China, con presencia existente en el sector de litio de Argentina, adquirió una participación minoritaria en Bacanora y, en mayo de 2021, ofreció comprar las acciones restantes.

13. En infraestructura, las empresas chinas están desempeñando un papel importante en el proyecto de “Tren Maya” de AMLO de 630 millones de dólares en el sur del país, a través de China Harbour y del socio Mota Engil, en el que China Communications Construction Corporation (CCCC) adquirió recientemente una participación del 30%.

14. Si los caminos tomados por otros países populistas de izquierda como Venezuela, bajo Hugo Chávez, Ecuador, bajo Rafael Correa, y Bolivia, bajo Evo Morales, son un indicador, el ciclo de intensificación del populismo y el compromiso chino en México también es probable que abran espacios para otros tipos de políticas de cooperación, como la expansión de las ventas y el compromiso militar de la RPC, la construcción de esquemas de vigilancia y de seguridad, e iniciativas de “ciudades inteligentes” para abordar los desafíos de la inseguridad en el país y, en el proceso, ayudar al gobierno a controlar su población.

¿Opiniones exageradas? Seguramente. Pero hay muchos analistas internacionales que así nos ven. Y eso no conviene a nadie.

Javier Treviño I Twitter: @javier_trevino