23 de septiembre de 2021 | 03:28
Opinión

La importancia del centro político

Es el paquete de infraestructura más grande de la historia.
Joe Biden, presidente de Estado Unidos.
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“Tenemos un trato”, el presidente Joe Biden anunció el jueves. Acordó el avance de una etapa del plan de infraestructura, de aproximadamente un billón de dólares, con un grupo bipartidista de diez Senadores. Pero el compromiso aún enfrenta serios obstáculos en el Congreso.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (D-Calif.), dijo el jueves que la Cámara no aceptará un proyecto de ley de infraestructura bipartidista si el Senado no aprueba también un paquete de reconciliación presupuestaria con las otras prioridades de los Demócratas.

Se trata de carreteras y puentes, pero también de muchos otros tipos de infraestructura, incluidos los sistemas de comunicaciones digitales, de agua y el ferroviario. Todo es bueno para la economía; más eficiencia, más crecimiento. Es el paquete de infraestructura más grande de la historia.

Parecería que el centro político ganó una vez más.

El acuerdo es una gran victoria para los moderados del Senado y para el propio Joe Biden, quien hizo campaña como un gran negociador. Un paquete de infraestructura bipartidista hará mucho bien a Estados Unidos. Significa un compromiso y el valor que el Presidente y los legisladores asignan a la palabra.

Los expertos en economía también han llegado a acuerdos sin precedentes, ubicándose también en el centro. Por ejemplo, tres economistas de gran prestigio de Estados Unidos publicaron, conjuntamente, en “The Hill”, una columna con su opinión.

“The Hill” es un periódico y sitio web concentrado en la cobertura del Congreso de los Estados Unidos y tiene la mayor circulación de cualquier publicación de temas del Capitolio. “The Hill” fue fundado en 1994 para hacer competencia a otra publicación especializada en temas legislativos, “Roll Call”.

Robert Rubin, exsecretario del Tesoro durante la presidencia de Clinton, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía que también fue economista jefe del Banco Mundial, y Felicia Wong, presidenta del Instituto Roosevelt dicen que, en general, nunca llegan a una misma posición en los debates de política económica sobre cuestiones relacionadas con el gasto, los impuestos y el déficit. Pero ahora llegron a la misma conclusión: “la agenda económica del presidente Joe Biden llevará a cabo inversiones que son muy esperadas para el futuro de nuestra nación y las medidas de ingresos que financiarían esas inversiones son sólidas, progresivas y eficientes”.

El llamado que los tres economistas hicieron a los legisladores es contundente: “A largo plazo, creemos que sería muy perjudicial para nuestra economía que ustedes no aprobaran el plan Joe Biden”.

Hagamos un poco de memoria: la Casa Blanca presentó dos propuestas:

a) el Plan de empleo estadounidense

b) el Plan de familias estadounidenses.

En conjunto, significan aproximadamente cuatro billones de dólares en inversión pública durante 10 años, totalmente pagados con mayores contribuciones de las corporaciones, de los individuos de altos ingresos y de una mejora en la ejecución de la legislación fiscal existente.

Rubin, Stiglitz y Wong nos presentan 5 conclusiones fundamentales en su columna:

1. “Algunos analistas económicos han expresado preocupación por el tamaño de los paquetes, argumentando que la economía no necesita estímulos adicionales. Pero es un error considerar estos proyectos de ley como un estímulo. A diferencia de los recientes proyectos de ley de estímulo relacionados con la pandemia, estos no están financiados por déficit.Los Planes de Empleo y Familias se centran en impulsar nuestra capacidad productiva a largo plazo, no en aumentar la demanda a corto plazo. Hacer permanente el Crédito Tributario por Hijos, ampliado y reembolsable, por ejemplo, sacaría de la pobreza a millones de niños y los equiparía mejor para contribuir a nuestra economía y nuestra democracia en el futuro. Y las inversiones propuestas en infraestructura resiliente reducirían en gran medida los costos a largo plazo del cambio climático, que representa una amenaza existencial para nuestra economía”.

2. “Algunos críticos argumentan que medidas como el prekínder universal y la licencia familiar y médica son programas sociales y no pertenecen a un paquete económico. Independientemente de cómo lo llamen, se trata de inversiones públicas que probablemente tengan una alta tasa de rendimiento. Los programas de cuidado infantil y prekínder de calidad, por ejemplo, permiten a los padres permanecer en la fuerza laboral durante los primeros años de su hijo, lo que contribuye a nuestra competitividad y producción económica nacional. Se ha demostrado que las inversiones inteligentes en el cuidado y la educación de la primera infancia ofrecen rendimientos de hasta siete veces, a medida que los niños crecen más sanos, mejor educados y con mayores ingresos como adultos”.

3. “Otros críticos han encontrado fallas en las medidas de ingresos que financiarían los programas de Biden. Dicen que no es el momento adecuado para aumentar los impuestos, advirtiendo que los impuestos más altos podrían obstaculizar el crecimiento y castigar a los ricos. Después de haber estado trabajando en torno a la formulación de políticas económicas durante décadas, hemos escuchado esos argumentos anteriormente. Lo cierto es que hay mucho margen para subir los impuestos de forma progresiva sin efectos económicamente perjudiciales. Los impuestos son históricamente bajos. Antes de la pandemia, los ingresos fiscales federales como proporción del PIB estaban muy por debajo del promedio de una economía de pleno empleo y muy por debajo de la proporción a fines de la década de 1990. La reducción de la tasa impositiva corporativa del 28 al 21 por ciento en 2017 se sumó al déficit sin tener ningún impacto positivo significativo en la inversión. No hay razón para creer que aumentar la tasa en 2021 tendrá un efecto adverso”.

4. “Más allá de los impuestos corporativos, el presidente ha ofrecido una serie de medidas sensatas para generar ingresos, desde reducir la brecha entre las ganancias de capital y las tasas del impuesto sobre la renta, hasta gravar los intereses contabilizados como ingresos ordinarios, hasta terminar con la “base escalonada” que permite a los ricos transferir activos importantes a sus herederos sin pagar impuestos sobre las ganancias de capital. Todas estas medidas son económicamente sólidas”.

5. “El Presidente también ha propuesto invertir 80 mil millones en una mejor recaudación. Y creemos que otras medidas de ingresos merecen estar sobre la mesa, como un impuesto a las transacciones financieras cuidadosamente diseñado y algún tipo de impuesto al carbono, los cuales tienen beneficios económicos más allá de la recaudación de ingresos”.

Estados Unidos cuenta con enormes fortalezas e ingresos suficientes, únicamente de los impuestos, para financiar los planes de Joe Biden. El Presidente propuso un paquete de inversiones audaz para promover el crecimiento, reducir la pobreza, la desigualdad y el cambio climático.

En todo este episodio político estadounidense, hay lecciones que en México podríamos observar con cuidado, en lugar de seguir perdiendo el tiempo con la confrontación, los ataques a la clase media, la retórica polarizante y la lucha fratricida de los principales jugadores de la 4T:

1. Las palabras que usa el Presidente Joe Biden son “acuerdo”, “confianza”, “consenso” y “compromiso”. Confía en la palabra. Su actitud ha sido un verdadero antídoto contra el veneno de la política.

2. Biden ofrece un momento de alivio nacional. Restauró la calma, la moderación y la normalidad en Washington. La capital estadounidense funciona y está trabajando de una manera que no había sucedido en años.

3. En una época ideológica, Joe Biden no ofrece garantías, pero sí lee bien el funcionamiento del Congreso. Sabe que la esencia de la política es la negociación. Combate el absolutismo de los extremos, para privilegiar el centro político. Muestra generosidad con los opositores. Las diferencias no son personales.

4. Promueve la cohesión interna del Partido Demócrata. A pesar de las profundas diferencias internas el presidente sabe que prevalecerá la lógica. Joe Biden ha dicho: “Mi partido está dividido, pero mi partido también es racional”.

@javier_trevino