22 de octubre de 2021 | 01:37
Opinión

El cambio climático afecta la economía

Las estimaciones de pérdidas aseguradas por grandes catástrofes naturales en 2020 fueron de aproximadamente 78 mil millones de dólares.
Tierra
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Tarde o temprano, el Gobierno de México tendrá que darse cuenta de que la adaptación de la economía a los impactos relacionados con el clima debería convertirse en una de sus principales prioridades.

Más allá de la política energética ideológica de la 4T, el Presidente y su equipo (Nahle, Romero y Bartlett) deberían reconocer que los fenómenos meteorológicos extremos tensan y prueban las redes eléctricas, los gasoductos y pondrán de relieve las vulnerabilidades de PEMEX y CFE. Ellos saben, mejor que nadie, que no se ha invertido lo suficiente para mejorar y fortalecer la infraestructura energética.

Leí hace unos días, en el sitio del Foro Económico Mundial, un artículo de John Alarcon y Yingzhen Chuang, de Willis Re, en donde nos dicen: “nada más pensemos que los desastres naturales en todo el mundo causaron pérdidas económicas por un valor de 268 mil millones de dólares en 2020. Los seguros cubrieron sólo una pequeña fracción de esta cifra. Las estimaciones de pérdidas aseguradas por grandes catástrofes naturales en 2020 fueron de aproximadamente 78 mil millones de dólares”.

El punto que el Gobierno de México debería reconocer es que las pérdidas económicas por catástrofes crecen más rápido que las pérdidas aseguradas. Por eso debe adaptar sus políticas a los impactos relacionados con el clima.

El clima extremo afecta a las industrias mexicanas: causa que los ingresos sean volátiles, se elevan los costos, se reducen las ganancias, en suma, pueden entrar en una crisis de liquidez y, luego, de insolvencia.

México es uno de los países que podría ser más vulnerable al cambio climático. Las principales industrias afectadas son la agricultura, construcción, turismo, energía renovable.

Es impresionante el hecho de que aproximadamente el 75% de la producción agrícola mundial no está asegurada. Habría que estimar las cifras para el caso mexicano. Pero la destrucción de cultivos, el retraso y daño en los proyectos de construcción por frío extremo, calor extremo, lluvia extrema, sequía extrema, son destructores de valor.

El impacto de un evento meteorológico en el turismo puede durar meses e incluso años más que lo esperado. Y las pólizas tradicionales de seguro de propiedad tardan en responder, las reclamaciones demoran años en resolverse.

La generación de energía eléctrica renovable en México no sólo ha sido afectada por los “huracanes destructivos” Nahle y Bartlett. Los riesgos climáticos se han convertido en un factor crítico también. La combinación de políticos guiados por ideologías, con malas políticas públicas, con cambio climático aumenta el riesgo de períodos prolongados de insuficiencia de recursos eólicos o solares.

Así que, además de exigir que se formulen e implementen políticas públicas inteligentes, deberemos poner manos a la obra para proteger los sectores económicos de nuestro país.

El seguro paramétrico

Alarcón y Chuang nos dicen en su artículo que “aunque el clima extremo es incontrolable, las empresas pueden mitigar su impacto financiero a través de seguros. Una de las formas de más rápido crecimiento se conoce como “seguro paramétrico”. Creado originalmente como una forma de seguro contra catástrofes, el seguro paramétrico está encontrando usos adicionales para proteger a la industria contra el clima extremo, otros riesgos de desastres naturales, el riesgo cibernético y el terrorismo”.

El “seguro paramétrico” puede proteger a las empresas contra pérdidas financieras por eventos predefinidos. En las economías desarrolladas, las soluciones paramétricas no son necesariamente un reemplazo del seguro tradicional, sino complementarias; llenan las lagunas de protección en los programas de seguros tradicionales. Pero en las economías en desarrollo, donde es posible que la cobertura tradicional ni siquiera exista, el seguro paramétrico podría cambiar las reglas del juego.

Alarcón y Chuang nos explican que “en lugar de pagar un reclamo basado en el valor de una pérdida incurrida, el seguro paramétrico paga un valor predeterminado, cuando ocurre un evento desencadenante y, por lo general, el valor de pago aumenta a medida que aumenta la intensidad del evento. En el caso de catástrofes como eventos climáticos extremos, los parámetros típicos pueden incluir la velocidad del viento, la temperatura, la precipitación, el tamaño del granizo, el área de quema de incendios forestales o incluso retrasos relacionados con el transporte o la producción”.

El seguro paramétrico se ha vuelto muy competitivo en el mercado, simplifica el proceso de suscripción, reduce costos, reduce el tiempo requerido para cotizar y vincular una póliza. La naturaleza transparente, objetiva y no ambigua de un disparador paramétrico elimina la necesidad de cualquier proceso tradicional de ajuste de pérdidas.

Al final del día, de lo que he leído, creo que el mayor beneficio del seguro paramétrico tras un evento meteorológico extremo es la velocidad del pago potencial, dinero en efectivo rápido. No hay nada peor para las empresas, después de un evento catastrófico provocado por un desastre natural, que la interrupción del flujo de caja. La diferencia entre la insolvencia y continuidad de operaciones es parecida a la diferencia entre la muerte y la vida.

¿Por qué funcionan estos instrumentos?

a) Porque los pagos se acuerdan por adelantado y se basan en proveedores de datos independientes.

b) Las reclamaciones se pagan de acuerdo a un calendario, en días, previamente acordado.

c) No se requieren visitas costosas para evaluar las pérdidas.

d) Los pagos se pueden realizar rápidamente a los asegurados.

e) Ahora es posible, a través de estos instrumentos, la protección contra riesgos impredecibles devastadores.

f) Ofrece una mayor transparencia y certeza en los contratos. Todos los jugadores tienen acceso a los mismos datos para la suscripción y liquidación de siniestros.

Con los seguros paramétricos se elimina la selección adversa, los problemas de riesgo moral y las disputas debido a la asimetría de información entre las aseguradoras y el asegurado.

El mensaje para un país como México es que la prioridad que debe asignar en sus políticas públicas para combatir el cambio climático deben incluir el sector seguros. No basta con plantar arbolitos. El sector seguros de México cuenta con la tecnología y la capacidad de innovación para responder a los riesgos derivados del cambio climático. Hay una transición, y el Gobierno de México debería ver temas como la reducción en la brecha de protección, el financiamiento de una infraestructura resistente, una mejor gestión de riesgos. Los que no están asegurados hacen frente a los mayores costos.

Los seguros y un enfoque de gestión de riesgos proactivo y holístico son herramientas esenciales para que las ciudades y los gobiernos protejan y brinden oportunidades a sus ciudadanos.

Los devastadores eventos de inundaciones y sequías han aumentado significativamente debido al cambio climático. Esto profundizará las vulnerabilidades ya evidentes en la infraestructura crítica y la economía y, a su vez, socavará la estabilidad social. Después de una catástrofe climática, las familias se hunden aún más en la pobreza.

Los desastres afectan de manera desproporcionada a las poblaciones de bajos ingresos y, como señala un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo, la gestión de riesgos mejora directamente la resiliencia de los programas de bienestar y la seguridad social.

En resumen, el “seguro paramétrico” cubre aspectos que previamente se consideraban no asegurables. Ofrece nuevos mecanismos de microseguros para zonas o personas de bajos recursos o simplemente pequeños productores que no tienen acceso a productos tradicionales. Son ideales para las pérdidas de baja frecuencia pero de alta severidad como los riesgos relacionados principalmente con fenómenos naturales como terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones; pero también con cualquier cosa que sea parametrizable como precipitaciones, temperaturas, radiación solar, sequía, heladas, nieve, índice de vegetación, humedad del suelo, balance hídrico, falta de pastura, floración, rendimiento por áreas homogéneas, entre muchas otras.

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