23 de septiembre de 2021 | 15:27
Opinión

Lo que viene para AMLO: ni matar ni morir, simple democracia a ajustar

Se debe trabajar para igualar la excelente idea de la consulta de revocación con el pésimo procedimiento para designar al presidente sustituto.
AMLO el 31 de julio del 2021
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Ancianos

Dijo El Principito: “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

Dos viejitos sabios, pero necios —la edad así pone a algunos—, andan enredados con la próxima consulta popular. Me refiero a los destacados intelectuales Héctor Aguilar Camín y Jorge El Güero Castañeda, quienes por no entender absolutamente nada de la esencia el ejercicio democrático del próximo mes de marzo, lo están viendo como una guerra a muerte entre la derecha —que ideológiocamente ellos encabezan— y la izquierda, que sin duda lidera el presidente AMLO.

Como es del dominio público, el 21 de marzo de 2022 los mexicanos y las mexicanas votaremos para decidir si Andrés Manuel López Obrador debe concluir, o no, su periodo como presidente de México.

Si se vota por el , AMLO dejará la presidencia en 2024. Si se vota por el NO, deberá retirarse en 2022.

No puede haber nada más democrático que tal votación: si pensamos que lo ha hecho bien en el gobierno —es lo que yo creo, por cierto— elegiremos la opción de que termine su periodo; si pensamos que lo ha hecho indebidamente, elegiremos que ya deje su cargo.

Avanza la democracia

Nunca se ha votado algo así en México. Es un privilegio poder hacerlo. Y, honor a quien honor merece, si nuestra democracia ha avanzado tanto lo debemos al propio Andrés Manuel, quien propuso la consulta de revocación o ratificación de mandato, insistió en que se aprobara en las cámaras legislativas y ha decidido someterse a tal prueba.

Es lógico anticipar que AMLO ganará la consulta de revocación por la fuerza de dos grupos: (i) el electorado de izquierda, bastante numeroso en México, al cien por ciento votará porque Andrés Manuel siga en la presidencia, y (ii) la mayoría del electorado de derecha, sobre todo el de las zonas metropolitanas más importantes —CDMX, Monterrey y Guadalajara— no caerá en el juego del fanatismo, del todo o nada o del matar o morir (Aguilar Camín dixit) y por elemental prudencia esta vez la gente conservadora apoyará al presidente a quien en todo lo demás repudia.

NO al caos

Tal como está planteada la consulta, resulta una invitación al desorden social votar contra el presidente en funciones —AMLO o cualquiera que tenga el puesto—, ello simple y sencillamente porque no hay un mecanismo automático, y que sobre todo no implique negociaciones entre políticos, para reemplazar al presidente que se irá antes de tiempo a su casa.

La verdad de las cosas, no se diseñó una salida correcta y, especialmente, tranquila para el caso de que el presidente perdiera la consulta de revocación.

Permitir que sean los legisladores quienes nombren al presidente sustituto es una manera eficaz y rápida de incendiar México. La razón es clara: se trataría de una negociación en la que tendrían la última palabra el dinero de los grandes grupos empresariales y los pactos nada democráticos entre los más perversos políticos de nuestro sistema.

Escofina democrática de ajustar

¿Por qué no ajustar el procedimiento? Por ejemplo, que si pierde la revocación sea el propio presidente, en un periodo razonable y necesariamente breve, quien convoque a elecciones, y que se garantice al INE presupuesto suficiente para organizarlas.

Puede haber mejores ideas, pero no debe ocurrir —la gente que vote no lo permitirá— que se deje la elección del nuevo presidente a senadores y diputados de dudosa honorabilidad.

La consulta de revocación es una prueba de todo lo que ha avanzado la democracia mexicana. Lo que sigue es ajustar el mecanismo.

Urge en México lo que en otros lugares se conoce como escofina de ajustar: un instrumento con el que los carpinteros igualan las piezas que no casan perfectamente.

Los carpinteros democráticos de México deben trabajar para igualar la excelente idea de la consulta de revocación con el pésimo procedimiento para designar al presidente sustituto.

Mucho ayudarían intelectuales de derecha como Aguilar Camín y Castañeda si dedicaran su talento a buscar mejorar la democracia mexicana, en vez de estar pensando en que llegó la hora de matar a AMLO.

Ellos, por supuesto —y por usar las palabras de Aguilar Camín—, solo van por la opción de matar a su rival, porque no parece que se atrevan a morirse en el intento de 2022 que no prosperará: el electorado, sobre todo el panista, no es aventurero y no elegirá la opción de dejar que negociaciones mafiosas —entre diputados, senadores, empresarios y otros políticos— elijan a un nuevo presidente.

Por esa razón, AMLO ganará. Inclusive, arrasará ya que tendrá a su favor todo el voto de izquierda y una parte importante del voto de derecha de gente sensata y no fanática como los ciudadanos y las ciudadanas de Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México, que podrán ser personas conservadoras, pero no idiotas; así que de ninguna manera atenderán los llamados al desastre de intelectuales enojados porque el presidente los critica en las mañaneras y, también —un poco, solo un poco— porque sus medios, como Nexos, dejaron de recibir ingresos elevados de parte del gobierno.