IRREVERENTE

Les platico: El copiloto va anotando la cantidad de vehículos de carga y de pasajeros con que se cruzan en la autopista que va de Kioto a Tokio, la antigua y la nueva capital de Japón.

Durante el trayecto de seis horas y media, en los 454 kilómetros que hay entre las dos ciudades, solo vi descansar al apuntador tres veces, por espacios de cinco minutos cada una.

Cuando llegamos a Tokio, habían sido 2,377 tractocamiones de carga y 248 autobuses de pasajeros, de ida y vuelta.

Al término de nuestro viaje le pregunté al conductor de nuestro vehículo en el que íbamos, por qué hacían eso.

Y me respondió:

Esta es una de las medidas que utilizamos en Japón para saber el estado de desarrollo de nuestra economía. Mientras más carga y gente se mueva y más rápido esto ocurra, mejor estamos.

El mes pasado en este mismo trayecto contamos 2,055 vehículos de carga y 201 de pasajeros. Esto quiere decir que sí vamos mejorando.”

Sorprendido le dije que contar todo eso era una proeza.

Entonces, el amable conductor japonés me sonrió haciendo casi una reverencia: “A veces también contamos a los vehículos particulares, solo que para eso ocupamos a tres personas como anotadores”.

Movilidad

Lo que no se mide, no se controla

Les platico esto como 2ª parte de mi artículo de ayer, donde tomando a Ernest Hemingway como pretexto, mis sufridos lectores supieron de mi aversión y fobia hacia lo impreciso.

Por cierto, el viaje del que les platico ocurrió en un tractocamión que llevaba 11 toneladas de carga y en el trayecto de ida y vuelta entre las dos capitales japonesas, no fuimos molestados por ningún retén, ni agentes o policías de caminos, ni el conductor pagó yen alguno por concepto de peaje.

Ja, igualito todo a lo que ocurre en México.

Las casetas de control -que no de peaje- por las que pasamos, tenían plumas que se abrían a nuestro paso, similares a las que funcionan en las carreteras que salen de la ciudad de Panamá hacia el interior de ese avanzado país centroamericano, al cual el gobierno mexicano le faltó al respeto tratando de enviar como embajadores a dos auténticos pájaros de cuenta. Bueno, una de ellas, “pájara”, pero también de cuenta.

Es la economía, estúpido

Fue una frase muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre), que lo hizo ganar la presidencia de Estados Unidos.

La estructura de la misma ha sido utilizada para destacar diversos aspectos que se consideran esenciales.

Poco antes de las elecciones de 1992, Bush era imbatible debido a sus éxitos en política exterior, como el fin de la Guerra Fría y la del Golfo Pérsico.

Su aceptación era del 90%, un récord histórico.

James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, señaló que este debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas.

Con el fin de mantener la campaña enfocada en un mensaje, Carville pegó un cartel en las oficinas centrales con la citada frase y de ahí en adelante, Clinton ganó la presidencia y encima fue reelecto para cuatro años más.

Movilidad

¿Por qué les platico todo esto?

Es que alcaldes como Miguel Treviño -en San Pedro Garza García- han llegado a creer que la inseguridad rampante en el otrora municipio modelo de México se va a resolver con los enfadosos y lamparientos retenes que manda poner en las avenidas de mayor circulación.

Lo mismo hace el pupilo del Chefo Salgado en San Nicolás y Luis Donaldo Colosio Riojas, en Monterrey.

La cereza “negra” en el pastel corre por cuenta del gobernador Samuel; o al menos sus colaboradores lo hacen por su cuenta, en el delicado asunto del transporte urbano.

La gente que no tiene carro se pasa media vida trepada en camiones urbanos y transurbanos.

Hacen más vida con sus compañeros de infortunio que con sus familias.

El tema que equipara a estos tres casos se llama MOVILIDAD.

Mientras más MOVILIDAD haya en un lugar, más desarrollo económico y por ende, bienestar.

Y si no me creen, pregúntenles a los japoneses.

Entonces, cualquier traba que la autoridad le ponga a este delicado y decisivo aspecto, puede ser considerado -por lo menos- como producto de la ignorancia supina de quienes nos gobiernan.

O como decía mi abuelita, cuando fue la primera alcaldesa de México en Perros Bravos, NL: “les falta mundo a esos cabrones”. Al respecto, ella también decía: “Están para hacer mandados… y bien cortos”.

CAJÓN DE SASTRE

“Pobre México, tan lejos de Japón y tan cerca de tanto gobernante inepto”, remata la irreverente de mi Gaby.