En febrero de este año la periodista Mar Morales recibió un mail —en realidad, una amenaza— del Organismo Púbico Local Electoral de Veracruz.

En ese correo electrónico se notificaba a la periodista que la señora Patricia Lobeira, presidenta municipal de Veracruz, se quejaba de ser víctima de violencia política en razón de género por unas publicaciones que se hicieron en la fanpage de la señora Morales.

Debe aclararse que dichas notas no las redactó Mar Morales y, la verdad sea dicha, no eran de ninguna manera ofensivas; la alcaldesa Lobeira simple y sencillamente ha atacado sin razón a una periodista crítica, y esto es inaceptable.

A Cuitláhuac García, gobernador de Veracruz, no le corresponde intervenir formalmente en este asunto; pero políticamente es mucho lo que Cuitláhuac puede hacer para evitar que la presidenta municipal continúe acosando a una periodista honesta.

Aunque tenía su conciencia tranquila, dado el tono intimidatorio de la OPLE Veracruz, la periodista se vio obligada a consultar a un abogado para responder con lógica jurídica a la autoridad electoral.

La periodista Morales, por recomendación de su asesor legal, aceptó eliminar de la fanpage la información que había molestado a la alcaldesa Lobeira; no tenía por qué hacerlo, ya que no había difundido mentiras sobre la funcionaria veracruzana, a la que tampoco había insultado, y además se trataba de comentarios publicados en varios portales informativos locales .

Como cumplió tal petición, Mar Morales y su abogado pensó que era tema cerrado, pero…

Por lo visto, la presidenta municipal de Veracruz es una persona rencorosa, ya que insistió en el Organismo Púbico Local Electoral y logró que este solicitara a la periodista una audiencia virtual, en la que le dijeron que la quejosa había exigido sus datos personales —domicilio, teléfono, huellas biométricas, etcétera—.

De plano, la alcaldesa Patricia Lobeira se excedió al decir que se sentía en peligro por los supuestos —en realidad, inexistentes— ataques de Mar Morales.

En SDPNoticias conocemos a la periodista Morales y nos consta su profesionalismo y su calidad humana: en varios años de tratarla como compañera de trabajo jamás se violentó con nadie.

Mar Morales, en Veracruz, simple y sencillamente realiza su trabajo —entrevistas, redacción de notas— relacionadas con cualquier personaje de la vida política y social.

Ayer, después de un desahogo de alegatos en el tribunal electoral de Veracruz, Mar Morales solicitó la revisión del caso pues ya se le había notificado que sería acreedora a una sanción económica y suspensión de sus derechos políticos y electorales por tres años, además de condenarla a poner su nombre en el registro público de personas violentas, también por un trienio.

La defensa de la periodista, además de demostrar que no ha ofendido a la alcaldesa ni mentido sobre ella, se ha basado en exigir que se respete su libertad de expresión.

Por increíble que parezca, los magistrados no tomaron en cuenta los argumentos de Mar Morales y le aplicaron las sanciones.

Lo que sigue para la periodista es recurrir a la sala regional del Tribunal Electoral para una nueva revisión del caso.

Ojalá el gobernador Cuitláhuac García encuentre la manera de que se deje de agredir y acosar a una periodista profesional.