La Selección Mexicana de fútbol empató a cero con Polonia. No es un gran resultado, hasta que recordamos que el equipo que el Tata Martino llevó a Qatar tiene las peores perspectivas en la historia de los mundiales. Nadie piensa que la verde llegará al quinto partido y muy pocos apuestan a que llegará al cuarto. Por primera ocasión en lo que va de este ciclo mundialista los once de la cancha mostraron coraje y orden. Les faltó habilidad para superar a los gigantones polacos. Tiros de media distancia. Memo Ochoa, nuestro veterano arquero, paró un tiro penal a la estrella polaca y centro delantero del Barcelona, Robert Lewandowski.

Nadie o muy pocos irán a la Columna de la Independencia. En la calle, varios portan orgullos la playera de la selección. No importa que sea pirata. Un empate no alcanza, pero los aficionados al fútbol, que somos muchos, tendremos un motivo de interés al menos por una semana más.

El Mundial de Fútbol no sólo es el torneo deportivo y el negocio más importante cada cuatro años, también es un fenómeno social. Las olimpiadas, los mundiales son eventos masivos y globales de alto impacto.

El ánimo social incide en la legitimidad, estabilidad y éxito o fracaso de las políticas públicas y no, como algunos suponen, es un simple estado mental colectivo. La ira, el miedo, la tristeza y la felicidad son sentimientos que expresan el estado de ánimo de una persona, lo que, trasladado al ámbito social, define una actitud colectiva. Las guerras, las pestes y los desastres naturales afectan el ánimo social. En situaciones límite se mezclan sentimientos en una persona o en grupos sociales. Por un lado, el miedo y la tristeza; por otro, la ira o la frustración. Ejemplo clásico: el estado de ánimo de los habitantes de la CDMX ante la ocupación estadunidense de 1847. Murieron más soldados gringos en las calles oscuras de la ciudad que en las batallas de Molino del Rey o Chapultepec. Tanto que las fuerzas de ocupación tuvieron que refugiarse en la Basílica de Guadalupe. También debe recordarse el estado anímico de la sociedad francesa ante la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En ambos países, esta actitud mantuvo viva la resistencia, lo que finalmente repercutió en su liberación.

El ánimo social puede medirse con encuestas o expresarse en acciones de apatía hasta llegar a la resistencia civil. Se manifiesta por medio de movilizaciones, opiniones de los medios de comunicación y, ahora, en Internet y sus benditas redes sociales. Como nunca, las autoridades tienen la oportunidad de conocer el ánimo social. Por desgracia, al aparecer lo ignoran o lo consideran irrelevante. No se trata de gobernar para las encuestas o para las redes sociales, también sería un error, pero sí tomar las decisiones conociendo la opinión de la ciudadanía y su ánimo social sobre temas que son de su interés.

El año cierra con buen ánimo social. Derrama histórica en el Buen Fin, pequeñas mejoras en las perspectivas de crecimiento económico, fin del confinamiento y reactivación económica después de la pandemia, mundial de fútbol y hasta la propia marcha de la oposición sirvió para liberar tensión. Eso pienso yo, ¿usted qué opina?

PD. México se juega todo en el partido contra Argentina.

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