Hay, desde hace muchos años, una diferencia abismal entre lo que significa un proyecto y otro. Hace precisamente una semana, por increíble que parezca, dijimos que estamos en presencia de un hecho sin precedentes ahora que las encuestas, a lo largo y ancho de las entidades, son altamente favorables para la causa de Morena. De hecho, podemos asegurar que la oposición sigue quedándose muy por debajo de la conversación del dominio público. Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que atraviesan su peor crisis existencial. En lugar de salir a territorio, han apostado por la infamia y la mentira. Ese desgaste, con la mayor de las relevancias, es el que impactará e incidirá en el resultado final, mayormente cuando los mensajes perniciosos se repiten. En pocas palabras, el contrapeso no tiene ni cómo defenderse ahora que ha caído en detrimento.
Tanto el PRI como el PAN, más allá del discurso antagónico que han pronunciado, se preparan para manufacturar alianzas en puntos estratégicos. Ese discurso de Jorge Romero, de que no habrá coaliciones, se ha desgastado y, sobre todo, carece de un fundamento sólido luego de que muchos aspirantes, en distintos enclaves, han asegurado que hay pláticas muy avanzadas para que el PRIAN aparezca unido en las boletas. Ya sabemos que eso acarreará imposiciones y, por completo, eliminará cualquier tipo de mecanismo de selección democrático. Al no contemplar los efectos negativos que arrastren estas decisiones, la derecha se ha condenado a perder no únicamente los estados que ahora gobierna, sino la propia mayoría calificada que, como se ha presupuestado, quedará en manos de Morena y de la coalición Seguimos Haciendo Historia.
Se pueden ahorrar el discurso ante el impasse. De hecho, ninguna aparición pública como las que protagoniza Alito Moreno ha tenido elocuencia. Justamente ahora, luego de mandar un mensaje contundente por sus redes sociales, la presidenta habló de principios y lealtades a la causa. Hay que reconocer que, en el trasfondo, la misiva llevaba una dedicatoria especial para aquellos que no han entendido la razón de gobernar y que, con una porción de vanidad, ponen el interés individual sobre el colectivo. Quienes se desatiendan de eso han hecho un mal cálculo. Al aislarse de esos preceptos de la 4T, la memoria histórica siempre tendrá un espacio para señalar a quienes se alejan de una declaración de principios.
En esa sintonía, hablando de la posición de la presidenta, podemos decir que se mueve la dirigencia nacional de Morena. De hecho, Sheinbaum, desde los inicios de su carrera política, siempre ha sobrentendido que, para que un proyecto prospere, hay que construir una base social que tenga plena identificación. Una de las principales razones por las que Claudia movió los hilos en el CEN de Morena, evidentemente, fue pensando en el triunfo prolongado, eso sí, con una plataforma popular que siempre se mantenga unida. Para mantener vigente esa concepción, alejada de la confrontación, la mejor carta siempre fue Ariadna Montiel: una mujer cercana que, a su vez, ha demostrado lealtad y fidelidad a la jefa de Estado.
Poniendo esa decisión en manos del Consejo Nacional, no hay duda de ello; el órgano colegiado eligió a una mujer que, a lo largo de su carrera, ha demostrado que sabe operar y maniobrar decisiones políticas. Efectivamente, Ariadna Montiel puso en marcha una estrategia de unidad que pretende, entre muchos aspectos, garantizar enfáticamente que todos y todas tuvieran cabida en la medición de una encuesta. Además de ello, está haciendo su labor en apego a los estatutos del partido. En otras palabras, dejará en manos de la encuesta el resultado final y, para ese entonces, su estrategia integral de cohesión funcionará porque se tomó el tiempo necesario para visitar cada entidad que tendrá relevo del Ejecutivo estatal.
De hecho, otro de los temas que les interesa en demasía es, de manera paralela, contrarrestar las mentiras e inhibir el impacto de la guerra sucia que propaga la derecha. Ariadna Montiel, desde que tomó las riendas, ha demostrado una elocuencia bien articulada para poner al descubierto las infamias que tratan de desdibujar la gobernabilidad. Cualquiera que pueda revisar a detalle la estrategia del CEN podrá darse cuenta de que las conferencias semanales, a la par de ser un órgano de información, son mecanismos que conviene poner en funcionamiento debido a que siempre reactivan ese ánimo combativo que hay en la izquierda para abrirse camino a esa ola de simpatía que, por encima de cualquier fuerza, los coloca como la más nutrida de México.
Se nota la mano de Ariadna Montiel. Ella, junto a Citlalli Hernández, ha hecho una buena mancuerna al recurrir al trabajo constante, pero sobre todo al diálogo con todos los frentes políticos que simpatizan con la Cuarta Transformación. Serán, en términos más simples, las arquitectas de los triunfos que se avecinan en la mayoría de las gubernaturas y distritos federales.


