“Yo era feliz contigo, vida mía

Tú eras principio y fin de mi alegría

Yo te creía fiel como la luna

Que acude a protegernos cada día.”

EMMANUEL

“We are problems that want to be solved

We are children that need to be loved

We were willing, we came when you called

But man, you fooled us, enough is enough, oh

What about us?

What about all the times you said you had the answers?”

PINK

Toda una vida se ha preparado Andrés Manuel López Obrador para enfrentar retos como este. Oportunidades disfrazadas, si se le quiere ver así. Esta, con un origen sumamente trágico, claro está.

Ocasiones para reafirmar a sus seguidores, y de probar a sus críticos, que él es un genio en el manejo político. Se va su sexenio en ello.

Y es que hay momentos que conjuntan todo; definiciones, certezas e incertidumbres. Así, el caso Ayotzinapa fue la certeza, la puntilla, que terminó por derrumbar al gobierno de Peña Nieto.

Ahora, la incertidumbre cimbra al actual gobierno. No se sabe si lo que ocultó, si las mentiras y si las pugnas internas por culpar a unos y exculpar a otros también terminarán por echar abajo a la 4T.

¿Exagero? No. En menos de una semana, y a partir de la filtración de la periodista Peniley Ramírez y de las diversas publicaciones en la revista Proceso, los integrantes del obradorismo han demostrado que, por lo pronto, se les acabó el guion de Ayotzinapa. Esta administración construyó otra verdad esta más endeble y cuestionada que la anterior. Con el agravante —ahora se sabe— de que encubrieron a diversos miembros del ejército y a otras autoridades.

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Vaya, que lo mismo que acusaron y denunciaron, lo han repetido y acrecentado bajo este régimen. La pregunta es: si a la 4T y al presidente se le acabó el guión, ¿a los seguidores se les acaba también el embelesamiento en torno al Movimiento?

Por lo pronto es clara la división entre los militares y el subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas. Subrayo que la bronca es con el subsecretario, porque Adán Augusto López, titular de la dependencia, tiene otro parecer. Uno más enfocado a no estar enfrentado con las Fuerzas Armadas y mejor seguir suponiendo que él será el elegido de Palacio para el 2024.

Las pugnas son tales que Omar Gómez Trejo, el fiscal especial para Ayotzinapa, ya renunció; que el GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) cuestiona la actuación del fiscal general Alejandro Gertz Manero, del Ejercito (por no entregar información) y hasta la prisa que se tuvo por apresar al ex procurador Murillo Karam; o que no pocos del régimen apuestan por la renuncia de Encinas (pero los pleitos son muchos más; si me sigo enlistándolos, tendría que incluir los posicionamientos de Claudia Sheinbaum al respecto, de Beatriz Gutiérrez Müller, y un largo etcétera).

¿La renuncia de Encinas sería suficiente para los militares? ¿Gertz Manero continuará cancelando órdenes de aprehensión contra diversos de sus miembros? No se olvide, ya suspendió unas 21, mientras que el presidente López Obrador hizo uno de sus ya conocidos malabares al decir que “solo” había cinco militares inculpados y no una veintena.

La presión para el gobierno ha llegado a tal grado que, ante el hackeo de expedientes del Ejército, dado a conocer apenas por Carlos Loret de Mola, muchos se preguntan si ello no estaría obedeciendo a una filtración de los mismos militares para atemperar los ánimos en la 4T, especialmente los del primer mandatario…

La división entre Sedena y parte del gobierno de la 4T es una certeza que se hace evidente a medida que transcurren los días.

López Obrador y su administración pasaron de defender su “nueva verdad histórica”, a abogar por ellos mismos, a enfrentar una división interna, a contener la furia de los militares y, posiblemente, a la merma en la confianza de la población.

¿Una crisis auto infligida que será manejada y desarticulada o que crecerá en filtraciones, enfrentamientos y señalamientos?

López Obrador fincó su campaña en combatir la corrupción y en aclarar Ayotzinapa, pero su gobierno lo llevó a guarecerse en el Ejército. Hoy sabemos que la corrupción solo ha crecido de manera exponencial y que las Fuerzas Armadas se han convertido en el verdadero poder detrás del poder.

¿Le explotará el dilema? Lo expuesto sobre Ayotzinapa no es creíble y la “protección” al Ejército —ya no se diga a los Abarca y otros asesinos puestos en libertad— comienza a no ser sostenible.

Ahora, el encubrimiento de lo que sucedió y la rabia de los familiares (antes azuzada por el mismo López Obrador), empiezan a apuntar hacia la 4T. Un auténtico bumerán político.

Pero como es costumbre en las certezas, en las definiciones y en las incertidumbres, las víctimas y sus familias son lo de menos. Poco o nada importan ya para conseguir votos, por consecuencia no se les toma en cuenta. Hoy, como ayer, los familiares de Ayotzinapa exigen certezas; la población mexicana—toda— también.

Si bien nunca se da un día para otro, sí hay puntos de quiebre. Estemos listos; es posible que Ayotzinapa tire a un segundo gobierno.