La alerta de máxima seguridad que en días pasado emitió el gobierno de los Estados Unidos de América para intentar persuadir a sus ciudadanos de evitar viajar a estados de la República Mexicana debido a la peligrosidad y altos índices de inseguridad, se debe leer con la muy clara dimensión y preocupación con que nuestro vecino del norte está observando no solo lo que ocurre de este lado de la frontera en el tema de violencia, sino la actuación del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quien contrario a actuar con mano dura contra la delincuencia y el crimen organizado, ha emitido mensajes que más bien tienden a defender a los malos, ganándose que de ambos lados del Río Bravo se generen acusaciones en el sentido de que el suyo es un “narco gobierno”, pero además, no se debe apartar de esa lectura, que en los últimos días el mismo AMLO se ha mostrado desafiante ante el gobierno de La Casa Blanca en asuntos como la reunión convocada por Joe Biden a participar en La Cumbre de Las Américas que el presidente mexicano condicionó, y luego desairó cuando no fue atendida su petición de que se convocara a tres países con gobiernos dictatoriales, como es el caso de Cuba, Venezuela, y Nicaragua. Así que no debemos descartar que el comunicado emitido por el Departamento de Estado sea ya un primer apretón y/o advertencia de nuestros vecinos del norte.

En dicho comunicado, el Departamento de Estado pidió a sus ciudadanos extremen precauciones para viajar a entidades con alerta: Aguascalientes, Baja California Sur, Chiapas, Hidalgo, Ciudad de México, Nuevo León, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz.

Les pide reconsideren si piensan viajar a 11 estados: Baja California, Chihuahua, Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Zacatecas, Morelos, Nayarit, Sonora y Zacatecas.

Y les recomienda que no viajen, que desistan de hacerlo, si piensan visitar Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas.

Estados Unidos pide a sus ciudadanos reconsiderar o no viajar a 30 estados de México

Es decir que, por cuestiones de seguridad, el gobierno de Estados Unidos les pide a sus ciudadanos reconsideren viajar o de plano no viajen a 30 estados de México, quedando únicamente Campeche y Yucatán como las entidades para viajar sin peligros.

No existe un parangón sobre una alerta de seguridad de esa magnitud, pero lo que a su vez hay que destacar es que el Gobierno de México no ha reaccionado a este respecto siendo que en otras ocasiones siempre había habido respuestas inmediatas rechazando las imputaciones.

Pero es hora que no se han pronunciado al respecto ni el presidente de la República ni la Secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, ni el secretario de Asuntos Exteriores, Marcelo Ebrard, (que anda más preocupado y ocupado en hacer proselitismo abiertamente ya manifestándose como precandidato, rompiendo todas las normas electorales y constitucionales al respecto, -y que por cierto este lunes informó que dio positivo a COVID-19-).

Ciertamente, no hay mucho que esperar en cuanto a una opinión en este sentido por parte de López Obrador, quien ha pronunciado desafortunadas declaraciones cada vez que aborda el tema y termina defendiendo y poniéndose del lado de los delincuentes.

Y es que, sigue costando trabajo aceptar su estrategia de “abrazos no balazos”; que pida que se respeten los derechos humanos de quienes secuestran, mutilan, ejecutan, asesinan, y desaparecen a sus víctimas; y que minimice asuntos tan graves como los retenes que cada vez proliferan más en territorio nacional, como el que retuvo días atrás a periodistas que cubren la fuente de presidencia, generando desconcierto y temor durante lo que fue la enésima visita al Triángulo Dorado -que hasta el nombre quería cambiar por el Triángulo del Bienestar- ubicado entre Sinaloa y Durango donde se encuentra la capital del Cártel de Sinaloa que encabeza técnicamente el hoy detenido en los Estados Unidos, Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, mientras que el presidente se limitó a decir que “no pasó nada”.

Resulta inadmisible pues la ligereza con la que el mandatario tabasqueño responde a situaciones tan delicadas y amenazantes para la población, como es el tema de los retenes que establecen los cárteles del narcotráfico y ahora ya también cárteles de todo tipo de delitos.

Lo peor es la toma de calles, instalaciones de servicios y mercados, de comunicaciones en poblados o ciudades importantes de gran trascendencia para el turismo y la vida cultural y económica de México.

En días pasados fuimos testigos de imágenes deplorables como las registradas mediante videos en San Cristóbal de las Casas en Chiapas, donde elementos fuertemente armados generaron caos y temor entre la población al circular libremente en las calles y emitir detonaciones, para luego conocer mediante la prensa que el presidente municipal pidió apoyo a las diferentes corporaciones policiales y el ejército y nadie acudió a ayudarle sino hasta cinco horas después.

La delincuencia toma carreteras en México

Es evidente la amplia penetración de la delincuencia, pareciera la más aberrante de la historia contemporánea porque es ahora sí abierto el control que tienen sobre localidades, carreteras, puertos, negocios, y hasta productos, porque con base en extorsiones y cobros de piso se han apoderado también de la producción de alimentos, sin contar la tala inmoderada de recursos naturales y forestales, el robo de agua propiedad de la nación, es decir, ya se tiene un gobierno paralelo que es más poderoso porque no solamente está tolerado sino que goza de la complicidad de las autoridades, y eso ya no es un secreto a voces, siendo que personajes como Porfirio Muñoz Ledo, Lilly Téllez y Francisco Labastida, han afirmado que México es conducido por un narcogobierno.

El colmo es lo que ocurre en muchas carreteras del país y de esto hay testimonios y lo hemos visto; caminos que llevan a Puerto Vallarta, Jalisco; zonas costeras de Michoacán; Colima; Sinaloa; Nayarit; y Zacatecas, por mencionar algunas, donde hay retenes de revisión oficiales a cargo de la Guardia Nacional, y posteriormente entre ese retén y uno próximo del ejército o La Marina, hay un retén de elementos paramilitares uniformados quizá hasta mejor que los elementos de seguridad de la nación con uniformes, pasamontañas, cascos, chalecos antibalas, armamento de alto calibre y de gran fuerza y que de forma cínica y totalmente tolerada retienen a los automovilistas en esos caminos y carreteras importantes para “cachear” a los ciudadanos, revisar vehículos, interrogar, intimidar, detener por tiempo indeterminado a las personas hasta conseguir su propósito de despojarles de dinero y pertenencias o simplemente cobrarles una cuota para permitirles seguir su camino. El colmo es que lo hacen frente a las policías y grupos de seguridad del país a los que incluso saludan cuando se encuentran, como si fuese parte ya de una actividad realizada en conjunto de forma coordinada concertada permitida.

También están los retenes de personas que se visten como bandoleros, delincuentes, eso sí, fuertemente armados y que cuando pasa algún convoy militar, de la Guardia Nacional o de La Marina, no solamente los agreden sino que los hacen huir como se ha visto ya en varios patéticos videos donde un comando de crimínales detiene a elementos del ejército y se escucha y se observa que prácticamente les perdonan la vida, dejándoles claro que si no los asesinan o los cuelgan del puente, es en razón de que el presidente municipal del lugar aboga por ellos y es su agente.

Hasta dónde hemos llegado que ya todo esto se tolera, prohijando que los maleantes hagan sus actividades delincuenciales y generando que cumplan esas tareas de extorsión, coacción, privación ilegal de la libertad del tránsito, mientras se pone en máximo riesgo a civiles que simplemente por alguna respuesta o algún detalle que no les parezca a estos salvajes puedan recibir una agresión grave que ponga en riesgo su integridad física y hasta su vida.

Y el otro tema final es que cuando no son los retenes paramilitares o de crimínales y son solamente retenes oficiales también hay extorsión, hay casos claros, comprobados, de que ya es necesario calcular en cada traslado por carretera, -además del costo de la gasolina y casetas-, la ‘aportación’ a la patrulla de la Guardia Nacional, una cuota que cobran en alrededor de 2 mil pesos.

No hay respuesta de México ante alerta de Estados Unidos

Es pues necesario no solo que se genere una explicación sino incluso una movilización social para que se exija acción, para que se deslinde responsabilidad de quienes lo han permitido empezando por el primer mandatario de la nación, para que termine esto que está generando graves problemas de inseguridad, de zozobra y terror, tanto para los ciudadanos mexicanos como una caída del turismo y de la economía en general.

Insisto, la alerta inédita lanzada por el vecino del norte es seria y es cierta, y no hay respuesta del gobierno de México simplemente porque no hay elementos para responder.

Salvador Cosío Gaona: Opinión.salcosga@hotmail.com

Twitter: @salvadorcosio1