Guanajuato es el cuarto estado más peligroso para ejercer el periodismo en el país, con un registro alarmante de 38 agresiones solo en lo que va del año y a la vez, es la entidad más violenta al encabezar las estadísticas de homicidio y feminicidio. Pero hay un matiz aún más riesgoso: ser mujer y periodista. Desde 2019 hasta finales de 2023, al menos 12 periodistas y madres buscadoras han sido desplazadas de sus hogares, la mayoría de ellas bajo amenazas directas.

En este cruento contexto, en San Miguel de Allende, el alcalde reelecto priísta Mauricio Trejo Pureco agredió verbalmente a la directora del periódico digital News San Miguel durante un discurso, en un momento plagado de acusaciones de fraude y una jornada electoral marcada por irregularidades.

Con una retórica incendiaria y lesbofóbica, Trejo Pureco incitó a la muchedumbre contra la comunicadora, desatando una ola de chiflidos y expresiones violentas en razón de género. El alcalde se quejó de que el medio de comunicación documentara las más de 150 violaciones graves durante la jornada electoral, que incluían la intervención de hombres armados sin uniforme intimidando a comunidades rurales y el uso de camionetas con falsas calcomanías de policía transportando bolsas negras presuntamente llenas de boletas electorales marcadas a favor de Morena.

En el portal News San Miguel se documentaron, desde antes del inicio de campañas políticas, el desvío de recursos para entrega de despensas y la compra anticipada del voto así como a candidatos, que aún en funciones, utilizaban vehículos y recursos del Estado, como templetes, sonido, sillas y tinacos, para hacer campaña.

Guanajuato es, a su vez, uno de los lugares con mayor homofobia y violencia lesbofóbica, un lugar que suele utilizar expresiones, como los dichos por Pureco, en contra de las mujeres que no cumplen con el estereotipo estético de la feminidad o que tienen preferencias diversas, acusaciones por las que los más ignorantes o violentos son capaces de agredir, asesinar o ejercer violencia sexual por “corrección”. De este nivel es la gravedad del momento que, para el funcionario, parecía épico entre la arrogancia y el aplauso de la muchedumbre.

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Es importante destacar que Mauricio Trejo Pureco no es un desconocido en el ámbito de las agresiones. Con un historial de violencia contra mujeres y abuso de poder, sus acciones representan una amenaza palpable no solo para los periodistas, sino para cualquier voz disidente en Guanajuato. Su reelección, lograda con una diferencia menor al 1%, es solo otro capítulo en una historia de corrupción y manipulación electoral que parece no tener fin.

Tal ha sido el miedo y los actos intimidantes, que pocos periódicos locales se atrevieron a cubrir las diversas denuncias de fraude a pesar de que fueron convocadas varias conferencias de prensa por parte de los denunciantes. Cabe recalcar que el michoacano, Mauricio Trejo Pureco, ha sido previamente acusado de agresiones violentas en contra de mujeres; violencia doméstica, así como de abuso de poder y actos en contra de periodistas, activistas y comentaristas. Así, con una diferencia porcentual menor al 1%, en la que, durante unos momentos del conteo, el candidato de Morena a la alcaldía encabezaba las preferencias, finalmente Trejo Pureco recibió la constancia con apenas 24,560 votos frente a los 23,710 del candidato de Morena, Osvaldo García Arteaga.

Lo más desconcertante es el contexto político en el que se da este triunfo. En una región tradicionalmente dominada por el PAN, el triunfo de candidatos de Morena en otras contiendas locales resalta las contradicciones y sospechas que rodean a esta elección. El priismo, aparentemente revitalizado, ha demostrado que su capacidad para orquestar triunfos cuestionables sigue intacta. Lo extraño es que, en el ombligo más panista del país, el triunfo por la diputación local fue en favor de Luis Ricardo Ferro, de Morena, así como por la candidata presidencial Claudia Sheinbaum, mientras que la tendencia por la gubernatura fue en favor del PAN con la candidata Libia Denisse, virtual gobernadora de Guanajuato. Todos los partidos anteriores, tanto Partido Acción Nacional en Guanajuato como Morena, antagónicos al extremo del priísmo que parece haber orquestado uno de los triunfos más sucios del 2024.

No se explica que el mismo votante con preferencia por Morena hacia Sheinbaum; el PAN hacia Libia Denisse y Ferro, sorpresivamente votara por el PRI en el municipio que dejó de ser tradicional y pacífico, para convertirse en un destino peligroso donde la nota, en realidad, son los adolescentes que pierden la vida en medio de balaceras, los constantes robos a casa habitación y la sequía de la “Presa Allende” por el otro cártel inmobiliario que ha extraído la poca agua que la plaga de lirios no consumió. El abandono a la seguridad y al medio ambiente contrastan con las jornadas de entrega de objetos diversos con los que se condicionó el voto.

Guanajuato se ha convertido en un escenario donde el ejercicio del periodismo se paga con miedo y desplazamiento. La violencia contra la prensa es un síntoma de una enfermedad más profunda: la corrupción sistémica y la impunidad. Los periodistas, especialmente las mujeres, se enfrentan a un entorno hostil y peligroso, donde su labor es vista como una amenaza por aquellos en el poder. Es imperativo que se tome acción para proteger a quienes arriesgan todo por la verdad, antes de que Guanajuato se convierta en un cementerio de voces silenciadas.

Los perpetradores de estas agresiones no son figuras anónimas; se trata de funcionarios gubernamentales, gobernantes electos y elementos del crimen organizado, quienes parecen operar con impunidad en una danza macabra de violencia y corrupción.

Urgente que el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas a nivel federal intervenga, así como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y las visitadurías de violaciones a Derechos Humanos. Lo que dice la gente que fue entrevistada para esta columna es que “la gente le tiene miedo” porque durante el periodo anterior al gobierno panista municipal, Trejo Pureco “los mandaba a callar”.