Destapes múltiples

Empiezo con una aclaración para evitar confusiones causadas por la primera parte del título de este artículo: a mí —Federico Arreola— el presidente de México no me ha destapado ni una sola vez.

El que presume que AMLO lo destapó ya en cinco ocasiones es Marcelo Luis Ebrard Casaubón, secretario de Relaciones Exteriores.

¿Destapado Ebrard? Es decir, mencionado por Andrés Manuel López Obrador —en las mañaneras, desde luego— como uno de los aspirantes a la candidatura presidencial de Morena para las eleciones de 2024.

Ignoro cuántas veces Andrés Manuel ha destapado a Claudia Sheinbaum Pardo y a Adán Augusto López Hernández; digamos que también han sido cinco.

Si sé que el de ayer, en Guadalajara, no es el primer acto de campaña o precampaña de Marcelo: en julio de 2021 el canciller había encabezado, en Toluca, una reunión de la misma naturaleza con más de 100 personas, entre quienes había senadores y senadoras, empresarios y gente de otros partidos, sobre todo del Verde.

El establishment juega

Creo que Marcelo tiene derecho a participar en todos los actos de campaña o precampaña que se le pegue la gana. Mismo derecho que tienen Claudia y Adán Augusto… Y Ricardo Anaya, Margarita Zavala, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña, etcétera.

Un momento: ¿por qué a Sheinbaum el INE la persigue solo por expresar que México está listo para una mujer en la presidencia y a Marcelo no lo molesta ni con el pétalo de la rosa por los eventos masivos que organiza para integrar equipos que le ayuden “a ganar esa encuesta”, la de Morena?

Entre quienes aspiran a la presidencia en Morena, no tengo ninguna duda acerca de que Marcelo Ebrard es el favorito del viejo establishment, que está un tanto marginado en la 4T, pero que todavía conserva un enorme poder.

Definamos establishment: “Conjunto de personas, instituciones y entidades influyentes en la sociedad o en un campo determinado, que procuran mantener y controlar el orden establecido”.

Ahora mismo lo que el establishment quiere es volver a lo de antes, vale decir, gozar de nuevo de los privilegios indebidos que ha perdido en el gobierno de AMLO.

En efecto, en Morena, Ebrard es el candidato de la clase empresarial, que desea regresar al paraíso de la devolución de impuestos; de los propietarios de grandes medios — y de intelectuales y columnistas— que perdieron mucho dinero debido a que la 4T redujo fuertemente el presupuesto para publicidad oficial, y de militantes del PRI y del PAN con importante peso político pero sin esperanza de que estos partidos derroten a Morena en 2024.

Lo anterior explica que el INE acose a la izquierdista de toda la vida por solo expresarse y deje en paz al expriista quien, cada vez que se le antoja, reúne a sus leales para organizar equipos proselitistas.

La palabra clave

Un hombre que conozco —en otro país, por cierto— contrató un sistema de alarma para su casa; un técnico la instaló y le enseñó a activarla y desactivarla.

El técnico le dijo a mi amigo que estableciera una palabra clave que pudiera recordar, ya que seguramente alguien le llamaría para preguntársela si la alarma se encendía por cualquier razón, particularmente por los muy frecuentes errores del propietario.

Mi amigo, aficionado a la música, seleccionó la palabra clave que estaba seguro por ningún motivo iba a olvidar: “sinfonía”.

Una semana después, mi amigo entró a su casa y olvidó desconectar la alarma, entonces esta se activó; muy ruidosamente, según me contó.

Él recibió de inmediato una llamada en su celular, misma que también le hicieron por un altavoz de la propia alarma: “Por favor, si ha sido un error de su parte, díganos la palabra clave”.

Mi amigo tenía esa palabra en la punta de la lengua, pero como suele ocurrir, se atarugó por tanto lío y no logró decirla.

Así las cosas, un rato más tarde llegó a su casa una patrulla de policía —el servicio de la alarma era eficiente— y mi amigo sufrió bastante para explicar que él sí era él, es decir, el dueño de la vivienda.

A las tantas recordó la palabra clave, pero era ya demasiado tarde para evitar la engorrosa situación.

AMLO y su palabra

Sin duda, Andrés Manuel ha destapado a una corcholata y a dos corcholatos: Claudia, Marcelo y Adán.

Pero cada vez que les ha destapado, el presidente de México ha dejado bien en claro que en la competencia sucesoria la palabra clave es prudencia; el tono de sus mensajes no deja lugar a dudas.

Marcelo Ebrard suele olvidar esa palabra fundamental. Lo de menos es si el INE lo sanciona o no —ojalá no se le persiga como a Claudia Sheinbaum—, pero creo que por legítimos y legales que sean sus actos de campaña o precampaña, y por supuesto lo son, el canciller no recordó ayer domingo en Guadalajara que se espera de él un comportamiento mucho más prudente.

¿Informó Ebrard a AMLO de su evento tapatío?

No estoy enterado de si Marcelo le dijo a Andrés Manuel —como una forma de pedir permiso— que en la capital de Jalisco iba a estar en una reunión para organizar un equipo de campaña; aunque eso no tengo modo de saberlo, pienso que Ebrard sí lo hizo.

Marcelo no se iba a lanzar tan fuerte sin haberlo al menos hablado con su jefe; el canciller es un hombre inteligente y conoce los riesgos de hacer enojar con su comportamiento a un dirigente tan enérgico como AMLO.

Especulo que Marcelo le comentó a Andrés Manuel algo así de breve: “He pensado en estar en un evento en Guadalajara para buscar ganar la encuesta”.

Especulo que Andrés Manuel le respondió a Marcelo: “Tienes mucha experiencia, tú sabes lo que haces; yo no me meto”.

Es decir, si lo hablaron —y casi estoy seguro de que lo hablaron— lo que el presidente le expresó a su canciller fue: “Puedes hacer lo que quieras, pero eres un político experimentado, entonces entiendes que debes ser prudente”.

¿Se sale de control la sucesión en Morena?

Marcelo Ebrard no fue imprudente por haber organizado un equipo de campaña; eso se vale: más bien cayó en la imprudencia por haberlo hecho en público, como un acto de propaganda, que me parece ya ha tenido un fuerte impacto en la opinión pública.

Esto es, Marcelo, a diferencia de Claudia y Adán Augusto, ya no solo opina sobre sus aspiraciones cuando le preguntan, sino que ha empezado a trabajar en la organización de su comité de campaña, que en principio dirige la senadora Malú Mícher.

Falta saber quién va a financiar la estructura electoral con la que Ebrard espera ganar la encuesta de Morena, porque estas cosas nunca son gratuitas.

Claro está, el verdadero problema no está ni en la organización de un equipo ni en el financiamiento del mismo —eso se analizará después—.

El gran problema es que Marcelo está retando a Claudia y a Adán a que vayan más allá de las palabras y públicamente organicen sus propias estructuras.

Si Claudia y Adán lo hacen, caerán en la imprudencia y perjudicarán a AMLO y al proyecto de la 4T, ya que se saldrá completamente de control la sucesión presidencial.

Pero si Claudia y Adán no responden al reto planteado por Ebrard, llegarán al momento de la encuesta de Morena en gran desventaja.

Ebrard los pone en jaque

¿Puede Andrés Manuel contener el acelere de su secretario de Relaciones Exteriores para evitar conflictos al interior de Morena que pueden llegar a ser graves?

Ebrard ya arrancó y no se va a detener; por lo tanto, López Obrador ni siquiera va a intentar sugerirle amablemente que baje la velocidad.

AMLO solo tendría una manera de garantizar una competencia sin ventajas indebidas para nadie: permitir a Claudia y a Adán organizar grupos en todas partes, pero esto no puede ser bueno para la 4T, cuyos principales integrantes ya están suficientemente distraídos con las elecciones de 2024.

En resumidas cuentas, Ebrard ha puesto en jaque a la jefa de gobierno de la CDMX, al secretario de Gobernación e inclusive propio presidente del país.

Claro está, si hay alguien que sabe salir del jaque ese es Andrés Manuel López Obrador: lo ha hecho toda su vida, como en el desafuero, como en el fraude de 2006, como tantas veces.

Los libros de ajedrez aseguran que solo hay tres formas de salir del jaque:

1.- Mover el rey para que deje de estar amenazado.

2.- Bloquear el jaque mediante la colocación de una pieza entre el rey y la pieza del adversario que lo amenaza.

3.- Eliminar, esto es, echar del tablero a la pieza amenazante.

La primera opción no es opción: Andrés Manuel no se moverá; no está en su naturaleza huir, tampoco dejarse acorralar ni por Marcelo ni por nadie.

La segunda opción es posible, pero debe el presidente diseñarla rápidamente: ya debe AMLO estar pensando en alguien o algo que bloquee al amenazante Ebrard.

La tercera opción llegará solo si el canciller insiste —e insiste e insiste e insiste— en ignorar que en el juego sucesorio todo se vale, siempre y cuando nadie olvide la palabra clave: prudencia.