Columnas

En lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum, en el Metro de la CDMX, han muerto cuatro personas.

La vergüenza, cuando sale, ya no entra.
Dicho
“Aunque estés solo, no debes decir ni hacer nada malo. Aprende a avergonzarte más ante ti que ante los demás.”Demócrito

Todo indica que la falta de mantenimiento —esto es, algo totalmente prevenible— fue lo que provocó un incendio en los transformadores de una subestación del Metro. A eso se añade que hace unos momentos, se descarriló un tren de la Línea A del @MetroCDMX, lo cual no sorprendería tuviese el mismo origen.

Así, entre una y otra cosa, tenemos a la capital sin su principal servicio de transporte. 226 kilómetros de vías, 12 líneas, 3,213 vagones y 195 estaciones sirven para transportar diariamente a 4.5 millones de personas en la capital del país.

Un sistema con estas características y un uso constante, abierto al público 19 horas al día, requiere de inspección y mejora (inversión en su infraestructura) también constante, de lo contrario se presta a que sucedan accidentes como el del sábado pasado y al de hace unos momentos.

Por la desidia de la directora del Metro de la CDMX ocurrió el incendio referido en la subestación eléctrica Buen Tono y se tuvo que suspender el funcionamiento de 6 de sus líneas. Además, murió un agente femenino de la policia de servicio.

Por el momento, no hay otro responsable más que ella por cuanto al descarrilamiento. ¿Hay heridos?

Durante 10 meses no se llenó la plaza de subdirector del área de mantenimiento del metro y la hoy directora se autoproclamó como quien llevaba tan importante responsabilidad hasta dos días antes del accidente. De manera cínica, una vez acaecida la tragedia se desdijo y señaló que ella ‘solo era la directora del sistema de transporte público’.

Sería bueno recordarle a la doctora Serranía que, como directora general del Metro, ella es responsable de que el sistema se mantenga en óptimas condiciones para poder transportar de manera diaria a tal ingente cantidad de personas. Podrá hoy decir que no había encargado o que no se tuvieron los recursos que antes recibía el sistema de transporte, pero lo cierto es que en su momento ella no hizo ni dijo nada para remediar tal situación, así que es culpable por omisión de lo que ha ocurrido y lo que pudiera sumarse.

Serranía ya había ocupado antes la dirección del Metro (2004-2006) y había logrado, entre otras cosas, incrementar los ingresos del sistema al introducir las tarjetas inteligentes. ¿Por qué ahora, que por el covid era particularmente urgente inyectar una mayor cantidad de los mismos para garantizar la seguridad de los usuarios, no se opuso con insistencia al recorte de recursos; esto es, no mantener los seis mil millones que el 2020 no le fueron asignados?

En alguna entrevista (UNAM 2011), Florencia Serranía menciona que es amiga y admiradora de Claudia Sheinbaum. Y hoy se escuda en esa amistad para no hacerse responsable.

Olvida que, el ser contratado como director o jefe de algún área, significa también que será quien busque solucionar problemas y no crearlos o, peor aún, culpar a otros de lo que debería ser su responsabilidad al detentar un puesto y gozar de un salario.

En lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum y bajo la égida de Serranía, en el Metro de la Ciudad de México han muerto cuatro personas. Ello refleja ya un problema.

La seguridad de los ciudadanos no puede estar sujeta a los recortes presupuestales; eso simple y sencillamente no es ahorro. Es, en cambio, una promesa directa de que habrá accidentes y de que la ciudadanía será la primera víctima que cobre una gestión.

Las preguntas se acumulan, ¿por qué no se le dio mantenimiento al Metro? Ya volvió a ocurrir hoy, ¿ocurrir de forma cotidiana? ¿Por qué se permitió esa disminución en el presupuesto y la directora no señaló los peligros derivados por ello? ¿Y por qué no tiene la vergüenza necesaria para renunciar por el trabajo no hecho?

No se da cuenta el daño que le hace a Sheinbaum; y Claudia, por su parte, tampoco entiende que cuando alguien no cumple con los requisitos mínimos en el puesto -como sucedió ahora con la Dra. Serranía- debe ser despedido. Ella debe decidir quien está primero: los pasajeros (un 25% de la población de la Capital) o quien se ufana de ser su amiga.

Estos accidentes ponen muchas cosas en perspectiva. Y, lo peor, ya se anunció que va para largo el remedio. Ojalá la jefa de gobierno así lo entienda y actúe en consecuencia.