Columnas

La política en tacones

En México, al igual que en otras partes del mundo donde se dice que impera la democracia, los valores más importantes de esta se desdibujan cuando se trata el tema de género.

 

¿Por qué, a pesar de la pandemia, las mujeres están dispuestas a realizar marchas, plantones y otros actos de protesta este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer? Por una razón sencilla, esa eliminación no sólo no ha llegado sino que está muy lejana.

 

De hecho, la pandemia sacó a flote la verdad aterradora de que la violencia contra las mujeres es mayor de lo que se pensaba. Aumentaron los llamados por violencia familiar, hicieron falta espacios en los refugios, porque resulta que los “señores” no pueden lidiar todo el día con la presencia de sus propios hijos o les parece un castigo permanecer encerrado con la mujer con quien decidieron casarse o vivir, cuando el verdadero castigo ha sido para las mujeres soportar por tiempo prolongado, como nunca antes había ocurrido, a un agresor. Estar a expensas de que el nivel de agresión dependa del “humor” del “jefe de familia”.

 

Para el 25 de noviembre circularon en las redes sociales, para diferentes ciudades, puntos de reunión, rutas, lemas y, sobre todo, las acciones de protección. Después de lo ocurrido en Cancún, donde la policía dispersó la manifestación de mujeres que se llevaba a cabo frente al ayuntamiento por la muerte de la joven Alexis, víctima de feminicidio cuyo cuerpo fue desmembrado y tirado en bolsas, es lógico que se compartan consejos para prevenir o actuar en caso de que haya represión policiaca: la propuesta de ir en grupos, no dejar ver ningún rasgo de identificación y otros.

 

Podemos ver el enojo y el miedo, pero el enojo es mayor que el temor, por eso de nuevo vamos las mujeres a las calles. Afirma la filósofa Martha Nussbaum que el enojo y el temor son muestra de la vulnerabilidad humana, que la ira es veneno para las políticas del mundo y un Estado de Derecho no puede sustentarse en la rabia. Invoca a Aristóteles, quien dijo que el enojo es la respuesta a un daño significativo, es doloroso pero contiene la esperanza de ser retribuido por el daño recibido.

 

Esa retribución, en el caso de la violencia hacia las mujeres, no es una venganza o escarmiento contra los agresores. Mostrar la ira tiene la esperanza de que se haga justicia en los casos pendientes, que en adelante las agresiones disminuyan y, en un mundo ideal, desaparezcan, o que el agresor sepa que la justicia actuará en su contra si se deja llevar por su rabia.

 

Y es cierto, el miedo y la ira son una amenaza para la democracia, por eso se le pide al Estado que actúe antes de que sea tarde. La crueldad de las muertes contra las mujeres va en aumento. ¿Acaso se espera un caso terrible, tan siniestro que ponga en movimiento a hombres y mujeres? Porque hasta ahora han sido mujeres luchando por sus derechos, pero si se llega a ese punto saldrán a la calle padres, hermanos, tíos, primos, amigos y todos aquellos que sientan lesionados sus propios derechos en los asesinatos cada vez más despiadados, que pueden ser perpetrados en contra de sus esposas, hijas, hermanas, madres, tías, primas o amigas.

Una democracia no puede presumir de ser tal si no hay libertad. Libertad de tránsito, libertad de expresión, no lo es si se acallan a balazos las manifestaciones. Sobre todo, si la mitad de la población no goza de la libertad de decidir sobre su propio cuerpo. Un grupo colegiado, donde si bien nos va, la mitad son hombres, le dicta a la mitad de la población qué hacer con su cuerpo y con su libertad de elegir o no la maternidad. Le impone la carga económica y de responsabilidad que debería ser para dos. ¿Por qué no hay ninguna sanción para los procreadores? Esta desigualdad básica ¿cómo puede dejar de generar enojo?

No hay democracia si no hay tolerancia, no hay respeto y no hay justicia. ¿Qué tipo de democracia puede justificar esta situación para la mitad de su ciudadanía?

Martin Luther King afirmó en su famosísimo discurso “Tengo un sueño” que “Estados Unidos les ha dado a los negros un cheque sin fondos” haciendo referencia a los enunciados Constitucionales de igualdad y justicia que no se respetaban. Las mujeres hemos recibido el mismo cheque y al igual que lo esperaba Luther King, esperamos grandes depósitos que nos permitan cobrar la igualdad, la justicia, la libertad y el respeto que nos deben desde hace cientos de años.

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