Columnas

Otro mes de abril sin Escuelas

Escuela vacíaGabriela Pérez / Cuartoscuro

“Leer con soltura, comprender en profundidad, aprender a razonar y escribir con solvencia”

La escuela como teclado del celular

Abril, mes de las niñas y de los niños. Esta vez es y será “extraordinario”, como el año pasado. Otro abril sin escuelas. Ahora las y los estudiantes, en México, no alcanzan a distinguir entre cuándo son vacaciones y cuando son días de clases.

La escuela es a distancia, hoy, con todo lo que ello significa. A distancia sin conectividad. A distancia sin ver a las y los amigos. A distancia sin convivir con las maestras y los maestros. A distancia de los juegos en el patio y los recreos.

Nuestros más de 30 millones de estudiantes, de todos los niveles y modalidades educativos, están cerca (poco) de los libros (digitales o no), pero lejos de la conversación con los y las amigas del salón. Si bien les va, están al alcance de un texto mediante un “clic”.

Sabemos que los libros nos informan, pero sólo al poner la información en movimiento ésta se convierte en conocimiento. Ello se logra, casi siempre, cuando dialogamos sobre los textos incluidos en ellos, cuando problematizamos, cuando preguntamos, cuando ejercemos la crítica (como juicio profundo y argumentado); sólo así se genera el conocimiento.

La escuela hoy, está reducida, simplificada, como pantalla de televisión. La escuela como teclado del celular, que no siempre está en uso porque se desconecta o no da señal. La escuela suspendida a las tecnologías electrónicas, pero que no funciona por falta de “datos”. La escuela de la vigilancia y el control a través de las “video llamadas” (que “prendan la pantalla”, exigen algunos directivos escolares a docentes y estudiantes). Vivimos, así, una larga temporada en la que el salón de clases está limitado a una “recarga”. ¿Cómo podemos acceder o generar el pensamiento crítico junto con nuestras nuevas generaciones, sobre todo a través de la reflexión y el cuestionamiento, en estas condiciones?

II

La escuela a distancia con escasas posibilidades de conectividad. INEGI encontró recientemente (1) que 67.5% de los estudiantes usa teléfono inteligente para continuar sus clases; 18.2% computadora portátil (laptop); 7.2% computadora de escritorio o PC; 5.3% TV digital y 3.6% tablet. Datos que, en gran medida, dan cuenta de la inequidad y la precariedad en el acceso al equipamiento y la conectividad utilizados cotidianamente por la población estudiantil en México. Esto dicho más allá de los problemas de acceso a una cultura informática (rezago digital).

Con respecto al uso de dichos equipos por nivel de escolaridad, cabe destacar que el 72% de estudiantes de Primaria y el 71% de estudiantes de Secundaria, utilizan el teléfono inteligente para conectarse a clases o a asesorías mediadas por las nuevas tecnologías.

III

Ahí están los niños y las niñas, las y los jóvenes encerrados, pero “de vacaciones”. Observan que abril trascurre con conmemoraciones de Semana Santa televisadas. Que la semana de pascua no nos pertenece, como tradición singular, representativa, porque no es propia de las fechas de celebraciones de las mexicanas y los mexicanos.

Otro mes de abril sin fiestas del día del niño y la niña, que sí nos pertenecen, como tradición; que sí son representativas, porque son fiestas propias de las comunidades educativas y de las familias.

Como seguramente todas y todos lo recordarán, ese día, el 30 de abril en la escuela, era de fiesta. Día en el que no había que llevar el uniforme puesto. En algunas escuelas Primarias había una kermese, un festival especial, único, así como regalos, para las y los estudiantes, elaborados por las maestras y los maestros con apoyo de las familias.

IV

Como lo cantaría Joaquín Sabina:

¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón.
Donde guardo el corazón

V

Dicen que probablemente en Campeche se reanudarán las clases presenciales en todos los niveles educativos, porque allá las y los docentes ya fueron vacunados. Y porque los índices de transmisión del coronavirus, que causa la Covid-19, son bajos. ¿Las escuelas estarán listas para seguir protocolos de seguridad e higiene como para no convertirse en centros de transmisión del virus? ¿Cómo y cuándo se podrán asegurar las condiciones adecuadas para regresar a clases presenciales?

El resto del país seguirá sin clases presenciales. Habrá que esperar a que aparezca el color verde en el semáforo epidemiológico. Y que las y los docentes sean vacunados. Una mala noticia para la nación. Para nuestras niñas y nuestros niños, así como para las y los jóvenes, porque se quedarán con oportunidades limitadas para crecer de manera integral, es decir, en actividades físicas, de socialización e intelectuales.

La escuela presencial, que proporciona todas estas posibilidades, cumple con sus intenciones educativas a través de vínculos personales, psicoafectivos, fraternos, solidarios, de diálogos directos o no mediados, de complicidad, sin los cuales es posible avanzar. Difícilmente estas oportunidades de crecimiento humano pueden conseguirse al estar sólo frente a una pantalla.

Ciertamente, la escuela es más que edificios, muros, puertas, ventanas, mesa- bancos y pizarrones. Es espacio y tiempo para convivir y aprender. Es oportunidad de dialogar con el otro, con los otros y las otras. La escuela es, por definición, espacio para la socialización. Es tradición, pero también es espacio de resistencia. La escuela es, en pocas palabras, construcción de comunidad. Y gracias a esa convivencia, acompañados y guiados de planes y programas, libros de texto, apuntes en cuadernos, y un largo etcétera, generamos las experiencias significativas (como leer y escribir), que permiten el desarrollo de los sujetos y sus personalidades en contextos comunitarios.

Xabier Garagorri en su artículo “Currículo basado en competencias: aproximación al estado de la cuestión” (2) señala lo siguiente: “Hay una serie de conocimientos, de experiencias y de actitudes que hacen que seamos quienes somos, que son importantes para nuestra vida y que no desembocan forzosamente en competencias para resolver problemas, sino que sirven para comprendernos a nosotros mismos, a la sociedad o a la naturaleza. Conocimientos relacionados con la filosofía, la psicología, la antropología, la historia, la física, etc."

Nuestro colega español Javier (@PsicEduM) lo dijo, hace unos días, de manera más sencilla y entendible, en redes sociales digitales: “Leer con soltura, comprender en profundidad, aprender a razonar y escribir con solvencia. No son necesarias 200 competencias curriculares para lograr que todos tengan una formación sólida.”

¿Requerimos acaso de una alta complejidad y de excesos burocráticos en la escuela pública para alcanzar esos propósitos o intencionalidades educativas?

Mientras tanto, nuestras niñas y niños pasarán otro mes de abril sin escuelas, como sucedió, lamentablemente, hace un año. ¿Resistiremos y superaremos esta pérdida por un año más?

Fuente consultada:

(1) https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/ecovided/2020/doc/ecovid_ed_2020_presentacion_resultados.pdf

(2) Ver: Xabier Garagorri (s/f) “Currículo basado en competencias: aproximación al estado de la cuestión”. Revista Innovación Educativa, No. 161.

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