Columnas

Un ataque sistemático que no es casualidad se impone como nueva forma de censura.

“La censura es la menor de dos hermanas despreciables: la otra se llama Inquisición. ”
JOHANN NESTROY

@GlodeJo07, recibió cerca de 72 horas continuas de persecución en Twitter.

En política, disentir es válido y normal. Cualquier debate nutre la democracia mientras que se logre centrar en argumentos y no en agresiones. Sin embargo, es cierto también que una estrategia de comunicación para contener la crisis consiste en ignorar el mensaje pero desacreditar al emisor, con el objetivo de minar su credibilidad y con ello, eliminar la amenaza.

La nueva forma de censura blanda está centrada en la persecución violenta digital en redes sociales y genera daños tanto para la persona atacada, como para el debate en sí mismo. El debate se contamina e impide centrar la razón en las críticas que se emiten. Obviamente, nada le conviene más a la persona criticada que la conversación se centre en banalidades y no en sus faltas.

Gloria L, la tuitera mejor conocida como @GlodeJo07, recibió cerca de 72 horas continuas de persecución en Twitter. Independientemente en coincidir o disentir, el caso GlodeJo se repite constantemente contra periodistas o usuarios críticos. Igual contra Gloria que contra Julio Astillero. Igual contra Viridiana Ríos que contra Tumbaburros. ¿Quién orquesta las granjas de odiados profesionales que han invadido las redes sociales y se despliegan masivamente contra quien osa criticar a cualquier candidato, funcionario o asunto de la 4T? ¿Son pagados con dinero público o quién financia cuentas 24/7 que van emitiendo propaganda o campañas negativas contra quien amenace al Gobierno?

Sería una ingenuidad pensar en que los ataques masivos que han logrado colocar tendencias como #LadyPapiloma no son orquestados. Tan es así, que algún equipo obsesionado por encontrar el mínimo detalle o debilidad ha rebelado nimiedades como el nombre del padre de Gloria (al que por cierto, se le recordó que es un desobligado) o una captura de pantalla en video secuencial en cámara lenta de donde han sugerido que Gloria tiene papiloma en la garganta… como si una enfermedad venérea pudiera eliminar de tajo la serie de críticas que la supuesta portadora emite.

Tradicionalmente, entendemos la censura como una forma de control ejercida por las autoridades cuya tarea es examinar -en su caso, impedir o castigar- columnas, portadas, notas, obras artísticas o el contenido de las transmisiones que puedan contrariar sus valores o intereses. Pero es urgente hablar de la otra censura, de la blanda y difusa. Esa que no tiene autor y que no se presenta en forma de medida por parte de alguna autoridad pública o penal. La que no llega en forma de multa ni sanción administrativa. La censura que pretende colocar en el blanco de los ataques al emisor crítico para dejarle clara la lección: incomodar sale tan caro que te vamos a intimidar hasta que no soportes los ataques.

Las intenciones de la censura blanda es minar la estabilidad emocional de quién recibe las críticas orillándole a limitarse, auto censurarse, tener miedo, dejar de criticar… pero también es un castigo ejemplar para los que comienzan a disentir. Emitir críticas negativas es suficiente para recibir olas de mensajes durísimos, humillantes y violentos. La escritora Alma Delia Murillo lo vivió cuando escribió en contra de Félix Salgado Macedonio en Reforma. Fue tan dura la persecución y tan violenta, que después dedicó un espacio en su página personal para hablar de los habladores aparentemente anónimos.

Mario Vargas Llosa decía que todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Aseguraba que puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación… y el asunto es que los medios siguen siendo críticos, tanto, que la teoría del presidente cada vez se acepta más entre el pueblo: los medios critican tanto porque ya no les dan chayote, dicen. Pero la censura blanda digital es todavía peor pues puede mapearse, puede medirse pero no puede identificarse ni castigarse. ¿Qué se castigaría? ¿La libertad de expresión opuesta?

La realidad es que la censura digital también tiene huella de género. A Julio Astillero le llamaron “vendido” por cachar a Clara Luz Flores en la mentira después del ataque orquestado por Adrián de la Garza en el que exhibió un video del encuentro con Keith Raniere. Pero a Gloria y Alma Delia así como a otras mujeres periodistas, tuiteras o analistas las atacan en términos sexuales… al grado de sugerir que Javier Lozano tendría “papiloma” por una foto en la que aparece con Gloria o al nivel de encontrar tuits con amenazas de violación, mutilación, ofensa y vilipendio en su contra.

No siempre coincido con Gloria. En ocasiones, creo que utiliza hechos ciertos presentadas de forma generalizada. Otras tantas, identifico manipulación de la realidad pero aún así, me solidarizo con ella. Nadie tendría que vivir ese nivel de violencia digital tan sólo por atreverse a opinar.

Aquellas cuentas diariamente suministran odio y es hora de reconocerlo: las conversaciones digitales son artificiales. Twitter no es México y atacar críticos no elimina la verdad. Elevemos el nivel. y pongámosle nombre a la cabeza de esas granjas.