August 24, 2019 10:14


No sólo AMLO es conservador. ´Ipecos´ regios también lo son

AMLO
Tanto está viendo López Obrador hacia el pasado, que al tratar de emular a Juárez, le está copiando lo maloInternet

Leo y escucho a AMLO referirse a Benito Juárez y me acuerdo de Pancho Bulnes, el historiador que se enfrentó por primera vez al mito y que fue descalificado por el Benemérito y su horda de seguidores, porque era hijo de padres españoles, no por lo que pensaba, decía y escribía, sino porque era un gachupín. 

Pero eso es cosa del pasado, es cosa de un mundo que ya no está, como ya no está desde hace 147 años -cumplidos justamente hoy- el prócer reformista oaxaqueño.

Porque lo que tenemos ahora es a un presidente que más que irse contra de las ideas de alguien que disiente de él, se va contra el disidente ideológico. Ah, caray, con razón López Obrador admira tanto a Juárez. En eso sí que se parecen.

Les platico la continuación de lo que publiqué ayer sobre el hecho de que el presidente López Obrador es un conservador porque piensa y actúa más en el pasado que en el presente y el futuro.

Con esto, hace honor a los izquierdistas mexicanos que se quedaron mudos cuando fueron aplastados -unos- y absorbidos, la mayoría- por el hegemónico partido que era el PRI en los años de Calles, Obregón y Cárdenas.

Ahora sí, como dijo Jack El Destripador, vámonos por partes.

La 4aT se ha inventado un mito de Juárez. Su efigie está en los espectaculares que anuncian por todas partes al gobierno republicano. Está incluso en la mampara del Salón de Tesorería del Palacio Nacional donde se dan las mañaneras. Este solo hecho es una muestra más de la ruta al pasado del actual gobierno.

Si tanto alude el presidente al Benemérito, a lo mejor es porque se identifica con él en eso de descalificar a todo aquél -dentro y fuera de su gobierno- que disiente o le revira en sus ideas.

El más vivo ejemplo de esto que hacía como un deporte nacional el creador de las Leyes de Reforma, es Pancho Bulnes, quien fue hostigado incansablemente por el régimen de Juárez en todos los períodos que estuvo como presidente, 1858-1861,1861-1865, 1865-1867, 1867-1872. Hasta poco antes de su muerte se quiso asegurar de que Bulnes fuera un exiliado en su propio País

Y para no hacer la historia muy larga, cito en seguida las obras de Bulnes que le valieron el escarnio presidencial:

“El verdadero Juárez y la verdad sobre la intervención y el imperio”, (1904).

“Las grandes mentiras de nuestra historia: la Nación y el Ejército en las guerras extranjeras”, (1904).

“Juárez y las revoluciones de Ayutla y de Reforma”, (1906).

También le alcanzó para tupirle a don Porfirio en su libro “El verdadero Díaz y la Revolución”, (1920) y ya ido a su parisino exilio dorado, lo despidió en 1926 con su célebre “Los problemas de México”, en una especie de augurio de lo que le esperaba a este País con la transformación del caudillismo en el institucionalismo, por obra y gracia del antecedente más primario del PRI.

Entre líneas leyendo dichos libros se alcanza a ver un error cometido por Juárez, que está siendo repetido por López Obrador y del que a lo mejor ni cuenta se ha dado.

Juárez convirtió casi en religión su enfoque y prioridad hacia los pobres. Bulnes le dijo en su propia cara que estaba haciendo más desgraciados a los desgraciados al darles de comer, en lugar de enseñarlos a trabajar.

Bulnes le dijo un día a Juárez, en una de las audiencias públicas que le gustaba hacer en plena calle, que estaba haciendo inútiles a los mexicanos, al resolverles sus problemas a los que el oaxaqueño llamaba “los más necesitados de la acción del gobierno”.

“Lo que el pueblo necesita son tres cosas: educación, educación y educación”, escribió un día Bulnes en los periódicos de la época que publicaban sus artículos.

Los nacientes capitalistas de finales de siglo en México -muchos de ellos de origen español, francés y norteamericano- se acercaban a Juárez a pedirle como limosneros, que les quitara obligaciones impositivas quesque para apuntalar sus textileras y fábricas de otros giros y con ello, aumentar la ocupación de mano de obra.

Juárez cometió el error de hacerlo y muy tarde se dio cuenta de que esos conatos de empresarios le salieron más ladinos que los paisanos suyos de los altos de Oaxaca.

Tanto está viendo López Obrador hacia el pasado, que al tratar de emular a Juárez, le está copiando lo malo, porque ahí están los programas asistenciales, populares y sociales para entregarles -y en un descuido hasta en efectivo- el dinero recaudado en una subasta de bienes mal habidos, a los campesinos de Oaxaca para que con sus propias manos y “tecnología” se pongan a construir los caminos que comuniquen sus comunidades.

Y hablando de empresarios, ¿qué fue esa reunión del ahora llamado “Grupo de los 40 de Monterrey”, que antes eran nomás 10 y eran puros generales de división, no como los capitanes, sargentos, cabos peones y soldados rasos que ahora se apersonaron en Palacio Nacional para pedirle al presidente que su gobierno les suelte a los pymes una buena tajada del presupuesto federal para jalar en obra pública?

El colmilludo de Andrés Manuel les dijo que sí, que no se preocupen, que cuenten con que de aquí en adelante su gobierno les va a comprar y contratar a los pymes para darles el 35% del presupuesto anual, siendo que tal cosa está ocurriendo en todo México desde hace 10 años.

Los ipecos regios que estuvieron ahí, salieron bien contentos y en la banqueta del Zócalo así lo expresaron.

Ese jueguito perverso de hacer como que todo está puesto para que el gobierno apoye a la I.P. y ésta al gobierno, es la causa de que el desarrollo de México no arranque. No hacen su jale ni los unos ni los otros, salvo muy honrosas y escasas excepciones.

Desde la muerte de don Eugenio Garza Sada -un general de división de a de veras- los empresarios regios decidieron cada quien rascarse con sus propias uñas. Se olvidaron de hacer un frente común que sirva de contrapeso a la hegemonía, primero del PRI, luego del PAN y ahora -encima absolutista- de Morena.

Cada quien ve por sus intereses, los de las empresas grandotas y camarotas, y así, los empresarios del siglo XXI hacen lo mismo que los de finales del siglo XIX que se apersonaron ante Juárez para pedir casi lo mismo que éstos.

CAJÓN DE SASTRE

“Entonces, no nomás AMLO ve al pasado y son conservadores. Los empresarios regios están igual… o peor”, dice la irreverente de mi Gaby.

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PLÁCIDO GARZA. Nominado a los Premios 2019 “Maria Moors Cabot” de la Universidad de Columbia de NY; “Sociedad Interamericana de Prensa” y “Nacional de Periodismo”. Forma parte de los Consejos de Administración de varias corporaciones. Exporta información a empresas y gobiernos de varios países. Escribe para prensa y TV. Maestro de distinguidos comunicadores en el ITESM, la U-ERRE y universidades extranjeras. Como montañista ha conquistado las cumbres más altas de América.

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