El pasado sábado el presidente de El Salvador, Nayib Bukele ordenó la expulsión de los diplomáticos chavistas del país centroamericano. La medida fue anunciada a través de un comunicado y les dio un plazo de 48 horas para salir de territorio salvadoreño. La principal razón de esto fue la nula legitimidad que tiene el gobierno de Nicolás Maduro y la falta de democracia que existe en Venezuela. Esto no es algo nuevo, desde su toma de posesión Bukele, no invitó a los presidentes de Honduras, Nicaragua, junto con mandatario de Venezuela por las mismas razones.

En su comunicado que anunciaba la expulsión de los diplomáticos, también se refería a la sistemática violación de derechos humanos contra los venezolanos, a raíz del informe de la alta comisionada de Naciones Unidas, quien recogió numerosos abusos cometidos por las autoridades en Venezuela. Esto trajo una disputa entre ambos mandatarios. Maduro contestó que era un pelele del imperialismo y que la historia también lo juzgará, y en reciprocidad también expulsó a los diplomáticos salvadoreños en Venezuela —aunque desconocía que su gobierno no había nombrado ningún funcionario en la embajada en Venezuela, por lo que había expulsado a los que había nombrado el expresidente Sánchez Cerén—.

Este suceso pasó desapercibido en nuestro país, por todos los sucesos que vienen ocurriendo, especialmente con el tema de la seguridad, pero vale la pena retomarlo, porque estamos hablando de un presidente diferente, con una nueva forma de hacer política y que poco a poco se está convirtiendo en un referente para Centroamérica. El presidente Maduro carece de autoridad moral para hacer alguna crítica de otro país, y menos del presidente salvadoreño, que fue electo democráticamente por una mayoría abrumadora (ganó las elecciones con un 53% de los votos, rompiendo la tradición bipartidista en su país), y que hoy es el presidente con la mayor aprobación del mundo de acuerdo con Mitofsky el mandatario centroamericano goza del 80% de aprobación.

La aprobación de Bukele viene ligada de las medidas que ha impulsado en su país, especialmente para reducir la inseguridad. Su estrategia se basa en el Plan de Control Territorial, que busca reforzar la presencia del ejército y de la policía en zonas controladas por las pandillas, focalizando la atención en 12 de los 262 municipios del país. La estrategia consiste en 3 puntos principales. Atacar las finanzas de las pandillas, cortar la comunicación en las cárceles y recuperar los centros de las ciudades. Las medidas han dado resultados, durante los primeros 81 días de su mandato, se redujo el promedio diario de homicidios pasando de 8.8 a 5.7. Aún es poco tiempo para dar por sentado el éxito de su plan y habrá que esperar más tiempo para analizar a fondo sus resultados, pero por lo pronto, es un logro que la administración de Nayib Bukele haya logrado que la alerta que no viajar al país haya sido removida por el gobierno de los Estados Unidos.

Las medidas impulsadas están haciendo eco en la región. El recién electo mandatario de Guatemala, Alejandro Giammattei, anunció que cuando tome posesión en el cargo también romperá cualquier relación con el gobierno de Venezuela, además que planea replicar la estrategia de seguridad adaptándola a su propio entorno, esperando conseguir resultados similares. Esto nos obliga a voltear a las naciones que han hecho cosas diferentes y que han obtenido buenos resultados, especialmente en el marco de inseguridad que actualmente está viviendo el país. La focalización de estrategias, el combate a las finanzas de los grupos criminales, aunado a lo que ya se está haciendo, combatiendo la corrupción y atacando las causas que generan la violencia, pueden mejorar los resultados. Por el bien del país, todas las medidas que tengan como objetivo la pacificación, son necesarias.

* Arturo Ávila Anaya, presidente IBN/B Analitycs y experto en Seguridad Nacional por Harvard (NIS).

@ArturoAvila_mx