Cumple 80 años la película “La diligencia”, primer western sonoro del más grande director de cine norteamericano John Ford, que llevó al estrellato a John Wayne En la cabina de una diligencia bamboleante, cruzando el desierto de Monument Valley, nueve personajes tienen que aprender a tolerarse mutuamente. No les queda de otra: uno es tahúr, el otro banquero, el otro un puritano, la otra una prostituta y así. Afuera, los acechan los guerreros de Gerónimo dispuestos a cortarles la cabellera a todos, sin excepción.

Ayer que vi la película de Ford por enésima vez, me imaginé que en esa cabina vamos todos los mexicanos, apretujados y ansiosos. Entonces comencé a asociar personajes y supuse que el cochero, quien dirige a los seis caballos, se pasa el viaje mofándose y poniendo apodos al banquero que lleva como pasajero. Y adentro, el banquero se arregla con el tahúr para arrebatarle las riendas al cochero a la mala. Y el puritano dice que tantas broncas no son asunto suyo y prefiere voltear hacia otro lado. Y un pasajero de nombre Gilberto Lozano grita que el cochero es un tal por cuál, un desquiciado y qué nos lleva directo a un desfiladero.

Mientras, Gerónimo tiende una celada a la diligencia, Y espera el momento oportuno para asaltar a los viajeros de Monument Valley. La tolerancia, nos dice ese genio del cine llamado John Ford, no es empatizar con el otro; es llegar a acuerdos mínimos para sobrevivir y que la diligencia siga rodando y los caballos galopando. Ya llevamos dos años de viaje juntos, de trayecto compartido, y el cochero no ha dejado de insultar a los pasajeros que le caen gordos, ni algunos pasajeros han dejado de intrigar contra el propio cochero. Faltan otros cuatro años para llegar al destino, pero las cosas no hacen más que empeorar. Y si no aprendemos a tolerar al otro, a soportarnos mutuamente, a serenarnos, vamos a acabar todos atravesados por las flechas del enemigo común y con la diligencia volcada. No tendremos final feliz como la película de John Ford.

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