La principal bandera de AMLO desde el inicio de su carrera por la presidencia de México ha sido la del combate contra la corrupción. El presidente aseguró en 2018 que desde el primer día en Palacio Nacional esta problemática sería eliminada como se barren las escaleras: de arriba para abajo.

Ayer mismo AMLO reiteró, en medio de la polémica en torno a la insuficiencia de recursos del INE para organizar la consulta sobre revocación de mandato, que él -y solo él- tenía la autoridad moral para pedir (léase exigir en el lenguaje de AMLO) que la autoridad electoral redujese costos internos para sufragar el costoso, absurdo e innecesario referendo.

Si bien no existen al día de hoy pruebas o testimonios que levanten sospechas sobre la honestidad personal del presidente, sí que varios personajes cercanos al jefe Estado han dado muestras ostensibles sobre su dudosa integridad. Allí continúan despachando personajes como Manuel Bartlett, y ahora, Delfina Gómez.

Lo que quizá no ha comprendido el presidente AMLO es que la honestidad no es contagiosa. El presidente podrá aseverar que él mismo es honesto (probablemente lo sea) pero ello no significa que los valores que jura él abanderar serán practicados por el resto de sus colaboradores cercanos, o aun más, por la totalidad de los funcionarios de la administración pública.

¿Dónde ha quedado la auto adjudicada autoridad moral de AMLO cuando la titular de la Secretaría de Educación Pública obligó a los texcocanos a ceder el 10 por ciento de su salario hacia la formación de un partido? Estos actos representan, a todas luces, una clara violación de la ley electoral, un atentado contra la confianza de los mexicanos, y si se quiere, de la nación entera.

¿Dónde ha quedado la autoridad moral de AMLO tras conservar a Bartlett como director general de la CFE ante un intento de reforma eléctrica que otorgará mayores prerrogativas al presuntamente responsable de la caída del sistema de cómputo en 1988 y quien adquirió propiedades de lujo? ¿No habrá una investigación sobre la recepción de dinero por parte de los hermanos del presidente?

Para la mala fortuna de los mexicanos me temo que la autoridad moral de AMLO, con la cual busca violar la letra constitucional mediante reiteradas exigencias a una institución autónoma y bien valorada por los mexicanos (entiéndase, el INE) quedó en entredicho desde los primeros momentos de su gobierno, pues como he señalado, la honestidad, a diferencia del Covid, no es contagiosa.

José Miguel Calderón en Twitter: @JosMiguelCalde4