Póngase cualquiera en la situación de Rubén Rocha Moya, acusado por EEUU, país que ha pedido a México su aprehensión con propósitos de extradición. Cualquiera en tal situación —por fuerte y sereno que sea— estaría seriamente preocupado y podría entrar en una crisis emocional traumática que lo llevaría a realizar acciones insensatas.

Creo que eso explica la conducta tan equivocada —de plano, tan loca— del gobernador de Sinaloa: después de haber pedido licencia hace unos 100 días, volvió al cargo sin pactarlo con nadie en la 4T, para en pocas horas dejar de nuevo la gubernatura. Me parece más un tema psiquiátrico o psicológico. Muy comprensible, desde luego: una acusación estadounidense tan fuerte saca de balance a la persona emocionalmente más estable.

Desesperado por el temor de que, tarde o temprano, con o sin el cargo de gobernador, Estados Unidos lo aprehenda, Rocha cometió el error de retar a la nación más poderosa del mundo declarando que se le investigó en México, que se le encontró inocente y que, por lo tanto, volvía a su oficina en el Palacio de Gobierno de Sinaloa.

Pero lo cierto era que en México, la FGR no había terminado de investigarlo, y por lo tanto no estaba absolutamente libre de pecado. Lo que hizo, volver al cargo, era algo no solo absolutamente imprudente, sino también un problema para la izquierda mexicana, para su partido, Morena, y también para Palacio Nacional.

Rápidamente el sistema político morenista —el partido, gobernadores y gobernadoras, la Secretaría de Gobernación y la propia presidenta Claudia Sheinbaum— se encargaron de hacerle saber que así no.

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¿Cuál es el remedio para una crisis emocional durísima? En la psicología y la psiquiatría actuales, el tratamiento para el colapso psicológico —en el que evidentemente cayó Rocha Moya— combina la psicofarmacología de contención rápida (ansiolíticos, antipsicóticos) con el reencuadre cognitivo estructurado (identificar, para modificar de forma ordenada los pensamientos distorsionados, dándoles un significado más realista), cuyo objetivo es reducir el estado de pánico, acotar la dispersión mental y forzar a la persona a concentrarse de manera realista en las decisiones inmediatas de supervivencia y adaptación a la nueva realidad.

Aplicado lo anterior al caso Rocha Moya, podemos decir que la “psicofarmacología de contención rápida” fue el choque comunicativo e institucional asestado en un primer momento: el pronunciamiento enérgico de Gobernación y la carta pública de los gobernadores y las gobernadoras de Morena actuaron de inmediato como freno emocional para reducir la hiperactividad y el estado de alteración política del gobernador de Sinaloa, obligándolo a detener la inercia de sus decisiones tan disparatadas.

Por otra parte, el “reencuadre cognitivo estructurado” fue el durísimo mensaje directo emitido por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien no quiso ni amenazar ni agredir a Rubén Rocha, sino que nada más pretendió —y logró— forzar en el sinaloense un estado de claridad.

Después del texto de Sheinbaum, Rocha Moya volvió a enfocar su atención en la realidad objetiva: entendió los costos reales que enfrentaría, ya no solo en EEUU, sino también en México si insistía en mantenerse en el gobierno, y pudo de esa manera recobrar el juicio, pedir licencia de nuevo y retornar al cauce institucional.

El mensaje de la presidenta propiciará un beneficio colateral: hacer entender a tantos impresentables de la 4T —¿sigue siendo prócer morenista don Pedro Haces?— que ensucian a un movimiento político basado en la ética.

La comentocracia y su lectura equivocada y perversa

La crisis emocional de Rocha Moya fue utilizada desde el primer segundo por quienes opinan en redes y medios como una ruptura entre Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador.

Inclusive, después del mensaje de la presidenta, la comentocracia celebró que al fin se presentaría en la 4T una “Noche de los Cuchillos Largos”.

Empezaron a imaginar los enemigos de la 4T que ya llegaría la tan anhelada purga contra quienes, en Morena, siguieran siendo leales a López Obrador.

Esa es una fantasía que jamás se hará realidad. Para empezar, la propia presidenta Sheinbaum no oculta su aprecio a AMLO como persona, su respeto hacia el expresidente y su reconocimiento a la lucha emprendida por Andrés Manuel durante años que llevó a que la izquierda, a pesar de tantas agresiones en contra, gobernara México.

La presidenta Sheinbaum es la primera interesada en preservar la unidad de la 4T. Ella no ve ni verá contradicción alguna entre ejercer plenamente la autoridad presidencial y reconocer al expresidente López Obrador como fundador y dirigente histórico del movimiento. En la carta de gobernadores y gobernadoras de Morena hay un reconocimiento cuidadosamente redactado hacia AMLO.

Al final, cuando Rocha entra en razón y regresa al estatus de gobernador con licencia, sin fuero, para que se le siga investigando en México, Claudia resuelve el problema.

La comentocracia queda en ridículo. Y a tantos y tantos columnistas que pronosticaban una guerra civil en la 4T solo queda decirles: pendejos.

La comparación con Ernesto Zedillo y Esteban Moctezuma

Si alguien sabe que no es fácil someter a los gobernadores rebeldes es un colaborador de la presidenta Sheinbaum, quien tuvo una carrera de primer nivel en el PRI. Me refiero a Esteban Moctezuma, actual embajador de México ante la Unión Europea, el Reino de Bélgica y el Gran Ducado de Luxemburgo, con sede en Bruselas.

En 1995, el entonces presidente Ernesto Zedillo quería que Roberto Madrazo dejara la gubernatura de Tabasco. No era un capricho de Zedillo, sino una necesidad para que la sociedad de esa entidad recuperara la tranquilidad perdida por el fraude electoral que llevó a Madrazo al gobierno del estado. Este priista le había robado la elección a AMLO, quien decidió no dejarse y protestar. A nivel nacional, la inconformidad de López Obrador la hizo suya el PRD, en aquel tiempo todavía un partido de izquierda más o menos decente.

Lo mejor para todos era la renuncia del cuestionado gobernador. Zedillo pidió a su secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, que operara el retiro de Roberto Madrazo, a quien hasta se le ofreció la Secretaría de Educación Pública, para que no pareciera una destitución, sino una promoción al ámbito nacional. Pero Madrazo, ignorando a Moctezuma, se rebeló movilizando al PRI local y a sus bases en Villahermosa, lo que obligó al poder presidencial a replegarse.

Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, tuvieron éxito inmediato en un asunto similar al que llevó al fracaso al expresidente Ernesto Zedillo y a quien fuera su primer secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma.