La semana pasada, en el 11vo Foro de Emisoras organizado por la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), se evidenció que hay un tema que saca “chispas” en el sector financiero: el estancamiento del mercado de valores en el país. Y es que en México hay un mercado accionario subdesarrollado. A pesar de ser considerado como uno de los principales motores de crecimiento de una economía, en nuestro país este mercado es pequeño y poco profundo, además de que cada vez se ha ido achicando más. El mercado accionario o de capitales es parte integrante, junto con el mercado de deuda y de derivados, del mercado de valores (o bursátil).Y al día de hoy, no se ha encontrado la fórmula para desarrollarlo con todo su potencial.

Un mercado pequeño para dos bolsas de valores

Una bolsa de valores tiene como finalidad hacer posible el funcionamiento del mercado de valores, ya que es el medio para efectuar y registrar las operaciones de compra y venta de instrumentos financieros que hacen las casas de bolsa (también llamados intermediarios bursátiles), en nombre de sus clientes.

Hasta el 2018, operaba solamente la BMV (creada hace 125 años) como única bolsa de valores en el país. BIVA (Bolsa Institucional de Valores) inició operaciones ese año, a partir de una serie de reformas de la CNBV (Comisión Nacional Bancaria y de Valores) de la SHCP, que buscaban impulsar al mercado bursátil, entre otras, mediante la inclusión de un “competidor” para la BMV. A partir de esa fecha, hay muchos claroscuros sobre las ventajas que la operación de BIVA ha tenido para el mercado.

Para empezar, no ha logrado el objetivo principal de atraer más participantes (emisores e inversionistas) para hacer crecer el mercado de valores, particularmente el de capitales (el mercado de deuda ha tenido mayor desarrollo), y darle mayor dinamismo, que es lo que se buscaba fundamentalmente, al incentivar la competencia.

Se ha cuestionado que más que competir con la BMV, la operación de BIVA solo ha generado “pirateo” de clientes, en detrimento de una mejor funcionalidad del mercado, donde se han visto afectadas las 35 casas de bolsa que operan en el país (que han asumido costos de operación más altos -de hasta 60%-, por ejemplo, por operar los sistemas de comunicación diferentes de las dos bolsas), con aún pocos beneficios para los clientes.

Entre los beneficios, es que las empresas tienen ahora dos bolsas a elegir para emitir (lo que ha reducido costos de listado y mantenimiento en alrededor de un 4%); y para los inversionistas se está promoviendo “el deber de mejor ejecución”, para que, entre otras, sus órdenes de compra y venta de valores se presenten en ambas bolsas, y las casas de bolsa tengan la obligación de darles el mejor precio posible, según las condiciones del mercado.

Pero no se ha generado competencia real. Al pasado 10 de junio, la BMV tenía una participación del 97%, por importe y volumen operado en el mercado local, frente al 3% de BIVA (así como una participación similar por lo operado en el SIC, o mercado global, que cabe decir, ya representa el 54% de todas las operaciones). Claramente, la BMV sigue siendo el actor dominante, que puede mantener el control de precios y del mercado.

Un mercado de capitales que no crece y la CNBV que se queda atrás

La BMV marca la pauta en el mercado:

  • El eje de la BMV son 5 empresas, que en conjunto acumulan el 55% del principal índice, el S&P/BMV IPC (América Móvil, Walmart, Femsa, Banorte y Grupo México).
  • El mercado accionario mexicano se caracteriza por su reducido número de emisores. Hace 20 años había 172 empresas listadas/cotizando en la BMV, y hoy hay 143 (se considera que por el tamaño de nuestra economía por lo menos debería haber 500 empresas listadas).
  • Siete empresas, más Aeroméxico, recientemente, declararon su intención o iniciaron su proceso, para deslistarse (cancelar su registro de acciones en la Bolsa). Lamentablemente, podrían darse más salidas por el poco atractivo que representa una limitada liquidez, y un bajo volumen operado (la liquidez se concentra en las 35 empresas del IPC -el 24% de todas las listadas en la Bolsa-), lo que lleva a valuaciones que no representan lo que esperan los accionistas como valor justo. Cabe destacar que esto sucede a nivel mundial, donde las empresas se deslistan en épocas de volatilidad, o por otras razones, pero en esos casos, es un fenómeno de ciclicidad.
  • Algunas compañías están suspendidas por no cumplir los requisitos para estar en Bolsa, que es tener un mínimo de 100 inversionistas y mantener colocado por lo menos el 12% del capital social (float).
  • Al día de hoy, el mercado se ha achicado y no hay nuevas empresas listadas. Se habla de una “sequía” de colocaciones. La BMV no espera que se realice ninguna Oferta Pública Inicial (OPI) durante 2022, (ya van 5 años así, entre otros, porque las empresas prefieren colocar en otros mercados, como el de Estados Unidos). BIVA tiene en el tintero la colocación de una empresa nueva (Globcash y una Fibra), pero la CNBV ha retrasado su autorización.

La CNBV tiene una tarea pendiente que es fortalecer su capacidad supervisora en el sector. A partir de la administración del presidente López Obrador, por la fuga de talentos, la CNBV se ha visto rebasada por su falta de capital humano capacitado.

Además, desde la perspectiva regulatoria, la CNBV se ha enfocado en las empresas, como potenciales emisoras (oferta), y se ha descuidado a los inversionistas (demanda), especialmente a los institucionales, como las Afores, quienes son los principales inversionistas en el país, para fortalecer el mercado. Con las plataformas tecnológicas ha crecido sustancialmente el número de inversionistas minoristas/retail (al cierre del 2021, el número de cuentas de las casas de bolsa fue de 3,090,307, un aumento del 226.2% frente al 2020), pero se ha descuidado la promoción de la cultura y educación financiera en el país, para que se tomen decisiones de inversión bien informadas.

El reto

Si bien BIVA ha aportado innovación tecnológica a partir de su alianza con Nasdaq, no ha sido aún opción para las empresas medianas que supuestamente eran su objetivo, y no ha generado competencia efectiva en el mercado. Cabría cuestionarse si el tamaño actual del mercado realmente justifica la existencia de dos bolsas de valores en el país, “compitiendo”, o si habría mejor que crear un “mercado alternativo bursátil” enfocado principalmente en el segmento de las empresas medianas, como sucede en varios países en que operan ambos mercados.

Actualmente hay condiciones económicas mundiales de volatilidad, y nacionales inciertas, por la incertidumbre que se ha generado con las políticas del presidente López Obrador, que dificultan y han ralentizado la inversión, pero esto no debe ser justificante para no emprender las acciones necesarias para vigorizar al mercado de valores en el país, en la forma en que mejor se adapte a las circunstancias actuales y se proyecte al futuro.

Es necesario crear las condiciones para hacer al mercado más atractivo para los emisores (en especial para las empresas medianas, que en su mayoría son familiares, que o no tienen apetito o no cumplen con los requerimientos) y para los inversionistas, como crear mayores incentivos fiscales, mejores valuaciones para las empresas a partir de generarles más visibilidad y mejor distribución (quizás a partir de “dual listings” en otros mercados), más diversidad de productos y vehículos de inversión, un régimen y esquema regulatorio más flexible, y promover una mejor cultura financiera.

Tanto el sector público, como el privado, deben aportar para que en México realmente exista un mercado de valores robusto, quizás segmentado, con un mercado alternativo, que cumpla con su función de ser una fuente fundamental de financiamiento y captación de ahorro, que fomente la actividad económica en el país, más allá de las demás opciones existentes (capital privado, sector bancario, shadow banking, fintech, etc), tanto a nivel local, como globalmente.

El Dr. Jesús de la Fuente Rodríguez de la CNBV, así como Marcos Martínez y José Oriol Bosch, de la BMV, y María Ariza, de BIVA, tienen el reto de cumplir con la consigna de que “el mercado de valores no es para las empresas grandes, es para que las empresas se hagan grandes”, redundando en beneficios para los inversionistas y el país. Hay grandes pendientes y el panorama es retador. Queda mucho trabajo por hacer y por ejecutar.