Ayer Carlos Perez Ricart decía en el programa de Leo Zuckermann que el eslogan de “por el bien de todos primero los pobres” era el gran lema del siglo XXI, sólo después del “sufragio efectivo no reelección” de la centuria previa. Quizás tiene razón si se refiere al impacto propagandístico de un aparente gobierno progresivo, o en el ámbito de la realidad, y de acuerdo a las cifras, a la reducción del número de pobres en México, a pesar de los múltiples cuestionamientos en torno a la sostenibilidad en el mediano plazo.

Sin embargo, el citado eslogan se ha quedado muy corto en el sector salud. Como ha sido informado, el IMSS se encuentra en un estado de precarización vergonzoso. Se ha reportado la falta sistemática de insumos, medicinas y demás instrumentos indispensables para que los médicos y enfermeros puedan atender con eficacia y prontitud las necesidades de los pacientes. Empleados y funcionarios de la institución lo han gritado a viva voz, pero la presidenta Claudia Sheinbaum y el director Zoé Robledo no han hecho más que minimizar la crisis.

La realidad se impone. En un gobierno que se jacta de velar por los más desfavorecidos, no se invierte lo necesario en el sector salud. Cada mexicano debe tener un conocido que ha acudido al IMSS para el tratamiento de un padecimiento. Los testimonios son similares: largas listas de espera, material anticuado, falta de higiene, carencias de medicamentos, e incluso, falta de médicos.

Esta crisis ha provocado no sólo la degradación del sistema general de salud, sino que también ha promovido que los hospitales privados y las aseguradoras actúen con absoluta ligereza, irresponsabilidad y avaricia, aumentando estrepitosamente los costos de la medicina privada, sin que el gobierno, hasta el momento, haya levantado un dedo para ponerles un alto a los usureros. Es el peor de los mundos; tanto para los más pobres que tienen que tratarse en el IMSS como para las clases medias que intentan cada año o mes cubrir las costosísimas primas de sus seguros de gastos médicos.

La crisis en el sector salud es solo un indicador más del fracaso del obradorismo. El ex presidente AMLO no sólo se burló de los mexicanos pregonando la existencia de un sistema similar al danés, sino que su sucesora no parece decidida a solucionarlo. Y en contraste, en vez de optar por la inversión en sectores prioritarios, se decantan por la continuidad de proyectos inmensos cuya viabilidad está en entredicho.