“Quien pretende el dominio del mundo y mejorar éste, se encamina al fracaso. El mundo es tan sagrado y vasto que no puede ser dominado. Quien lo domina lo empeora, quien lo tiene lo pierde.”

LAO TSÉ

¿Por qué le duele tanto el INE a López Obrador?, ¿por qué, si dice tener asegurada la victoria en el 2024, su continua descalificación al instituto? Porque en la política como en la vida nos mueven los amores y los odios.

Después de la marcha a favor del INE y de la contramarcha para apapachar el ego lastimado del tabasqueño, se autorizó que la reforma constitucional de López Obrador en materia electoral pasara al pleno de la Cámara de Diputados para su discusión y votación. Luego, en vista de que Morena no tendría los votos necesarios (ni siquiera los del PT y del Verde), mandaron temporalmente la iniciativa a la congeladora legislativa.

Sin embargo no hay que cantar victoria pues la embestida contra el INE no se circunscribe a las cámaras legislativas. Un día sí y otro también escuchamos a López Obrador y a sus seguidores desdeñar y vituperar al órgano. Mentiras, medias verdades y nuevas restricciones presupuestales.

Y también el nuevo recurso que significa cambiar las leyes secundarias para, entre otros componentes, trasladar la hechura y el control del padrón electoral a la Secretaría de Gobernación federal. Sí, a Adán Augusto López, una de las corcholatas de Morena. ¿Así o más antidemocrático?

Andrés Manuel dijo: “pueden quedarse con el INE, les falta pueblo”. Por lo visto a quien le falta “pueblo” es a él en vista de que ahora requiere el control del listado nominal, padrón electoral y credencial para votar de los todos nosotros ciudadanos mexicanos.

Una propuesta inconstitucional, un regalo para la 4T —en específico para López Hernández— y, sobre todo, un magno retroceso en la mejora de la democracia en el país.

Si Gobernación tuviera bajo su mando la integración y el cuidado del padrón electoral, ya podremos imaginarnos el manejo clientelar de este instrumento electoral. El uso de los programas sociales para exigir determinado sentido del voto de los electores.

Y es que una de las razones de ser del órgano autónomo (INE) es que el padrón no esté subordinado a los vaivenes de Palacio. Es parte fundamental de la transición democrática el saber que los datos personales los maneja el INE y no el gobierno (cualquiera que este sea).

Ya sabemos lo que viene. La impugnación ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación de las leyes electorales secundarias. La resolución al respecto tardará el tiempo necesario para que, mientras, la Cuarta Transformación las ponga en marcha (tendremos una guerra épica entre un INE muy debilitado —moribundo, diría yo— que buscará salvaguardar el padrón electoral y el gobierno que exigirá ejercer su dominio.

El padrón electoral en manos del partido en el poder. El viejo PRI; elecciones cantadas y de antemano decididas.