Les compartiré que mientras buscaba un video en una red social que me sirviera de “ruido de fondo”, me topé con uno que me llamó poderosamente la atención: “La Aviación en México - Un águila que se convirtió en pichón”. Y en el cuadro de información rematan con “Conoce el desarrollo de la aviación en México donde intereses desconocidos la convirtieron de ser un águila a un pichón”.

Es un video del año 2017, y entonces no estaba claro que Andrés Manuel López Obrador llegaría a la presidencia del país. El canal “Yolo Camotes” fue el responsable de su elaboración; el video tiene una duración de 30 minutos, y si pueden verlo, les aseguro que vale mucho la pena.

Y es un excelente “pretexto” para hablar de la aviación nacional, desde un ángulo especial, con rasgos históricos. No es la primera vez que en mi mente surge la pregunta ¿por qué sí fuimos un país pionero en materia aeronáutica, estamos tan rezagados?

Definitivamente no es la causa, pero un punto neurálgico que hasta el día de hoy se repite, es la mala prensa que hay. Lo traigo a colación porque no hay día que no se vaticine que el fracaso de la nueva Mexicana de Aviación es inminente.

Desde que comenzó nuestra historia aeronáutica, a la par surgieron las consecuentes descalificaciones por parte de la prensa mexicana, y sus respectivos expertos no se hicieron esperar. Se pueden leer en los titulares amarillistas de la prensa de entonces, como todo lo que hacía México en materia de aviación estaba mal ¿les suena conocido?

¿Qué hay detrás de todas estas voces negativas? La explicación que se le da al manejo mediático tan negativo de aquellos ayeres son los tratados internacionales, por ello la industria de la construcción de aviones en México se echó por tierra, para no contravenir a intereses extranjeros.

Avión muestra de Mexicana de Aviación

Y esto me lleva a cuestionarme: de no haber llegado la 4T, nuestra ya de por sí muy pequeña aviación nacional ¿se vería aún más mermada? Y es que no encuentro sustento real para tanta animadversión en contra de la nueva aerolínea del Estado Mexicano. El nivel de encono que genera hace que sus detractores olviden o pasen por alto una premisa básica: el transporte aéreo es un transporte público.

No me pasa desapercibido que estas mismas voces que se quejan de la nueva aerolínea, son las mismas que “callaron” ante la salida del mercado de Transportes Aeromar, y son incapaces de señalar la falta que hace una aerolínea regional. ¿Por qué no incentivar a que más empresarios inviertan en una línea aérea?, incluso ahí está la cooperativa “Aviación Mexicana”, con todo para sacar una línea aérea chartera y de carga.

¿Por qué no empujar voluntades que permitan aumentar el número de aeronaves comerciales en el país?; para que se den una idea, diré que, según cifras oficiales, hasta agosto de este año solo contamos con 369 aviones, ese número es tan solo la mitad de la flota de la línea de bajo costo norteamericana Southwest, que posee 737 aviones. Aquí esos 369 aviones están divididos en 11 líneas aéreas, entre aviación comercial y de carga.

Por eso no concuerdo con la quiebra -a priori- que los medios de comunicación pregonan diariamente que va a suceder con la nueva Mexicana de Aviación, antes de que siquiera despegue el primer avión.

Fue un fenómeno similar lo sucedido con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), del que no se han cansado de tildarlo como un gran fracaso, con base en la narrativa mentirosa de que las aerolíneas están siendo obligadas a utilizarlo. Como si esto solamente sucediera en nuestro país. Cuando en la realidad cada Estado soberano tiene la potestad de manejar la aviación como más le convenga y poniendo sus reglas.

Pareciera que hacer eso es algo malo, pero si lo hacen en el extranjero no hay ninguna mención de ello. Los demás países sí pueden poner orden en su aviación, pero en México, intentan hacer creer que va en contra del libre mercado.

Ya no se acordarán del tema del cabotaje. Los que conocemos las entrañas de la aviación sabíamos que era un total desatino, y en una de las conferencias mañaneras el presidente de la nación, señaló lo que recoge el medio Forbes en la columna llamada “Si líneas aéreas pactan bajar precios, no hay porque abrir sector al cabotaje, condiciona AMLO”.

Actividad aérea de la empresa Aeroméxico en las pistas del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles

Justo en ese momento la respuesta fue que los precios de los boletos no eran en realidad el problema, incluso yo misma escribí varias columnas explicando que el tema de las tarifas aéreas se debía al incremento que el impuesto aeroportuario ha sufrido a lo largo de los años.

Podemos decir que el desglose es el siguiente: cuando uno adquiere un boleto de avión alrededor del 42% del precio es el Impuesto de Uso de Aeropuerto, el famoso TUA, más 22% de IVA, lo que hacen que el costo de un boleto sea en 64% solo impuestos.

Qué mejor ejemplo que el utilizado por el medio A21, especializado en aviación, que nos pone de forma muy clara el tema de los impuestos “Por ejemplo, un vuelo a Cancún, saliendo de la Ciudad de México por Aeroméxico, tiene un costo de 1,207 pesos, de los cuales 698 corresponden a ‘impuestos y tasas gubernamentales’ y el resto al cargo del transportista.”

En ese momento los medios se volcaron precisamente para señalar que si el costo de un boleto de avión se elevaba era por culpa de los impuestos, y la gente relaciona ipso facto la palabra “impuestos” con el gobierno; así que sirvió para estar golpeteando un buen rato al Gobierno Federal por su pronunciamiento a negociar el cabotaje a cambio de bajar tarifas.

Pero ahora en octubre que se habló de reducir el TUA, de nueva cuenta los medios de comunicación salieron a decir que era la peor estupidez del mundo y que Andrés Manuel López Obrador estaba acabando con los grupos aeroportuarios privados.

Antes, cuando se señaló el tema de que los altos costos de los boletos eran por el tema de impuestos, no se aclaró si solamente se trataba del TUA de los aeropuertos aún manejados por el gobierno; evidentemente se habló de manera general, incluyendo a los grupos aeroportuarios privados.

En febrero estos mismos medios clamaban porque se regulasen los precios de los impuestos aeroportuarios, pero cuando el gobierno hace lo propio entonces está mal y atentan contra la aviación. Se comportan exactamente como hace un siglo, cuando nuestra nación comenzó a ser relevante en la construcción de aeronaves, y para la década de los años 50 esa industria ya había desaparecido.

Los verdaderos enemigos de la aviación mexicana son aquellos que no permiten su crecimiento y utilizan a los medios de comunicación para hacerle creer a la gente que no es necesaria una industria fuerte nacional. Por eso ahora que viene la salida al mercado de una nueva línea aérea, y además operada por el Estado mexicano, no dudan en salir a señalar que será un gran fracaso, mucho antes de empezar.

Los intereses económicos son muchos y muy fuertes. El ataque es inversamente proporcional. En el Gobierno Federa dicen “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. El antídoto es ignorar todas esas voces que descalifican, reprueban y censuran la búsqueda de conformar una aviación nacional fuerte e independiente.