Privilegio de muy pocos es que la historia llame a su puerta. Cuauhtémoc Cárdenas es de esos. Así respondió junto a Porfirio Muñoz Ledo en la gesta que dio lugar a la democracia mexicana donde muchos otros participaron, no todos en la izquierda. Fue el caso, también, de Diego Fernández de Cevallos, Manuel J. Clouthier, Carlos Castillo Peraza, y más. El valor de lo que hicieron Cuauhtémoc y Porfirio fue quebrar desde el interior al presidencialismo autoritario al crear el Frente Democrático Nacional. Sumaron a Heberto Castillo y también a siglas otrora satélites del oficialismo, PARM y PPS.

Cuauhtémoc no ganó la presidencia en 1988. La trampa se impuso. El comandante en jefe para avasallar a la oposición fue Manuel Bartlett desde la Secretaría de Gobernación, que igual mandaba en el órgano electoral que en la policía nacional, de triste memoria, la Dirección Federal de Seguridad, responsable del asesinato del periodista Manuel Buendía el 30 de mayo de 1984 y que llevó a la cárcel a Antonio Zorrilla, director de la DFS. También está la tortura y asesinato del agente de la DEA, Kiki Camarena en febrero de 1985, que hasta la fecha impide a Bartlett pisar suelo norteamericano por su imputación en el crimen.

Los resultados de la elección representaron el inicio del fin del régimen. Rosario Ibarra, Maquío y Cuauhtémoc, ex candidatos presidenciales, obligaron al gobierno a negociar un cambio profundo al sistema electoral para dar lugar al IFE y, en un proceso de sucesivas reformas, a la autonomía plena a manera de asegurar una democracia electoral que hiciera valer el voto y contuviera el abuso desde el gobierno, como ocurrió sobradamente en la elección de 1988, génesis de la democracia mexicana y mérito de muchos, incluyendo a quienes desde el poder entendieron que elecciones justas y confiables representaban el mejor curso al futuro. Los comicios de 1994 se desahogan en condiciones muy complicadas por el levantamiento zapatista y el magnicidio de Colosio. Nota para destacar es el reconocimiento de Diego Fernández de Cevallos del resultado adverso, ingreso a la mayoría de edad democrática. Por cierto, quien ahora le impugna y cuestiona, AMLO, se ha negado a aceptar resultado que no le sea favorable.

Con José Woldenberg en el IFE y Ernesto Zedillo en la presidencia, el país ingresa por la puerta grande a la democracia. Sucedió así en 1997, cuando por primera vez la oposición tiene mayoría en la Cámara de Diputados y, en 2000, con la alternancia en la presidencia de la República. Para valorar los hechos y los logros alcanzados, así como la aportación de muchos grandes mexicanos en la transición democrática, sería suficiente considerar el punto de partida y las elecciones de 1988. En perspectiva, debe señalarse que nadie anticipaba el cambio sin ruptura ni violencia. El voto ciudadano fue el instrumento inteligente y civilizado para la transformación política del país.

La historia llamó a la puerta de Vicente Fox; que logró derrotar al PRI, pero no pudo transformar al régimen. El PRI mantuvo la mayoría de los gobiernos locales y, particularmente, el control de las Cámaras. El acomodamiento presidencial, la irregularidad en el financiamiento de su campaña (y en la del PRI), así como el miedo al cambio impidió una transformación trascendente a pesar del entorno interno y externo favorable. Porfirio y Cárdenas optaron por caminos diferentes. El tiempo da la razón a Cárdenas, a pesar del indiscutible talento de Porfirio y su aportación al debate nacional.

López Obrador gana la elección de 2018 en condiciones singulares. La quiebra moral del gobierno de Peña Nieto y del PRI y la aviesa persecución al candidato presidencial del PAN hace que AMLO prevalezca con clara mayoría en todas las elecciones concurrentes, treinta años después de los comicios de 1988. Paradoja de la historia, el triunfo arrollador de la supuesta izquierda dará lugar a la involución democrática más severa conocida. La militarización de la vida pública y la devastación institucional a los órganos autónomos, especialmente los que garantizan elecciones confiables, así como la recurrente agresión a la libertad de expresión hablan y condenan por sí mismas.

En la antesala a los comicios de 2024 el presidente agrede con singular denuedo al INE y a Lorenzo Córdova, quien bien ha entendido su responsabilidad histórica y ha salido a defender con todo lo que a todos pertenece. López Obrador a manera de reclamo a Cuauhtémoc Cárdenas por su postura no incondicional, dice que no hay puntos medios; el ahora presidente tiene razón y actúa en consecuencia, claramente ha optado por Manuel Bartlett, cuyo mayor pecado va mucho más allá del enriquecimiento en el servicio público.