Anda escandalizada la oposición porque, se supone, el presidente del PAN, Marko Cortés, ha saboteado la posibilidad de una alianza entre ese partido y el PRI para competir en la elección de gobernador del Estado de México. El siguiente tuit de Felipe Calderón sintetiza la situación emocional de no pocas personas rivales de Morena:

La verdad de las cosas es que Calderón no está bien informado o, de plano, miente. O quizá tuiteó después de una suculenta comida animada con whisky del bueno, tequila del mejor y vino de mil pesos.

Y es que de ninguna manera está decidido que el PAN renuncie a la alianza con el PRI. De hecho, el panismo no ha renunciado a nada. Su dirigente simple y sencillamente madrugó al priismo.

Las negociaciones siguen adelante y, si son hábiles, los líderes de ambos partidos encontrarán una fórmula de unidad, que podría ser tan sencilla como esta: que al PRI-PAN lo encabece el ya destapado panista Enrique Vargas.

¿Que no es lo que quiere el gobernador Alfredo del Mazo? Seguramente, no, pero en la vida a veces hay que hacer lo que se puede y no lo que se desea. Eso se llama madurez.

Lo que sea, con alianza o sin alianza para la oposición resultará casi imposible derrotar a la candidata de Morena, Delfina Gómez. Explico enseguida por qué.

La razón tiene que ver con dos entidades federativas apellidadas —intento bromear— De México. Una se llama Ciudad y la otra Estado. Importantísimas ambas, por supuesto. Tan cerca una de la otra, pero tan distintas entre sí.

Las dos entidades federativas mencionadas, con varias otras menos relevantes, integran la megalópolis de la Zona Metropolitana del Valle de México.

Todas las personas que por aquí trabajamos hemos experimentado lo que a continuación describo: al viajar en automóvil con frecuencia pasamos, sin darnos cuenta, de la CDMX al Edomex.

¿Sin darnos cuenta? Es una manera de hablar. Evidentemente resulta sencillo cruzar los límites entre la Ciudad de México y el Estado de México, pero al hacerlo de inmediato se nota la diferencia, tanto si ello ocurre al hacerlo en colonias de clase alta como en las de clase media y baja.

Las cosas como son: todo es mejor en la CDMX que en el Edomex. Lo mismo si hablamos de la calidad del pavimento como del alumbrado público, o en términos de la sensación de seguridad o de la limpieza de las calles.

No es que la Ciudad de México sea un paradigma de servicios públicos —todavía no, aunque se ha avanzado bastante—, pero es un hecho que la CDMX ha estado mucho mejor gobernada que el Estado de México.

Más allá de las percepciones al atravesar los límites de las dos entidades, percepciones que desde luego tienen un componente de subjetividad, las frías estadísticas no dejan lugar a dudas:

La Ciudad de México es líder nacional en generación de empleo.

Desde hace unos meses, la capital mexicana es la ciudad más segura del país.

Durante la pandemia, a la CDMX se le consideró entre las grandes ciudades del mundo con la mayor cobertura de vacunación de personas mayores de 18 años.

La Ciudad de México es líder en inversión extranjera.

Tiene el primer lugar en competitividad.

Supera la CDMX a todas las otras regiones de México en innovación digital.

Ninguna entidad federativa dedica más recursos al gasto social.

Quizá el dato más sobresaliente relacionado con la Ciudad de México, porque explica todo lo anterior, es el de la recaudación propia: es la entidad que menos depende de recursos federales para financiar los servicios públicos.

Hoy que leí un tuit de Claudia Sheinbaum presumiendo que la CDMX generó en julio más empleos que todas las otra entidades federativas, pensé que la candidata de Morena a la gubernatura del Edomex, Delfina Gómez, tiene hecha su campaña.

Simple y sencillamente, sin ofender a nadie —expresándose con todo respeto en relación al gobernador Alfredo del Mazo—, Delfina lo único que debe hacer es comparar el Estado de México con la Ciudad de México y explicar al electorado que la capital mexicana desde 1997 ha sido gobernada por la izquierda —con una anomalía: Miguel Ángel Mancera, quien llegó gracias a AMLO a la jefatura de gobierno, pero tomó una ruta distinta—, mientras que el Edomex solo ha tenido gobernantes del PRI, que van de malos a peores; ello sin ofender, insisto, ni a Del Mazo… Claro está, al panista locochón que acaba de destapar Marko Cortés tampoco debe lastimarlo la maestra Gómez, pero don Enrique vargas, por su personalidad tan estrambótica, si da para que la morenista se burle un poquitín de él poniéndolo en el centro de algún chiste tomado del humorismo blanco.