Casi un millón cien mil muertos a causa de la pandemia de Covid-19, inflación fuera de control, cientos de miles de personas discapacitadas por el llamado “Covid largo” y ¿en qué decide la administración de Joe Biden el gastar el dinero de los atribulados contribuyentes norteamericanos? En prolongar la guerra entre los neonazis ucranianos y el gobierno de Vladimir Putin.

El gobierno del demócrata, a quien algunos columnistas trasnochados compararon en un principio con Franklin Delano Roosevelt, acaba de aprobar la escalofriante cifra de 40 mil millones de dólares en nueva “ayuda letal” para el gobierno del títere Zelenski, bajo la cínica consigna de “defender a la OTAN hasta el último ucraniano”. No importa que familias enteras, civiles, adultos mayores, mujeres y niños en ambos países sufran. Lo importante es enriquecer a las empresas armamentísticas y al insaciable “complejo militar industrial”, mientras el mundo arde.

Mientras tanto, con variantes de la variante Omicron (si, leyeron bien), cada vez más contagiosas, Estados Unidos - y en menor medida, México y otros países en Europa - han atinado a dar por terminada la pandemia por decreto. A estas alturas, es más que obvio que las vacunas manufacturadas para la variante origina, o alfa, ya no son efectivas, ya que además de ser “permeables”, no previenen que otros se contagien.

La suerte parece estar echada para todos aquellos que no son parte de la élite estadounidense: la discapacidad, reducciones en la masa cerebral luego de constantes reinfecciones, o la muerte. Aunque yo no me sentiría del todo seguro en caso de ser multimillonario. A la naturaleza no le importan nuestros recursos y estamos a una simple mutación más letal de estar en peores condiciones que en febrero del 2020.