Comienzo aclarando que, en el encabezado de este texto, puse “jefe” Diego para que no quedara tan largo, pues el nombre “Diego Fernández de Cevallos” lleva demasiadas letras, pero ni bajo los efectos de la droga más potente, consideraría “jefe” a un enanón, barbón, gruñón, bravucón, gritón y mamón.

Cuando trabajé en Milenio Diario, siempre deseé encontrarme en el elevador con aquel abogado y político pigmeo, colaborador de aquel medio, malacostumbrado a gritarle a los demás como si fueran sus criados (por culpa de agachones que se lo permiten), para provocarlo con éstas palabras: “¡Ay qué bonito perrito pequinés, que ladra como perro grande! ¡Ven bebé, déjame darte un besito!”, para luego levantarlo del piso y brindarle un picorete.

Llamarle “jefe” a un ser inferior

Si el corrupto vejete se atreviese a levantarme la voz, tratando de intimidarme como si fuera de su bancada de timoratos, le daría una palmaditas en su enana calva, diciéndole: “Perrito malo, te voy a acusar con tu amo Salinas, para que te encadene en la azotea”.

No veo razón alguna para llamarle “jefe” a un ser inferior (no solo a mí y al presidente, sino a cualquier persona decente). Todos conocemos las bochornosas historias del ruidoso pequinés: cuando fue diputado, en 1988, pidió quemar las boletas electorales que la izquierda pedía recontar, para probar el fraude electoral que llevó a Carlos Salinas de Gortari a la presidencia (en cuyo sexenio, por cierto, cabildeó para aprobar numerosas iniciativas de ley del “Chupacabras”); en 1992, el gobernador de Guerrero, José Francisco Ruiz Massieu (cuñado de Salinas), expropió injustamente unos terrenos a unos ejidatarios en “Punta Diamante”, para premiar el servilismo del enanezno con una residencia junto al mar; en 1994 contendió como candidato presidencial y se dejó caer en el segundo round; promotor de la “Ley Televisa”, para beneficiar al duopolio televisivo de nuestro país; construyó la “carretera del amor” (que más bien debió llamarse “la carretera de un anciano ligador que compró una chavita”); como senador y abogado, usó su tráfico de influencias para ganar millonarios litigios al SAT; en San Juan del Río, Querétaro, se apropió de terrenos y casas intestadas.

Fue defensor de MetMex Peñoles, que envenenara a 11 mil niños en Torreón, Coahuila; se negó a pagar millones de pesos de predial y no quiso pagarle a Carlos Ahumada lo acordado, por la difusión de su video-escándalo con René Bejarano, además de fingirse un auto secuestro mafufo, con todo y chips insertados en su cuerpo, para que lo localizara la NASA.

“El Jefe balconeado en la mañanera de AMLO”

El presidente, solo para divertirse, se le ocurrió balconearlo en una “mañanera”, recordando que Fernández de Cevallos había devuelto cerca de mil 800 millones de pesos de IVA a la empresa Jugos del Valle (de la que era abogado, embolsándose un decoroso porcentaje).

El rabioso vetarro, en vez de probar su inocencia, ¡retó a un debate al presidente en Palacio Nacional, mediante una risible misiva! ¡Cómo si fuera Alfredo Adame retando a Carlos Trejo a una madriza en la Arena Coliseo!

“¡Ay nanita!”

El “Peje”, muerto de risa, se burló exclamando: “¡Ay nanita!”, y obvio no le hizo caso (si cualquier persona normal lo hubiera ignorado, mucho más el presidente, que tiene cosas más importantes qué hacer).

Para la banda derechosa, orgullosamente violenta y cavernícola, el desaire al perrito bravucón fue tomado como “un acto de cobardía”, reduciendo la política a un pleito callejero entre machos, olvidando, de paso, que López Obrador ya había hecho polvo a Fernández de Cevallos en un debate televisivo con Joaquín López Dóriga (a quien, por cierto, algunos llaman “teacher”, así como al zotaco “jefe” y a Sergio Sarmiento “filósofo”).

El intrépido abogangster le exigió poner “fecha y hora” para recibirlo en Palacio Nacional (yo que el “Peje”, nomás por divertirme, le hacía una cita y lo dejaba plantado).

Detienen a Kamel Nacif “Rey de la mezclilla”

Detuvieron en Líbano al “rey de la mezclilla” (otro absurdo sobrenombre) Kamel Nacif, empresario textil; quien, junto con el ex gobernador priísta de Puebla, Mario Marín, no solo es cómplice de Jean Succar Kuri (tratante de niñas y productor de pornografía infantil), sino de la tortura e intento de asesinato de la periodista Lydia Cacho.

Apuesto que los trogloditas derechosos, sin el menor decoro y hambrientos de poder, no tardarán en incriminar a AMLO el arresto de este turbio personaje, con palabras como éstas: “condenamos enérgicamente al presidente por espantar a los inversionistas libaneses, amedrentando a su comunidad empresarial establecida en Puebla”, a lo que bots, “fifís”, “chayoteros”, Ciro Murayama y Córdova “Tatanka”, seguramente exclamarán: “Si cierto”.