Afloró en AMLO el autoritarismo de todo político con popularidad inmerecida a juzgar por los resultados: como se siente querido por su pueblo, piensa que todo le está permitido. Así, detesta que a sus iniciativas se les mueva una sola coma. En su mañanera de este día lo dejó claro: de plano dio un firme paso para ir contra el sustento de la República que es la separación de los poderes de la unión. Su nueva ocurrencia de consulta solo puede ir en el sentido de crear un régimen de un solo hombre.

La mañanera la inició con una amenaza, que no puede pasarse por alto. Comentó, burlándose: “No sé si sea cierta”, sobre Francisco Villa: “Siempre decía ánimo, que lo que viene está peor (...) y lo mejor es lo peor que se va a poner”. Al buen entendedor pocas palabras.

El segundo punto de su conferencia es la consulta que solo puede significar la eliminación de los poderes de la unión en los que se sustenta la república democrática. Inició su ofensiva contra el poder judicial, insistiendo en que se tiene que reformar, para que este supeditado a la FGR. Insiste en que los jueces y magistrados siempre se amparan en el “debido proceso” y dice le chan la culpa al ministerio público. Nuevamente quiere revivir el tema de la prisión preventiva y que se pierda el derecho de la presunción de inocencia y que todo quede al criterio de la fiscalía, es decir, al criterio de Alejandro Gertz Manero, quien ya hemos visto cómo se las gasta en términos de proceder arbitrariamente contra quien sea.

El segundo punto y aún más preocupante fue el que surgió de la pregunta que le hizo la reportera Sara Pablo, de Radio Fórmula, respecto de su opinión de que Morena y PRI darán a conocer modificaciones a la iniciativa enviada por AMLO sobre la Guardia Nacional, donde ya se habla de una mayor supervisión para Fuerzas Armadas.

La respuesta de AMLO es la clásica de un gobernante autoritario. El presidente no permite que nadie le diga no, que nadie le sugiera cambiar aun siendo tan evidente su fracaso en políticas de seguridad como ayer lo dejó en evidencia el periodista Jorge Ramos. A él nadie le dice no, a él nadie le sugiere nada y si un poder, como es el legislativo discute y modifica, pues eso no lo permite.

Respondió olvidándose de respetar la Constitución y los procedimientos democráticos que rigen la nación y, por supuesto, pisoteando la separación de poderes cuando no se someten a él. Anunció que “lo mejor es hacer una consulta a los ciudadanos, que no sea un asunto cupular. Ya tengo aquí la propuesta de las tres preguntas”.

Así lo dijo: “Opino que estos temas no se deben decidir en el Senado, sino por el pueblo de México”. Buscará una consulta que sea vinculatoria, que no cueste al presupuesto, que no lo haga el INE y que sea el próximo año.

Otra vez, demostró total desconocimiento acerca de los procedimientos legales de la consulta, donde expresamente se dice en el Artículo 35 de la Constitución que no se podrá someter a consulta el funcionamiento y disciplina de las fuerzas armadas. Pero, además de ello, está también el desprecio a las leyes y a la Constitución que juró respetar. Lo único que muestra es su desprecio a las instituciones, a las leyes y al pueblo.

No quiere al INE, porque es una institución imparcial, que cuando hay elecciones es el pueblo quien cuenta los votos. Hoy quiere que lo haga la Secretaría de Gobernación. AMLO le da a Adán Augusto las facultades para que, igual que lo hacía Manuel Bartlett, ellos decidan quién gana y quién pierde y que sirva como mecanismo de imposición y sometimiento a los poderes legislativo y judicial.

Al final, la propuesta de esta mañana del presidente López Obrador es la desaparición de poderes, empoderar a las Fuerzas Armadas y destruir a los partidos políticos para que solo prevalezca la voluntad de un solo hombre.

Apenas el lunes pasado, volvió a despotricar contra todo tipo de organizaciones sociales a las que acusó de pretender disminuir su poder. Aseguró que para desviar la atención, empezaron a hablar de los nuevos derechos: ambientalismos, derechos humanos, derecho y protección a la niñez, protección a mujeres, género; causas buenas estimuladas a la par de que encumbraba la idea de la sociedad civil, el descrédito de las instituciones políticas. AMLO no está dispuesto a reconocer nada que no esté en su capricho y entender. Desconoce y pretende destruir todo aquello que no se someta a su voluntad.

Por ello, no hay que desestimar la amenaza de que lo peor estar por venir. Porfirio Muñoz Ledo que lo conoce muy bien ya advirtió que la pretensión de AMLO ante su pérdida de poder es crear las condiciones para que de un “Estado de excepción” que le permita anular los procesos electorales y mantenerse en el poder, apoyado de las fuerzas armadas y eliminando la Constitución.

Por lo visto, a AMLO le encantaría someter a todos los poderes para que él pueda gobernar como ser “supremo”. Nadie arriba de él, nadie a la par de él, todos por debajo, tal cual un monarca.