Son incluso cómicas algunas reacciones por el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa. Porque si bien solicitó licencia (a un cargo constitucionalmente irrenunciable), en las no pocas semanas que estuvo alejado de dicho encargo y su respectivo fuero ni la FGR ni tampoco las autoridades de los Estados Unidos fueron capaces, más por falta de voluntad que, seguramente, por elementos jurídicos de peso, de fincarle alguna responsabilidad penal. Entonces, todo lo que está sucediendo, pero todo, está apegado pulcramente a la legalidad que, ojo, no por eso a la justicia ni a la ética en el servicio público, quizás alejado el ser del deber ser sí, pero el señor Rocha sólo está retornando, ya no a manera de derecho tanto como de obligación, a cumplir con las responsabilidades adquiridas en los comicios celebrados en el estado de Sinaloa en el año 2024, y que no culminan tales sino hasta el año 2030.

Sinceramente, no es del todo creíble que la presidenta de la República se haya enterado “por su tuit” de su regreso al palacio de gobierno de Culiacán, porque tiempo para configurarle un expediente penal serio y consistente lo hubo, y lo hubo de sobra, tanto para las autoridades mexicanas como para las del vecino del norte, y simple y sencillamente no ocurrió absolutamente nada.

No sabemos que vaya a suceder en los siguientes días, semanas, meses y años, pero de que el gobierno mexicano tiene ante sí todos los resortes para emular a lo que recientemente hizo con el criminal, impresentable y grotesco, Ángel Aguirre Rivero, los tiene; ya ni que decir del gobierno de los Estados Unidos.

En el último de los casos, la hoy oposición no tiene la calidad moral para cuestionar nada respecto a ese tema, ya que por no pocas décadas ha priorizado la legalidad por encima del derecho, la ética y la Justicia, y no me tengo que remitir a ejemplos un tanto lejanos cómo la burda forma de detener al líder petróleo Joaquín Hernandez Galicia, “La Quina” en 1989, ni al obsceno proceso para desatorar al entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrès Manuel López Obrador en el 2006, sino a un caso reciente, el del exgobernador de Tamaulipas Cabeza de Vaca, en el cual han echado mano de cualquier tipo y cantidad de chicanadas y porquerías para protegerlo, y ese es sólo un ejemplo.

O sea que, ante todo el teatro montado alrededor del gobernador constitucional de Sinaloa, se podrá decir lo que sea, excepto que se ha actuado al margen de la tan famosa y cantada legalidad a la mexicana.