¡Por fin!, la armadora Boeing tiene buenas noticias que compartir. Esta empresa norteamericana en los últimos tres años ha pasado por unos escollos preocupantes, pero finalmente parece que se está levantando.

A grosso modo les cuento que su horizonte comienza a mejorar en el Salón Aeronáutico de Farnborough; como comenté en una columna anterior, este evento comercial internacional que se lleva a cabo en Hampshire durante siete días, sirve para “amarrar” fuertes negocios dentro de la industria aeroespacial, y hay que decirlo, a Boeing le fue muy bien.

Después de 14 largos meses, por fin la Agencia Federal de Aviación norteamericana (FAA) dio luz verde a la armadora Boeing que comanda Dave Calhoun, lo que le permitirá hacer las entregas pendientes de los equipos modelo Boeing 787 Dreamliner por todo el mundo.

Recordemos que la FAA le advirtió a la armadora que detuviera la entrega de dicho modelo de avión por las fallas estructurales, y por diferentes problemas de producción.

Y no es para menos, la FAA tuvo que ser muy firme en esta ocasión por el fiasco que ocurrió, y terminó tristemente, en dos terribles tragedias aeronáuticas del modelo del B737MAX.

Su respuesta tenía que ser enérgica luego de que quedó al descubierto que inspectores de la FAA no supervisaron de la manera más adecuada la documentación que el personal de la armadora Boeing les entregaba, y mucho menos al personal de dicha compañía que se encontraba realizando dichos trabajos.

Recordemos que estaban en una batalla contra reloj para poder sacar el equipo y que Airbus, la armadora contrincante, no les fuera “a comer el mandado”.

Los problemas con los B787-Dreamliner comenzaron en 2020, en plena pandemia, la FAA encontró pequeños huecos entre los paneles del fuselaje fabricados con materiales de fibras de carbono. Y en inspecciones posteriores, la FAA advirtió de problemas con un mamparo de presurización en la parte delantera del avión.

Boeing tuvo que reemplazar partes de titanio, incluidos sujetadores, después que se descubrió que las aleaciones utilizadas por un proveedor italiano no se ajustaban a las normas de la FAA. Por ello, la autoridad en la materia tomó la decisión de ponerse más firme en esta ocasión, y escudriñar cada detalle, hasta tener la certeza que todas y cada una de las fallas habían sido subsanadas de manera correcta por la empresa Boeing.

No resulta nada extraño que la agencia encargada de la seguridad de la aviación norteamericana diera al orden a Boeing de parar las entregas que tenía en puerta. No fue cualquier decisión, estamos hablando de aproximadamente 120 equipos Boeing 787-Dreamliner, cuyo modelo menos caro tiene un costo superior a los 239 millones de dólares.

La armadora Boeing se vio obligada a organizar nuevos sistemas de control de calidad, además de presentarle a la FAA un plan para revisar, y reparar si fuera el caso, los aviones pendientes de entrega. Todo esto para asegurar que los problemas no se vuelvan a presentar, haciendo mucho énfasis en el tema de la seguridad.

No fue “enchílame estas”; evidentemente todo esto no pudo hacerse de la noche a la mañana. Fueron muchos los planes que Boeing le presentó a la FAA que fueron rechazados, pero por fin el 29 de julio aceptó un plan propuesto por Boeing.

Esto le da un gran respiro a la armadora norteamericana de aviones.

Sin duda, aunque la FAA haya dado un “sí”, el proceso de entrega de los nuevos aviones modelo B787-Dreamliner será supervisado por dicha agencia, hasta que están completamente satisfechos y quede demostrado que el personal de la Boeing lo hace de la manera correcta.

Esto viene aparejado de cambios dentro de la propia armadora. Brian Besanceney ha sido nombrado como Vicepresidente Senior y Director de Comunicación de la compañía, a partir del próximo 6 de septiembre tomará posesión del cargo, tras la salida Ed Dandridge.

Alguna cabeza tenía que rodar.

No debemos olvidar. Como también ya lo habíamos dicho en este espacio, que los 14 meses de suspensión de entregas de los B787-Dreamliner han acarreado pérdidas a la compañía por más de 3,500 millones de dólares.

Pero ahora, ya con el visto bueno de la FAA, más el éxito que tuvo en la última feria de Farnborough, los números (y todo el panorama) de la armadora pueden mejorar sustancialmente. Un dato cultural, para su sobremesa del domingo: ¿Saben cuánto cuesta un equipo de este tipo? Su precio de lista ronda los 248 millones hasta los 338, dependiendo del modelo y configuración interior que pidan, precios que manejan las arrendadoras de equipos, y las propias aerolíneas.

Ante el futuro nebuloso que se vislumbraba para esta compañía armadora de aviones, hoy la perspectiva es diferente. Es un hecho, los retrasos en las entregas no solo han afectado a Boeing, sino al crecimiento de miles de aerolíneas en el mundo y a la recuperación internacional de la industria aérea.

Por ello, en efecto carambola, las buenas noticias para Boeing, son buenas noticias para todos los que trabajan en el medio y luchan por crecer, y sobre todo por recuperarse de la crisis que dejó la pandemia, que empeora la crisis ruso-ucraniana, y adereza ahora la fórmula Taiwán-China.

Hay nubarrones. La recesión de las economías mundiales es un tema que también afecta, pero si se abordan de manera correcta, pueden usarse como detonantes para impulsar el crecimiento y la estabilidad del mundo aeronáutico.