Columnas

Sin ideas

Andrés Manuel López ObradorCortesía

Lo de hoy es cualquier pretexto antes de hablar y proponer soluciones plausibles para los problemas del país

“No crean que vengo aquí con ideas bien analizadas”Andrés Manuel López Obrador
"Al pueblo pan y circo; si no hay pan, puro circo (y ofreciendo el mismo espectáculo de siempre)"Máxima romana que aplica para la 4T
"¿Su peor enemigo? Él mismo"
Verdad absoluta

¡Y lo volvió hacer!

Su peor momento en la campaña del 2006, luego de haberse rehusado a participar en el primer debate presidencial, lo signó él mismo con aquel famoso: “cállese chachalaca”, refiriéndose a Vicente Fox. Pero en la mañanera de ayer, López Obrador tropezó de nuevo con su lengua, y de muy aparatosa manera, al decir que él no lleva ideas bien analizadas a sus alocuciones. ¡Claro! Para él, “gobernar no tiene ninguna ciencia”.

Pero no por ello su comentario en la palestra matinal deja de esbozar una impactante realidad que tendemos a olvidar: las conferencias de prensa no son para discutir los problemas nacionales, tampoco para mantener informada a la población o dar datos que puedan servir a la ciudadanía. Son para soltar a rajatabla nociones que en ese momento se le van ocurriendo al presidente. Pontificar sobre SU agenda que no es agenda —a modo de la rifa que no es rifa— es el objetivo. Sus ocurrencias —o las que solo aparentan serlo— desvían el interés nacional de los problemas importantes e inmediatos que deberían tratarse.

¡Cómo olvidar la mañanera en el hangar presidencial! En medio de la peor crisis de la que se tenga memoria, pidió a los periodistas de manera expresa que no le preguntaran por otras cosas que no fuera el avión presidencial y los boletos de la lotería con la silueta del mismo. Poco importó tampoco la tragedia en los estados de la República que eran azotados en ese preciso instante por el huracán Hanna.

Y mismo en su tema favorito, el TP01 y la rifa, los números dados desde su atril no cuadran. De los cachitos vendidos en aquella cena con empresarios en Palacio Nacional, en la que se sirvieron tamales de chipilín y atole en jarritos, se dijo que al menos el 35% del total de los boletos del sorteo había sido vendido. Sin embargo, el gobierno informó ayer que en total, de todos los boletos existentes y ofertados en la república mexicana, al momento no se llevaba vendido ni el 33%. O los empresarios chamaquearon a López Obrador o alguien de su entorno ya se voló algunos milloncitos… ¿O dónde quedó la bolita?

De los temas que deberían ser tratados de manera abierta y ofreciendo propuestas viables sobresalen tres: salud, economía y seguridad. En tiempos del Covid-19 se ha demostrado su alto grado de unión y cómo el malestar de uno impacta en los otros dos y viceversa. Los que después pueden desdoblarse en programas y acciones a llevar a cabo. Sin embargo eso requiere estrategia, certezas y compromisos en el corto y mediano plazo, y ya establecimos que el jefe del ejecutivo (dicho por él mismo) no tiene “ideas bien analizadas”...

Oímos hasta la saciedad de otro asunto, que es el mismo de antes, el mismo de siempre, y sobre el que no hay resultados reales, ciertos o verificables: “el combate” a la corrupción. ¿No sería preferible escuchar su enojo por la curva que no se aplana o porque se enteró de que alguna autoridad no está usando cubrebocas? Seguramente los enfermos y el personal hospitalario agradecerían más que trabajara más por la prevención, por abastecer de insumos y medicamentos o por encontrar una cura contra el virus, que ofrecerles un huero minuto de silencio cada día o exhortarles a comprar los cachitos de su sorteo favorito. Sería más honorable encarar el error de Hugo López-Gatell en el tratamiento de la pandemia del coronavirus a machacar que solo es culpa de los refrescos y del neoliberalismo.

En términos de seguridad, sería mejor se decidiera a castigar a los delincuentes —¿cómo se explica que a Emilio Lozoya le pudieron incautar/posee 200 millones de pesos con lo que supuestamente resarcirá el daño por la compra de Agronitrogenados?— que oficiar que es más importante moralizar que sancionar.

Pero lo de hoy es primero cualquier pretexto antes de hablar y proponer soluciones plausibles para los problemas del país, NO se diga enfrentarlos y atenuarlos.

Así, la inflación y el alza de precios no se menciona. No se diga la deuda nacional contraída y que sigue en aumento.

Para acallar la crisis presupuestal de los estados (y el desabasto de medicamentos) proclamó que la próxima reunión con los gobernadores, que será en San Luis Potosí, no habrá enfrentamientos.

Y mientras las pérdidas de Pemex alcanzan los 257 millones de pesos CADA HORA, él entrega premios a los gasolineros que dan los litros de a litro...

Con ideas preconcebidas o sin ellas, lo que presenciamos todas las mañanas es un show donde se conoce la agenda de un individuo que ha supeditado el interés nacional al propio. Lo peor es que la audiencia muerde el anzuelo, se enoja con sus desparpajos en lugar de exigir hablar y tratar lo que en realidad importa.

El seguir con su juego es contribuir en su campaña política permanente, porque, hay que aceptarlo, López Obrador sigue actuando como si fuese oposición y estuviera en campaña.

López Obrador se queja de que “antes” se buscaba triunfar a toda costa, sin escrúpulos, tachando eso de deleznable. Hoy prefiere moralizar y concertar a que Lozoya termine en la cárcel...

Pero no, el presidente AMLO no tiene idea.