La buena prensa en todas las BOAs

Libertad de prensa
Tiempos difíciles cuando la prensa tiene que defenderse a sí misma

AMLO deberá tomar la pastilla de memoriavirus para recordar todo lo que la prensa que hoy cuestiona hizo por la democracia y su movimiento.

“La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre como es libre en el hombre la facultad de pensar”.
Benito Juárez

Lo que sea de cada quien, en México históricamente hemos contado con muy buena prensa, mismo si la medimos comparativamente a nivel internacional. Es más, habría que reconocer que el presidente López Obrador es titular del ejecutivo federal en gran parte gracias a la excelente labor de los medios informativos, particularmente los escritos, para cuestionar las ineficiencias, yerros y, en ocasiones francas trapacerías, de regímenes nacionales y locales anteriores.

Hace unos días, AMLO dio a conocer que existe un supuesto plan llamado “Rescatemos a México” para arrebatarle a Morena, en el 2021, la mayoría en la Cámara de Diputados y lograr la revocación de su mandato en el 2022. Este diseño, que ha sido todo menos tomado en serio, estaría ejecutado por la vía de un Bloque Opositor Amplio, BOA, constituido por todos los partidos políticos de oposición, las cámaras empresariales y diversos medios de comunicación, además de connotadas personalidades y hasta órganos constitucionalmente autónomos.

Habría que solicitarle muy atentamente al presidente AMLO que, de entrada, elimine de sus “denuncias” de esa o cualquier otra supuesta conspiración en su contra a diversos rotativos y a distintos comentaristas, analistas y columnistas. El siquiera considerar su actuación como perversa y antidemocrática es negar el papel fundamental que han desempeñado los medios de comunicación para consolidar un régimen democrático e institucional, mismo que llevó a López Obrador a ocupar la silla presidencial. Y me estoy refiriendo a todos los medios, no solo los excluidos de ese documento en cuestión.

Específicamente, el movimiento democrático reciente en México — para no solo hablar de AMLO y Morena— tiene una deuda enorme con un periódico y una revista que, arriesgando patrimonio, seguridad e inclusive libertad de directivos y propietarios sembraron durante décadas la semilla del sufragio efectivo y de la libertad de expresión. El periódico es Reforma, de Alejandro Junco y Ramón Alberto Garza / Lázaro Ríos; la revista, Proceso, de Julio Scherer y Rafael Rodríguez Castañeda.

Estas dos publicaciones, así como aparecen en el BOA anti lopezobradorista, seguramente se han incluido ya antes en muchos otros BOAs o sus equivalentes para luchar contra el autoritarismo de Carlos Salinas, la dejadez de Ernesto Zedillo, la frivolidad de Vicente Fox, el despotismo de Felipe Calderón y la corrupción de Enrique Peña Nieto. Tanto si eran de derecha o de izquierda los y las demócratas que desde la oposición trabajaban para controlar los excesos de los mencionados presidentes, incluían invariablemente a Reforma y a Proceso en sus proyectos viables o ingenuos.

Es decir, lo realmente relevante de Reforma y Proceso es que los luchadores por la democracia de todos los signos —conservadores como el Maquío Clouthier o progresistas como Cuauhtémoc Cárdenas o aun el propio AMLO— siempre vieron desde la oposición a tales medios como sus aliados. El periodismo de Reforma y Proceso ha sido valioso por ser crítico, no por su ideología.

Ojalá, antes de la próxima reflexión que haga AMLO sobre los medios, tome antes una pastilla de memoriavirus y recuerde todo lo que le aplaudió los últimos 20 años a los citados periódicos por no haber dado tregua a ninguno de los gobernantes del pasado.

No quiero caer en el mismo error del documento que tanto circuló estos pasados días y no mencionar a otros periódicos históricamente muy importantes, como la La Jornada, de Carlos Payán y Carmen Lira; aunque este diario tradicionalmente solo ha sido considerado aliado por grupos democráticos de izquierda. Tampoco debo callar el papel fundamental, objetivo y balanceado, que ahora vienen desempeñando nuevos/relanzados rotativos como Excélsior (2006) de Olegario Vázquez Raña y Ernesto Rivera y El Heraldo de México (2017) de Ángel Mieres y Franco Carreño. De ahora en adelante cada vez que la democracia mexicana esté en riesgo de debilitarse veremos a estos periódicos incluidos en muchas futuras BOAs democráticas, no importando la filiación del gobierno en turno.

Precisiones

1) No olvido el papel de las redes sociales —benditas para la oposición, malditas para el poder— ni de los medios nativos digitales, como este SDP Noticias, pero no eran el tema de este artículo.

 2) Estoy segura que la nueva prensa, de papel o de internet, continuará con la tradición de no fallarle a México ejerciendo el derecho a la crítica fundamentada (y ya estaremos, en unos lustros, haciendo la misma evaluación de ella como la hacemos ahora de los rotativos más longevos).

3) El periódico histórico que inspira a AMLO y a la 4T, Regeneración de los Flores Magón, seguramente fue visto con malos ojos por Porfirio Díaz cuando los ilusos o realistas demócratas de la época hacían planes para lograr la democracia en el país. Recordemos que de ahí toma su nombre Morena: Movimiento de REGENERACIÓN Nacional.

4) Una necesaria aclaración al presidente de México: la empresa regiomontana que edita Reforma está cerca de cumplir 100 años de vida, es decir, no tiene sentido que Andrés Manuel insista en afirmar que este rotativo nació en el sexenio de Salinas de Gortari (y gracias a este y a su venia). No entenderlo es una falta incomprensible en un presidente historiador (Krauze dixit).

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