Columnas

A mí tampoco me gustan esos moditos

AMLO, presidente de México

Molesta el modito empleado en estos momentos aciagos, donde se prefiere invertir en caprichos faraónicos en lugar de en necesidades inaplazables.

Ni picha, ni cacha, ni deja batear.
Como diría el clásico...

Definitivamente hay de modos a modos. A López Obrador no le gustó el “modito” de la propuesta del Consejo Mexicano de Negocios (CMN) y el BID Invest para proveer de créditos a las cadenas de valor (y con ello a todos los mexicanos que dependemos de las mismas). 12 mil millones de dólares, dinero del que el gobierno NO debe poner un centavo y tampoco avalarlo. Solo se solicitaba, por cortesía, del visto bueno de la Secretaría de Hacienda. Quiero pensar que cuando AMLO hizo su comentario no sabía este dato.

A mí en lo personal tampoco me gusta nada el modito de Andrés Manuel. Ese modo combativo que él cree puede desplegar por el solo hecho de ser presidente. Un estilito que AMLO utiliza a la primera oportunidad, no importando de qué asunto se trate. La forma que tiene de indicar con su dedito cuando la prensa solo crítica o cuando ya cae en la categoría de complotista. El mismo tono confrontativo y excesivo (lo reconozco) que yo, solo en ocasiones, quiero imprimirle a mis textos.

Ciertamente no me parece ese modo desdeñoso con el que el ejecutivo federal trata temas que importan al país. El constante parloteo que insiste en mostrarse en campaña, en cobrarse viejas rencillas (reales e inventadas) y el de no gobernar para todos.

Pero hay otros modos que nada gustan: a los médicos del Hospital La Raza y del Hospital Gabriel Mancera del IMSS, como los de muchos otros hospitales públicos, seguro no les agrada la forma en que son tratados; la falta de equipo de protección personal y eso de carecer de protocolos para atender a los enfermos infectados.

A los empleados del Sistema de Transporte Colectivo de la Ciudad de México no les gustó el modito de no tener insumos y métodos para cuidarse. Resultado de ello hay 31 personas enfermas de los talleres del Metro, 13 hospitalizados y, desafortunadamente, 2 fallecidos.

Seguramente a todos los funcionarios de la administración federal —de subdirectores para arriba— tampoco les gustó ese nuevo/viejo estilo que, por voluntad “soberana” del ejecutivo federal, verán recortado (otra vez) su salario y con el que se les quiere quitar su aguinaldo que tienen asegurado por ley.

Francamente poco entendible ha sido el modito empleado con los delincuentes, de abrazos y no balazos, la urgencia de que el legislativo sesionara para aprobar la ley de amnistía que libera a miles de encarcelados. El estilo con que son amenazados muchos de los que pagamos impuestos; los que crean puestos de trabajo y que, si presentan (sin conocimiento) una factura falsa, se les aplica pena de cárcel. Ese tonito amenazante usado en plena crisis para que las personas morales paguen sus impuestos a tiempo, en lugar de dedicar ese dinero a mantener a sus empleados.

Tampoco fue agradable el modito usado con Carlos Salazar, a quien le mandó una lista de grandes deudores pidiéndole que la publicara. Ni el modo tanto ofensivo como ineficaz que ha tenido el ejecutivo federal, vía el SAT, de cobrar a los morosos.

Ni la forma con la que el presidente AMLO buscaba fulminar la facultad del Congreso de reorientar el presupuesto para otorgársela a él como cabeza del poder ejecutivo. Nótese que el modito no fue solo por aquello de la entonación, sino sobre todo por lo que se pretendía realizar...

Molesta el modito empleado en estos momentos aciagos, donde se prefiere invertir en caprichos faraónicos en lugar de en necesidades inaplazables. Ese estilo en particular se vuelve incomprensible cuando a nivel mundial el petróleo cruza por su peor momento y aquí se insiste en invertir en este.

Preocupa el modo discrecional que tuvo el gabinete de la 4T de esconder por una semana el hecho de que la secretaria de la Función Pública había dado positivo a la prueba del #COVID19.

Escandaliza el soberbio y esquizofrénico estilito del subsecretario López Gatell de afirmar que el mundo está equivocado, y que el uso obligatorio de cubrebocas en lugares públicos concurridos que las autoridades dispusieron (¡y compran en cantidades industriales con nuestros impuestos!) tiene nula utilidad.

Cierto, hay moditos que también sería bueno se usaran con todos los empresarios y no solamente los amigos. Me refiero al aplicado a las empresas que fueron “balconeadas” por mantenerse abiertas como Andrea o Coppel, pero donde convenientemente nadie del gobierno mencionó a las tiendas Elektra de Grupo Salinas.

Pero tal vez el modito que más molesta es ese con el que el mandatario pretende ser infalible; uno de santurronería, de soberbia infinita que no acepta consejo o asesoría de nadie más capacitado (que los hay y muchos). Ese tono utilizado en la crisis que, por su insistencia de ser “diferente”, nos hunde más como nación que el empleado por otros que no se precian de ser diferentes.