Columnas

El jueves negro de la 4T. Tres renuncias

Presidente López ObradorAndrea Murcia, Cuartoscuro
“Hay peleas de un minuto que te roban toda la vida.”
Eyedea
“División y destrucción, hermanas gemelas son.”
Refrán

Algo está muy mal en la Cuarta Transformación cuando, en un solo día, tuvo tres renuncias. La de la subsecretaria de Salud, la Dra. Asa Cristina Laurell; la de Mónica Maccisse como titular de Conapred; y se prevé —ya la presentó— la renuncia de Mara Gómez, titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la Segob.

Si bien no se trata de tres secretarias de Estado, estas dimisiones no reflejan conflictos intrascendentes al interior del equipo de gobierno. Son tres rompimientos que se pudieron y se debieron haber evitado en rubros por demás importantes en cualquier gobierno y máxime en los tiempos que estamos viviendo: atención a víctimas, combate a la discriminación y, por si fuera poco, la salud.

Hay razones diversas detrás de estas renuncias, pero todas tienen un denominador común: las divisiones al interior de la estructura gubernamental de la 4T y la falta absoluta de un coordinador de los miembros del gobierno.

No, dicha función no debe recaer en el presidente AMLO; él es cabeza de la “Cuarta Transformación”, no quien medie en las diferencias entre sus integrantes.

En otros tiempos, dicha facultad recaía en la Secretaría de Gobernación o en un coordinador de presidencia. En esta administración, la primera actúa como una nano partícula (así de minúscula su participación) en la materia y el otro ya no existe, si bien antes estaba volcado a las tareas de inversión, alianzas productivas con la IP, crecimiento económico (eso antes de que el Presidente dijera que esta última variable no cuenta para nada).

López Obrador disfruta y vive de las giras; muy su gusto. El asunto es que cada vez que se aleja de Palacio —que es bastante seguido incluso en pleno pico/meseta de la pandemia—, los miembros de su gobierno ven cómo despedazarse entre sí. Buscan salir “triunfantes” de sus guerras internas, sin darse cuenta que las mismas solo desgastan su posición como conjunto (como si de por sí la pésima e ineficiente gestión fe la 4T no nos estuviera llevando a un precipicio). El punto es que esta es una razón por la cual deberían tener un estratega que pudiera poner un poco de orden al concierto de instrumentos desafinados que resultan ser cuando Andrés Manuel se encuentra de gira.

Ahora bien, aunque las tres renuncias apuntan a las flaquezas y divisiones de la 4T tampoco es posible encasillarlas todas a que respondan a las mismas razones.

La primera sería por diferencias programáticas (caso de la Dra. Laurell), la cual renunció en la misma línea que en su momento lo hizo Carlos Urzúa o Germán Martínez. No estar de acuerdo en la forma en que se lleva la a cabo la política de salud.

En el caso de Mara Gómez, su renuncia se da por la diferencia presupuestaria o la lucha de recursos. Austeridad mal entendida y peor aplicada ha dejado inservibles a órganos y dependencias vitales. Hoy, su comisión no tiene ni para pagar el teléfono, ya no se diga atender a víctimas. Eso en un país donde, en lo que va del año, lleva más de 13,000 personas asesinadas de forma violenta.

La más comentada, la renuncia de Mónica Maccise como directora de CONAPRED, resulta de una diferencia de posicionamiento y convicciones. Vale la pena señalar que será de los pocos casos donde Andrés Manuel pida o fuerce esa renuncia (aun cuando es sabido que su estilo es evitar recurrir a las mismas). Lo que inició como un justo reclamo (creo yo) de su esposa, Beatriz Gutiérrez al comediante, comentarista y conductor Chumel Torres, lo volvió en un problema propio. AMLO también pasó a cuestionar al comunicador (criticó este a su hijo), pero no terminó ahí. De esa crítica continuó hasta llegar a la cabeza del organismo que había invitado a dicho sujeto. Argumentando desconocer la existencia de este órgano desconcentrado de la administración pública, forzó la renuncia de Maccisse (sin tener que pedirla abiertamente).

Otra vez, si hubiera un coordinador efectivo del equipo de la 4T, parte de su función hubiera sido no permitir que la irascibilidad ganara a la prudencia, máxime en un momento tan convulsionado en México y el mundo.

Pero el efecto es aún peor puesto que no se trató de cualquier tipo de renuncias. Se trata de tres mujeres atendiendo a tres de las realidades más vulnerables por los cuales atraviesa el país (si bien el titular del ejecutivo diga que esos y otros temas vamos “requete bien”).

Las renuncias son un avistamiento del rompimiento interno y de la falta de un liderazgo en el equipo ante las ausencias de López Obrador por sus giras.

La seriedad de las renuncias no solo mostró la precariedad en ciertas aristas medulares de la actual administración. También evidenció —una vez más— como una serie de individuos afines al lopezobradorismo creen ayudarle a este denostando a las funcionarias que ya van de salida. En el caso relacionado a la extitular de la Conapred, muchos de los fieles seguidores del régimen le echaron más leña al fuego. Poco les importó que se tratara del organismo que fue creado para enfrentar a la discriminación. Los adjetivos descalificativos proferidos contra la titular: traidora, fifí, fresa o que no daba el ancho, solo sirven para crear más interrogantes a lo realizado por la 4T. En lugar de no hacer más olas, la forma que tienen estos fervientes “convencidos” del gobierno es incrementar el problema y la división. Le “aprendieron” bien al presidente AMLO, salvo que en este caso sus voces solo hacen más evidente los problemas al interior de la 4T.

Sin la menor duda, ayer se trató de un jueves negro para el régimen. Lo peor, no solo se van tres mujeres talentosas, sino que se quedan individuos de dudosa probidad (Bartlett, Ana Guevara, etc.)