29 de noviembre de 2021 | 08:12
Opinión de Verónica Malo Guzmán

Hugo López-Gatell, el multihomicida que no sabe contar

Gatell solo cuenta muertos, miente, vacaciona y se pone mal el cubrebocas. ¡Y todo es culpa de los medios!, dice.
Doctores Muerte
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Ojalá se te acabe la mirada constante<br>La palabra precisa, la sonrisa perfecta<br>Ojalá pase algo que te borre de pronto<br>Una luz cegadora, un disparo de nieve...<br>Ojalá que tu nombre se le olvide a esta voz<br>Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado<br>Ojalá que el deseo se vaya tras de ti<br>A tu viejo gobierno de difuntos y flores<br>

Silvio Rodríguez

Más de 200,000 muertos y 2,219,845 contagiados, cifras oficiales. ¿Y cuál es la respuesta ante esta masacre? Para el encargado de encarar la misma es sencillo: la culpa es de los medios.

«Los medios tienen una “afición” por concentrarse en los números redondos», dijo. Olvida que esas cifras tan frías como redondas son personas quienes perdieron la batalla ante el covid, los que no sobrevivieron a la enfermedad.

No, los medios no tienen afición por los datos a pesar de insistir que entre más precisos estos, mejor. Lo que sucede es que los números guardan el recordatorio de que representan a una persona y, detrás de ella, a una familia.

Hablar de los “números” que da a conocer —mal y de malas la autoridad— es recordar a cientos de miles de occisos y millones de contagiados.

Y mientras el número siga creciendo y apilando cadáveres gracias a la soberbia e ignominia del multihomicida López-Gatell, no será “afición” lo que hacen los medios de comunicación subrayar que esos mexicanos no debieron morir.

A todo esto, ¿quién ha estado contando desde marzo del año pasado las defunciones, las infecciones activas, las vacunas? Correcto: él, Hugo López-Gatell. De hecho, es lo único que ha hecho. Bueno, eso y mentir... y vacacionar a cada oportunidad.

Porque Gatell no visita hospitales ni aprueba medicinas; tampoco genera políticas públicas ni estrategias reales y plausibles. Vaya, ni un cubrebocas se sabe colocar correctamente.

Lo único que hace es llevar la contabilidad y ni eso. Tan mal contados que la propia Secretaría de Salud federal, en coordinación con el INEGI, manejan otros datos.

¡Claro que no sabe contar! Así lo demostró desde su dicho sobre el contagio en las escuelas, luego sobre el escenario catastrófico y después sobre la inmunidad ya alcanzada por el 50% de la población. No sabe contar que más —bastantes más— de 200 mil personas han muerto resultado del covid.

Enumerar sus pifias, yerros y altanerías llevaría demasiado tiempo. Espacio no alcanzaría para llenar todo el portal de SDP Noticias. Y mismo intentándolo no podríamos contabilizar a quienes, por seguir su ejemplo y directriz de no usar cubrebocas, fallecieron.

Se queja López-Gatell de que los medios exageran la tragedia para vender más. ¡Qué se lo diga a los miles de hijos que perdieron a sus padres! Ese número de personas enlutadas y rotas por el dolor no lo cuenta. Cínico asqueroso.

Si a alguien le interesa vender más es a él; pule su imagen política y la alimenta de las más deleznables prácticas a costa del combate al covid.

Le preocupa más cuántas veces aparece en primer plano que establecer directrices coherentes. Le alarma que los medios informen sobre el número de muertes, pero nunca se ha preocupado en evitarlas.

Le incumbe estar bien con Andrés Manuel, pero no con el país. Se afana en hacer un decálogo (¿esa cuenta si le gusta?) para estos días de asueto; se enumeran restricciones feroces para los migrantes varados en nuestras fronteras, pero no hay limitaciones o prohibiciones para los springbreakers y los millones de mexicanos que ya desbordan aeropuertos, carreteras, centros turísticos.

Cuenta las vacunas para que las Fuerzas Armadas hagan una labor más, la que debería haber sido encargada desde un principio al sector salud. ¿Pero qué se podía esperar si ni siquiera toma en cuenta para vacunar a estos últimos, al sector al que él pertenece?

Tampoco cuenta el que los expertos le expusieron desde el principio de la campaña de vacunación, que el inocular en las zonas más apartadas no era buena estrategia para alcanzar inmunidad rápidamente. “Contó” más la ocurrencia de Palacio Nacional de empezar vacunando en los poblados más remotos. López-Gatell podrá contar con un doctorado en medicina epidemiológica, mas de estadística de la infección no sabe nada.

Total que, ahora con la tercera ola de contagios encima en el horizonte vacacional, se ha determinado avanzar con la vacunación en la Ciudad de México y zonas urbanas densas, para poder cubrir la vacunación de personas de la tercera edad. Nadie sabe si dará tiempo... lo cual también cuenta o debiera contar.

Al zar anticovid y coordinador de las campañas de vacunación tampoco sabe contar dosis para inoculaciones. Solo así se entiende la maroma que realizó para explicar por qué había una reserva de vacunas sin utilizar. O por qué las vacunas llegan a cuentagotas o cuántas compró en realidad el gobierno de nuestro país. Eso no se cuenta.

Ojalá pudiésemos contar una jornada con cero muertos por covid, como lo hizo este viernes el Reino Unido. O contar con un ritmo de vacunación como en Estados Unidos, donde ya tienen más de 100 millones de inoculados y siguen contando para que en los primeros 100 días de gobierno de Joe Biden, 200 millones de personas estén vacunados (en México, en casi cuatro meses de campaña, tenemos a menos del 0.5% de la población vacunada en su totalidad/esquema completo).

Gatell tampoco cuenta las veces que la OMS ha dicho la necesidad del cubrebocas o de que se realizaran pruebas de contagio.

Para él tampoco contó la posibilidad de que contagiar a alguien cuando salió a la calle sin cubrebocas estando enfermo.

¿Para qué contar? Mejor contar cuentos de la fortaleza moral. Mejor contar las veces que los medios de información le llaman a cuentas.

López-Gatell lo sabe bien: contar muertos, infectados y la ausencia de estrategias efectivas lo señalan como lo que es. Un multihomicida que no sabe contar.

Por eso, ojalá se le acabe su sonrisa perfecta; ojalá suceda algo que lo borre de pronto; ojalá se le recuerde por su gobierno de difuntos y flores.

Es lo menos que merece.