La generación del cinismo tecnócrata

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A raíz del reportaje: “Peña Nieto: de plagiador a Presidente”, preparado y difundido por el equipo de Carmen Aristegui (agosto, 2016), sobre la tesis de licenciatura en Derecho (Universidad Panamericana) del actual jefe del Ejecutivo, se han activado los radares periodísticos en todos los frentes para localizar a aquellos miembros de la clase política (pero también cultural y académica), que practican “plagios” intelectuales o son “amigos” del texto ajeno.

En ese mismo contexto del “robo de ideas”, el 22 de septiembre pasado, en el sitio de Educación Futura (EF) se dio cuenta de otro caso reciente no sólo de plagio intelectual, sino de cinismo tecnócrata.

En una nota firmada por Erick Juárez Pineda, en EF, éste informa que el “Ex titular de la SEP, Fausto Alzati, plagia a autor de Educación Futura”.  La nota se refiere al uso, sin autorización, de ideas escritas por el profesor e investigador Germán Álvarez Mendiola, del Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV-IPN, quien publicó el 20 de septiembre pasado el texto denominado: “El repliegue de la CNTE” (http://www.educacionfutura.org). Dos días después, Alzati Araiza, en Excélsior, dio a conocer un texto con el título: “La CNTE: Película de terror y suspenso”, en el cual copia, sin permiso, 281 de 607 palabras del texto original.

De inmediato, Alvarez Mediola envió una carta al director de Excélsior, Pascal Beltrán del Río, para darle a conocer este acto desaseado, cometido por Alzati. La respuesta de éste último fue a todas luces cínica al responder lo siguiente:

“En su cuenta de Twitter, el ex funcionario aceptó que copió el texto de Álvarez Mendiola, “pero solo para darle mayor difusión”. Por si fuera poco, Alzati alegó que, debido a lo anterior, “No hay nada qué denunciar”… “En este sentido, detalló que no citó la fuente porque en su columna sólo “disponía de 3 mil 600 caracteres, y se trata de un comentario periodístico, no académico”. (Los fragmentos entre comillas fueron tomados de EF)

Sin tratar de generalizar, pienso que en el affaire Alvarez-Alazati se muestra, una vez más, la actitud cínica de un sector de la clase política, especialmente tecnócrata, que al parecer no tiene límite, ya que nos presentan con frecuencia argumentos técnicos, para tapar una falta de honestidad. (Fausto Alzati fue director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACyT, y titular de la SEP durante una parte del sexenio de Ernesto Zedillo, cargo al cual tuvo que renunciar, pues no estaba graduado como él lo afirmaba).

Independientemente de la cantidad de caracteres disponibles y de la condición académica o periodística de un texto, un colaborador o escritor de cualquier ámbito editorial, debe mantener la honorabilidad y renunciar a cualquier intento de deshonestidad intelectual. Por lo tanto, los argumentos esgrimidos por Alzati no sólo son inaceptables, sino que ofenden a la inteligencia de la comunidad nacional e internacional.

La práctica de tomar ideas de otros, sin la autorización correspondiente, no sólo es una actividad ilícita que puede conducir a sanciones penales, sino que también constituye una falta ética y de impacto adverso en contra del interés educativo y cultural de una sociedad.

Junto con este caso, recientemente se han ventilado algunos otros episodios escandalosos y lamentables de uso, sin autorización, de las ideas de otros. Por cierto, a esta falta popularmente se le ha dado el nombre de “plagio”, pero en realidad se trata de faltas violatorias al derecho de autor, sobre todo cuando tienen efectos de comercialización.

Asuntos de copias de este tipo, litigados o no, por ejemplo, como el de un académico del Colegio de México, (Rodrigo Christian Núñez Arancibia, según nota de SDP Noticias, 10 de julio de 2015), o como el del proyecto de Universidad que presentara en su oportunidad la Dra. Rosaura Ruiz, de la Facultad de Ciencias, que aspiraba a ocupar la Rectoría de la UNAM (2015), han sido ampliamente difundidos en los medios electrónicos. Incluyo en esta serie, el conocido escándalo protagonizado por el escritor Sealtiel Alatriste, quien reconoció las acusaciones del también escritor Guillermo Sheridan, cuando denunció textos ajenos del primero, firmados como propios; hecho que tuvo como consecuencia la renuncia de Alatriste al Premio Xavier Villaurrutia y a la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

El “robo” de fragmentos de escritos o párrafos completos, que consiste en no dar crédito o no citar, intencionalmente o no, a los o las autores originales, es una práctica que se presenta con frecuencia en la literatura, el periodismo y en la academia o comunidad científica. Quizá motivados por los premios, reconocimientos o la ambición de ocupar cargos públicos o posiciones clave en la burocracia académica o cultural, los involucrados son más de los que pudiéramos imaginar.

El caso de los miembros de la clase política se cocina aparte, porque se trata de funcionarios o representantes populares, que ocupan puestos clave en la toma de decisiones que afectan la vida nacional, además de que juran lealtad, deben ser ejemplo al respetar las leyes y perciben un salario como servidores públicos.

El panorama frente a la copia no autorizada de textos, que como sabemos se practica en México y en otras latitudes, es doblemente lamentable, en la medida en que se hace con dolo, cinismo e impunidad. Una sociedad que no sanciona por estas faltas a los autores, ya sean escritores, periodistas o políticos, se convierte en una comunidad que está condenada a la simulación, y se hace cómplice de la deshonestidad y la corrupción.

¿Qué sucedería en nuestra sociedad si existieran consecuencias y sanciones ejemplares para quienes cometen estas faltas? ¿Qué cambio de fondo se daría si la aplicación de las leyes, aparte del juicio moral, imperara? ¿Qué sociedad seríamos si la aplicación de las normas velara por el respeto a las ideas y la honestidad intelectual? Estaríamos seguramente en otro lugar, cualitativamente diferente, y viviríamos en un Estado de Derecho en el que, desde la cima del poder hasta la base de la sociedad, se pondría un alto a estas prácticas.

*Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro.

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