Este pasado 26 de junio

Carmen Aristegui entrevistó a Fabio Massimo Covarrubias Piffer. En algún momento de la entrevista, el ex director de Fertinal se refirió a la periodista como “mi reina”, lo cual fue respondido con un tajante “no me digas mi reina”. Este intercambio generó en redes aplausos a la entrevistadora y críticas al entrevistado.

El 5 de septiembre de 2018

Andrés Manuel López Obrador, aún presidente electo, al ser abordado para conocer su opinión de que los diputados del PVEM se pasaban a la bancada de Morena, para zafarse sin contestar soltó el célebre “no voy hablar de ello, corazoncito” y enfatizó con “voy a la reunión ahora con los legisladores, corazones, corazoncitos”. Las redes sociales se dividieron en quienes lo consideraron un desafortunado comentario y quienes justificaron a López Obrador. Él mismo, en su rueda de prensa al otro día, explicó: “yo les estimo mucho, les quiero, llevo a la práctica el principio filosófico del amor al prójimo… ¿cómo las voy a tratar? Pues así, con cariño…”.

Uso y abuso del idioma

¿Bueno, malo?, ¿discriminación verbal?, ¿amor y paz?, ¿simple piropo? ¿Cuál es la diferencia?

La forma en que nos comunicamos informa, etiqueta, denuesta, alaba o trastoca realidades. El contexto también juega un papel importante, donde una frase puede cambiar su significado y valor. Lo que no debería ser es que cierto tipo de expresiones, sean permitidas porque una cierta persona las realiza y en otros no. Aquella vez cuando el presidente electo llamó “corazoncitos” a las reporteras de la fuente, se justificó. Pero cuando un ex director de una empresa cuestionada llamó “mi reina” a la comunicadora, no hubo justificación para su dicho.

El lenguaje encabezado por la 4T

Gabriel Zaid ya había descrito a Andrés Manuel López Obrador como “el poeta del insulto”. Ha llegado a citar más de 60 adjetivos descalificativos usados por el tabasqueño, mientras le “aplaude” que es de los pocos políticos con una gran riqueza de vocabulario (aunque la utilice para insultar...). Y así, cobijado por sus conocidos “con todo respeto” y “amor y paz”, el mandatario que etiqueta de manera tajante a sus adversarios.

Pero no solo eso. Hay palabras cuyo verdadero significado se diluye al darles una connotación negativa; como si formar parte de cierto colectivo se tradujera en traición a la patria.

Desafortunadamente el vocabulario de ciertas personas no solo es anecdótico; cruza ideologías, permea en la ciudadanía y eleva el nivel de violencia verbal diaria. Basta leer a Fernández Noroña en Twitter (tiene uno de los vocabularios más soeces de dicha red) o, del otro lado, a Jan Herzog quien abusa de la misma actitud para expresarse de los miembros de la 4T.

“No me llames así”

Ni puritana ni espantada por el lenguaje que se utiliza, tan solo convencida de que las palabras pueden construir puentes o barreras. Unir o dividir unir y dividir radica en la forma en cómo comunicamos y expresamos nuestras ideas.

Por lo mismo, ya basta del vocabulario denigrante, sean frases hueras —que minimizan al interlocutor— o peyorativos —cuya misión es dividir y denostar al contrario.

Dejemos de usar el vocabulario despectivo de uno y otro lado, y exijamos que no se nos llame así. Ni chairos o fifís, ni reinas o corazoncitos; tan solo mexicanos.

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