Columnas

¿La trayectoria de la actual Reforma Educativa en México podría o no cambiar de rumbo?

Los excesos retóricos y demagógicos de las reformas educativas más recientes (2013 y 2019), puestas en práctica en México, han demostrado dos cosas: 1) Una enorme separación, un abismo o una baja empatía entre las élites o grupos de dirigentes políticos, empresariales, de especialistas, burocracias sindicales, de medios de comunicación, etc. y las maestras y los maestros que construyen comunidades educativas o escuelas. Y 2) un rotundo fracaso para generar cambios de fondo en la estructura, los contenidos y los indicadores del sistema educativo nacional. Pienso sobre todo en la base de ese sistema que descansa en la educación básica pública (Preescolar, Primaria y Secundaria) por dos razones: a) Por su importancia en sí misma, cuyo ejercicio y cumplimiento de derechos implica a la mayor parte de la población, y b) Por su impacto en otros niveles y formas educativas, sociales y culturales existentes en el país.

¿Cuáles son los argumentos como para llegar a la conclusión de que hay más continuismo que ruptura en educación?

1) Primero las leyes, luego lo demás: Ambas iniciativas de reformas apostaron por el cambio, primero, del texto constitucional y las respectivas leyes secundarias. Eso quiere decir que el proyecto educativo y pedagógico se dejó para después. “Eso es lo de menos”, dicen. A ninguno de los dos núcleos reformistas (donde participan generalmente grupos selectivos de expertos o especialistas) se les ocurrió ni se planteó hacer o generar cambios de otra manera. Como lo afirmé en mi libro sobre “Cambio Educativo… (2018)”, ambos gobiernos pusieron primero a la carreta y por detrás a los caballos.

2) Que se haga de “arriba hacia abajo”: Las élites que toman en sus manos el diseño de las reformas educativas, piensan (de manera generalmente peyorativa) que las maestras y los maestros, así como las y los directivos escolares, están sólo para aplicar lo que les ordenan “desde arriba”. Las dirigencias que impulsan o promueven el “reformismo” educativo no consideran que el movimiento hacia el cambio educativo puede venir “desde abajo”. Como dirían los especialistas de la OCDE: “La educación es muy importante como para dejarla en manos del magisterio”. Es en serio, así se expresan.

3) Tecnocracia y enfoque “competencial”: El núcleo teórico-metodológico hegemónico que está detrás de estas iniciativas y que da soporte la operación pedagógica de esas dos reformas educativas, es el mismo. Se trata del enfoque impuesto, y dominante, denominado “competencial”, el cual no solamente tiene como fortaleza a los cuatro pilares de Jaques Delors (saber “saber”, saber ser, saber hacer, saber convivir), sino que apuesta o pone “la carne al asador” sobre uno de ellos: el “saber hacer”, sin que generalmente se llame a reflexionar acerca del porqué caminar con esa visión pragmática de la realidad educativa, a no ser que estén o sigan instalados en la lógica de “producir sólo mano de obra calificada”.

El gobierno de la “4T” sigue atornillado, desde el punto de vista “técnico-pedagógico”, en la distribución acrítica de los llamados “aprendizajes esperados”, como derivación del lenguaje y la lógica competenciales. Por cierto, el área educativa de la OCDE a éstos les denomina “aprendizajes o habilidades clave o llave” (key skills). Por lo tanto, no hay un pensamiento educativo alternativo, reflexivo, por parte del gobierno de la “transformación de la vida pública” de la nación, que llegó con un significativo respaldo popular en 2018. No al menos en el ámbito de la educación pública.

Me parece, además, que la iniciativa de reforma educativa que el presidente López Obrador envió al Congreso el 12 de diciembre de 2018, fue más reactiva que propositiva y sin la visión de dar un impulso hacia un cambio educativo radical. Los hechos demuestran que hay continuidad. De hecho, no hay un núcleo ideológico, consistente, potente de parte del gobierno en turno, que defina o establezca el tipo y alcances de la reforma educativa que se puso en marcha desde hace dos años.

En contraste, en 2013, (y no lo digo por reivindicar nada) las y los ideólogos reformistas y tecnócratas de la educación (concentrados selectivamente en el desaparecido Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, INEE), llegaron al exceso de denominar a “su” reforma estructural, también, como “reforma institucional”:

“En nuestra opinión, lo que se ha introducido en el sistema educativo mexicano no es una reforma sólo de carácter técnico con implicaciones en el ámbito laboral, o una modificación que se agote en la esfera de los cambios de funciones y estructuras. Creemos que una lectura atenta de los textos que dan soporte legal a la Reforma permite visualizar retos inmediatos y próximos en relación con su puesta en práctica, que afectan los modos de concepción y formas de organizar las tareas, así como los patrones y formas de interacción, tanto horizontales como verticales dentro del sistema educativo. Esos retos son de diversas naturalezas, pero parten del reconocimiento de que, más allá de la ampliación o mejora sustancial en la definición del contenido y la titularidad de los derechos, la incorporación de nuevas funciones que demandan nuevas estructuras para garantizar que el Estado cumpla con sus obligaciones encomendadas pueda ser denominada, con justicia, como una reforma institucional. Por reforma institucional estamos entendiendo un proceso de cambio que implica la construcción de un nuevo andamiaje de reglas que propician modificaciones, tanto en la esfera de las conductas individuales de los actores del sistema, como en los patrones de conducción e interacción inter e intraorganizacionales.” (1)

4) Una reforma no rupturista, sino continuista: Como lo he afirmado en otras colaboraciones: Con el gobierno federal de la “4T” no hay ruptura en lo educativo, sino todo lo contrario: En lo que va del sexenio, y hay claras evidencias de ello, lo que tenemos es, reitero, continuidad.

Frente a los hechos contundentes y las evidencias registradas, me pregunto si la trayectoria de la actual Reforma Educativa en México podría o no cambiar de rumbo. Lamentablemente, con la alineación que tenemos de autoridades educativas federales y estatales (no todas), se ve lejano ese horizonte.

5) El rol pasivo al magisterio: El papel que se dejó a las maestras y los maestros de las escuelas y demás integrantes de las comunidades educativas, fue de “seguidores pasivos” de las iniciativas cupulares: Así lo expresaron las y los reformistas del proyecto político conocido como “Pacto por México”: “Apropiación de los sentidos de la Reforma por parte de los actores involucrados en el sistema educativo.”… “Quiere decir construir las interpretaciones —mediante negociaciones y acuerdos— de los temas centrales de la Reforma, en especial de los que requieren articulación para propiciar una auténtica apropiación de su sentido último por parte de los actores del sistema, en todos sus niveles, dentro y fuera del sector público. Una vez que los legisladores ponen las reglas del juego, son los actores, dentro y fuera de las burocracias de los distintos órdenes de gobierno, quienes les dan interpretación y sentido mediante su quehacer. Pero para eso deben partir de acuerdos mínimos en torno a los significados y alcances que asumirán los conceptos, mecanismos y demás elementos contenidos en la legislación secundaria. Hay casos donde están muy claramente establecidos —de forma explícita— derechos, obligaciones, atribuciones y plazos. Pero no ocurre así en todos los temas y situaciones. Además, esta construcción no se refiere sólo a discusiones y negociaciones entre actores dentro del sector público, sino también entre actores que forman parte del sistema educativo aunque no pertenezcan al sector público, como el caso de los padres de familia. Así que la apropiación demandará discusión y acuerdos. Será tiempo y esfuerzo, pero, sobre todo, voluntad política de las partes.” (misma obra)

6) Ante la pobreza de conceptos reformistas, toma su lugar la demagogia: Así se ha expresado el actual mariscal de López Obrador, en materia educativa, el secretario de la SEP, Esteban Moctezuma, sobre la Reforma: “Las adecuaciones a la nueva reforma educativa serán las que requiere la educación”… "Se está haciendo una reforma a modo de lo que requieren nuestros niños y niñas, para ser personas que tengan educación integral. Regresó el civismo y los valores, la educación estará en manos de los maestros revalorados y pensamos que el fortalecimiento de la educación pública va a ser en beneficio de todo". EMB (2) Esto también es en serio: Así se expresa el señor secretario.

Sin duda, a partir de estos argumentos, y otros que por supuesto se generan en la comunidad estudiosa de “lo educativo”, y específicamente de las Reformas Educativas, es necesario dar pie a un gran debate nacional y local no solamente acerca del contenido y los métodos con los cuales se han lanzado las llamadas iniciativas de “reformas educativas” en México, sino también para pensar y repensar hasta qué punto ese discurso y esos caminos o formatos de cambio se han agotado hasta llegar a un estado de crisis de legitimidad y credibilidad.

Fuente consultada:

(1) INEE-CDD. (2015) Reforma educativa. Marco normativo.

https://www.senado.gob.mx/comisiones/educacion/docs/docs_INEE/Reforma_Educativa_Marco_normativo.pdf

(2) Declaración recogida por el diario El Universal, 1 de abril, 2019.

https://www.eluniversal.com.mx/nacion/esteban-moctezuma-adecuaciones-nueva-reforma-educativa-seran-las-que-requiere-la-educacion

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