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Por esto es que le arrebataron la vida a la pequeña Ayelin

Ayelin.Especial

Ayelin está muerta y cómo no querer que todo arda cuando ni siquiera quienes tendrían que procurar la verdad, se atreven a nombrarla.

Sólo tenía 13 años, era una niña que vivía en Guerrero y qué fue asesinada a tan solo 500 metros de su casa. Pero no sólo la mataron. Su cuerpecito estaba desmembrado y tirado en un baldío, Tixtla se enlutó pero todas están ardiendo de furia.

Ayelin no fue raptada por descuido de su madre, como se ha pretendido hacer creer desde el machismo rapaz que piensa siempre en culpar a las víctimas por sus propias muertes si es que son mujeres. Ayelin no fue asesinada por “provocar” a nadie pues era una niña que apenas y salía. Ayelin no fue asesinada por “salir con esa ropa”, aún tenía tenia y cachitos de ropa deportiva cuando la encontraron en la colonia La Candelaria. Ayelin no fue asesinada por “estar de noche en la calle” pues se la llevaron a plena luz del día cuando la pequeña se encaminaba a ver a su mamá y hermana en el puesto de reciclaje a la orilla de la carretera Tixtla-Chilapa donde trabajan. Ayelin no fue levantada “por andar en malos pasos” pues la niña de 13 años vivía en una de las colonias más pobres, inaugurada hace apenas 4 años y con servicios básicos limitados que daban a la humildad se su familia la luz suficiente para el día con día.

Ayelin fue víctima de feminicidio como 11 mujeres lo son al día. Ayelin fue asesinada por la combinación terrífica entre misoginia, crimen organizado, impunidad, incapacidad institucional y principalmente por la indiferencia.

Ayelin era solo una niña y su feminicidio ocurrió en la zona que se disputan Los Ardillos para entrar al municipio y secuestrar a jóvenes presuntamente vinculados con Los Rojos. ¡Pero Ayelin era una niña! Ayelin fue asesinada por los feminicidas pero también por la Fiscalía del Estado de Guerrero que ni siquiera ha encuadrado el crimen como un feminicidio.

Ayelin podría quedarse sin justicia porque el Estado decidió llamarle simplemente “homicidio” a un crimen que tiene todas las características de asesinato en razón de género. Dicen en un comunicado que la causa de muerte fue “trauma cráneo encefálico” y se dice también extraoficialmente que su cuerpecito mutilado tenía expuestos los órganos sexuales al desnudo.

Ayelin fue probablemente abusada y violada sexualmente. No hay duda en que su cuerpo quedó exhibido en la calle a unos metros de su casita de madera con techo de lámina. Ayelin fue víctima de feminicidio infantil y Guerrero ni siquiera puede reconocerlo así.

Desde entonces los enfrentamientos entre grupos crimínales que se diaputan del control de Chilapa, Chilpancingo y Tixtla, los feminicidios son pan nuestro de casa día y solo más familias de las víctimas se atreven a llorarles en público, a veces, a alzar la voz como ayer que se exigió justicia para Ayelin.

El terror debería tener a la guardia nacional cuidando a las niñas y a las calles. Pero no había nadie ahí. Ayelin fue levantada, reportada como desaparecida y cuatro días después, descubierta en un baldío desmembrado. Con un nivel de crueldad que sólo los confían en la impunidad pueden darse.

A la pequeña Ayelin le arrebataron la vida porque en medio de la nada, el más fuerte es el que manda y el Estado no puede dar ni seguridad, ni verdad ni justicia. Le arrebataron la vida los que sabían que nada les puede pasar porque la propia fiscalía ni siquiera sentó las bases para una investigación que entienda la magnitud del delito: fue FEMINICIDIO.

Ayelin fue asesinada también porque el 92% de los feminicidios quedan sin castigo y ser hija de una familia pobre que no podrá pagar los costos de abogados, ni traslados a las fiscalías y tampoco el acceso a la justicia es prácticamente, una sentencia anticipada del silencio.

Quien diga que no hay feminicidios, miente; quien afirme que todo está bajo control con las mujeres, miente. Quien se atreva a sugerir que son pleitos privados los que arrebatan la vida de 11 mujeres al día, miente descaradamente.

Ayelin está muerta y cómo no querer que todo arda cuando ni siquiera quienes tendrían que procurar la verdad, se atreven a nombrarla.