Columnas

La naturaleza no hace experimentos

Confinamiento Pedro Valtierra / Cuartoscuro

Es evidente que una gran mayoría de terrícolas buscan culpables de su tragedia

Elke Van Hoof, maestra en Psicología de la Salud de la Universidad de Vrije, en Bruselas, se hizo célebre al publicar: “El confinamiento es el mayor experimento psicológico de la historia”. Entiendo lo que la maestra quiere decir, pero considero que está a un milímetro de cometer un error (salvo que le dé un giro místico a su aseveración).

Un experimento es un procedimiento llevado a cabo para comprobar o refutar una hipótesis. Generalmente son pruebas donde se manipulan las condiciones para producir efectos condicionados, salvo que se trate de un experimento natural, donde no hay forma de intervenir en el fenómeno, sino que empíricamente se observa (como es el caso de la epidemiología). En todos los casos hay intervención humana, ya sea manipulando directamente las condiciones del experimento o sacando conclusiones sobre el suceso observado, para tomar acciones a partir de las conclusiones.

El experimento psicológico más grande de la historia fue separar a dos individuos biológicamente diferenciados y ponerlos a convivir (cuya energía se trasmuta dramáticamente si de esos individuos se genera un tercero, pero basta con ponerlos a convivir para que generen conflictos entre sí y sobre su entorno).

Estrictamente hablando, la naturaleza no hace experimentos, sino que toma acciones directas que determinan la trama de las diferentes formas de vida a través del tiempo.

Toda mutación o trastorno ambiental de grandes proporciones no es experimento, sino una nueva disposición de la naturaleza en la que no necesariamente interviene el ser humano. Abundan los ejemplos: la desaparición de los Dinosauros, la transformación del mono en hombre, los tsunamis, acontecimientos que escapan a una explicación o justificación (como el hecho de que Netflix tenga un documental sobre la vida de Walter Mercado).

Primero se quiso culpar a los murciélagos, luego a los chinos; es evidente que una gran mayoría de terrícolas (justificadamente molestos por la situación) buscan culpables de su tragedia (incluso en políticos o médicos, por no reducir las muertes de la pandemia). Es natural, está en sus genes; además del miedo, el instinto de autoprotección busca la manera de erradicar enemigos que atenten contra su especie para protegerse.

Las formas de reaccionar, combatir y adaptarse a la pandemia por parte de los humanos, están condicionados por sus genes y relaciones con el medio ambiente. Si sobreviene una crisis económica por el coronavirus, no es culpa de El Peje, el doctor Gatell ni de ningún gobernante en el mundo. Ni tampoco existe responsabilidad alguna por parte de los gobiernos por no brindar ayuda psicológica a tiempo para resolver las crisis provocadas por el confinamiento. Nuestra especie no había tomado en cuenta la salud mental (ni espiritual) en su idea de progreso. Ahora puede rectificar (aunque no le parezca importante cualquier aspecto que no se relacione con el dinero).

Si Elke Van Hoof le diera un sentido místico a su aseveración, aceptaría que el ser humano no es el que hace los experimentos, sino que una Inteligencia, que planifica todo acontecer en la naturaleza, hizo un experimento al poner al ser humano a hacer experimentos (es decir, que la naturaleza usó a uno de sus elementos para conocerse a sí misma).

Nada está fuera de los planes de la naturaleza. Lo que tiene el ser humano como cualidad distinta a las demás especies, es que puede observar y dirigir la naturaleza, un poder que se le dio para gobernar el planeta, pero para gobernar tomando en cuenta el beneficio de todos (los demás seres vivos, la ecología); respetando y administrando sus recursos con sabiduría, no gobernando como César Duarte o cualquier gobernante que busque un abuso de poder.

La situación que estamos viviendo los terrícolas es un conflicto que nos presenta la Inteligencia Cósmica, con el fin que aprendamos a rectificar nuestras actitudes erróneas y aprendamos a ser felices de la mejor manera posible.

Dice un relato talmúdico que el Nombre Divino dijo: “Los humanos aprenderán a recibir para dar, y si no lo aprenden, ya les pondré un rey severo para que aprendan”.