Columnas

La docencia mediada, hoy, frente a los escenarios actuales, es más un acto patriótico que una profesión.

La docencia 

I

Hoy, se encuentra mediada por las nuevas tecnologías de la información, el conocimiento y la información, en cualquier nivel educativo, además de otras mediaciones burocráticas o académico-administrativas, y está constituida por piezas sueltas poco integradas.

A la docencia se le sitúa, en esta coyuntura compleja, como parte de la educación a distancia, sin serlo, en sentido estricto. La docencia presencial, no mediada por las nuevas tecnologías electrónicas, es el formato sobre el que las y los docentes fueron formados o preparados.

De tal manera que, sin la actualización oportuna y pertinente que demanda este “nuevo” trabajo de las maestras y los maestros, la docencia mediada está montada sobre las ruinas de la docencia presencial, con sus contradicciones, tensiones y zonas iluminadas.

Cada quien se rasca con sus propias uñas

Así, en una época de emergencia sanitaria, la docencia está partida en pedazos. El contacto con las y los estudiantes es remoto, cuando lo hay; o nulo cuando no hay conectividad. Desde hace casi un año, estamos frente a un fenómeno social y educativo caracterizado por cambios sin precedentes, donde la sensación de avance, en realidad, es un retroceso. 

Es una época de adaptaciones individuales y sociales vertiginosas tanto en los métodos como en la materia de trabajo; hay percepción de frustración en los trabajos docentes, sobre todo porque no existen los apoyos ni el acompañamiento profesional que requiere esta labor.

Cada quien se rasca con sus propias uñas para solventar las necesidades pedagógico-didácticas y de recursos tecnológicos. No hay un acompañamiento institucional ni una atención en infraestructura tecnológica del tamaño de la emergencia. Las autoridades educativas sólo desatinan al decir, en tono sarcástico: “no son vacaciones”.

Las acciones de capacitación y actualización en materia de trabajo y prácticas docentes o directivas escolares, dirigidas hacia las figuras educativas, son inexistentes, nulas o superfluas. Dar a conocer cómo funciona una plataforma para realizar video-conferencias, no es una capacitación seria, profesional. O dar al docente los procedimientos para crear una cuenta de correo electrónico, con el membrete de “formación continua”, es simulación.

Sistema educativo mexicano

Sin embargo, las autoridades educativas federales dicen que hay una revaloración social del magisterio. Que la sociedad reconoce, por fin, la importancia del trabajo docente y directivo. Que gracias a las maestras y los maestros de México (y de todo el mundo), el sistema educativo mexicano (y de cada nación) sigue su marcha. Todo es miel sobre hojuelas. Es hora de levantar un monumento a los héroes de la educación mediada. Los políticos estarán listos para colocar coronas de flores y hacer honores a la bandera en ceremonias, con cubrebocas mal puestos, para rendir tributo a la docencia.

II

Debido a la vulnerabilidad, en el ámbito de la salud, miles de maestras y maestros, hoy, realizan (realizamos) sus actividades docentes en condiciones adversas: cuidados extremos para no caer enfermos y para no provocar la enfermedad en los otros; revisiones médicas periódicas para identificar síntomas o padecimientos; regímenes de alimentación y actividades físicas para evitar debilitamientos; gestionar exámenes de laboratorio para determinar si se confirma, o no, la presencia del virus que provoca Covid-19. Inevitable angustia y pánico frente a las noticias diarias de una “pandemia contenida”, que se contradicen ante la gélida estadística cotidiana.

Pero hay que “aplanar la curva” en medio de la incertidumbre y el estrés que genera esta condición de vulnerabilidad. A las y los docentes se les exige cumplir con los protocolos administrativos para entregar los registros de evaluaciones de los aprendizajes, en tiempo y forma. Además, en la educación básica, las autoridades federales y estatales presionan a las y los docentes para que localicen a las y los estudiantes e indiquen cuáles son las razones por las cuales no se han conectado o se conectan en forma intermitente. La función del trabajo social se suma a las actividades docentes mediadas. La consigna “quédate en casa” se vuelve un chiste de humor negro.

III

La emergencia de la crisis sanitaria y económica también puso en evidencia las desigualdades sociales y la inequidad en el acceso a las nuevas tecnologías, además de la brecha educativa en tecnologías.

Pero no se preocupen, queridos padres y madres de familia, si ustedes no tienen internet, ni teléfono celular para conectarse con la escuela, con la maestra o el maestro, ni con el director o la directora, para eso están la TV y la radio.

En vez de realizar una cruzada nacional para promover los hábitos de lectura y escritura entre estudiantes y sus familias, lo más brillante que pudieron proponer (e imponer) las autoridades educativas en esta crisis, fue fomentar los hábitos de “sentarse frente a una pantalla o un dispositivo electrónico”.

Ahí están, dijo el secretario de educación pública, 450 millones de pesos para que los nuevos educadores televisivos realizaran miles de programas de TV y radio. ¿Cuánto invirtieron el gobierno federal y los gobiernos de los estados para la edición de libros o la compra de los mismos durante los últimos 11 meses de confinamiento? ¿Cuántos escritores y escritoras, cuentacuentos, actores de teatro o artistas, con perfiles docentes, fueron contratados durante el último año para generar alternativas pedagógicas semipresenciales?

IV

La despersonalización, el distanciamiento y la ruptura de las relaciones interpersonales directas, son las constantes durante las jornadas de la docencia mediada.

Las reconstrucciones de las nociones automatizadas del conocimiento y la centralidad en los aprendizajes orientada hacia las formas, pero no en los contenidos, marcan las pautas del nuevo trabajo docente mediado, teledirigido, semiautomatizado.

Las cargas docentes no disminuyen. Las funciones sociales de la docencia, por el contrario, aumentan. Los niveles de responsabilidad crecen, aunque a las autoridades educativas les parezca, y en ello están convencidas, que vale la pena (¿no vale la alegría?) el esfuerzo realizado. Porque la docencia mediada, hoy, frente a estos escenarios actuales y futuros, de rompecabezas, es más un acto patriótico que una profesión, del cual la nación le estará profunda y eternamente agradecida.

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