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Gobierno federal, a través de la SEP, paga 450 millones de pesos a televisoras privadas para producir y reproducir programas de "Aprende en Casa".

La SEP paga a televisoras, pero no a ilustradores de libros de texto.

Al parecer, la crisis del reformismo educativo en México, se empareja con una nueva crisis de la educación en general (pospandemia), por acumulación de problemas y por efecto de las decisiones que ha tomado el gobierno del presidente López Obrador, en medio de dos crisis previas o de base: de salubridad y económica, que han impactado de manera global y local durante estos dos años, 2020 y 2021. ¿Habrá crisis política luego de las elecciones intermedias o programadas para este año?

En México, hoy, el gobierno federal, a través de la SEP, paga 450 millones de pesos a televisoras privadas para producir y reproducir programas de "Aprende en Casa", pero no quiere pagar un peso a creadores e ilustradores, ni a docentes de programas como PRONI y PETC. ¿Por qué negar recursos públicos para pagar a trabajadores de la educación y a profesionales independientes? Un gobierno “del pueblo y para el pueblo” no puede caminar con ese tamaño de incongruencias. ¿Dónde queda la idea que buscaría la construcción de un “Estado de bienestar”?

En un texto publicado en 1989, R. E Young se refiere a la crisis de la educación (en Europa, Australia y EU) como un proceso de agotamiento de paradigmas (idea surgida a partir de un texto previo de J. Habermas), pero también como parte de un proceso más amplio que tiene que ver con la pérdida de legitimidad institucional, y no sólo como un proceso derivado de las “previsibles” causalidades económica y política.

En esos textos, escritos hace más de 30 años por J. Habermas (1986) y R. E. Young (1989), ambos describen de manera comprensiva y amplia la crisis educativa de finales del siglo XX en Europa, EU y Australia, y sugieren interpretaciones interesantes acerca de ese fenómeno.

Por su vigencia durante este inicio de la tercera década del siglo XXI, tanto en esas naciones como en nuestros países latinoamericanos, reproduzco a continuación algunos fragmentos de dichos textos.

 

“El análisis de Habermas sobre las tendencias de crisis del capitalismo avanzado o tardío, en su obra La crisis de la legitimidad (CL), proporciona una explicación teórica excelente de este modelo de crisis”, señala Young. (1)R. E. Young

Basado en la obra de J. Habermas, Young considera que hay una “crisis de legitimidad” de las instituciones en el régimen político adoptado en esas naciones, entre los años 1960 y 1980. Se refiere, específicamente, a la aspiración de consolidar el “Estado de bienestar”.

“Habermas sostiene que (la crisis educativa y de las sociedades “modernas” en general) es el resultado del agotamiento de un ideal utópico concreto, una forma de visión parcial e incompleta compartida tanto por la nueva derecha como por la vieja izquierda, una forma de daltonismo en la que el analista ve únicamente el mundo del trabajo y de la productividad material, y entiende los procesos sociales tan sólo en función del movimiento de los «medios» de obtener dinero y poder, esto es, en términos económicos y políticos" (Young, 1989)

Crisis educativas entre los años 60´s y 80´s

Así describía e interpretaba Young, en 1989, parafraseando a Habermas, las crisis educativas de las décadas del periodo comprendido entre los años 60´s y 80´s del siglo pasado:

“Comenzó como una crítica de formas culturales y administrativas específicas y se amplió a temas más generales, como los relacionados con el movimiento de los derechos cívicos en Estados Unidos. Fue una crisis limitada principalmente a los adolescentes y jóvenes, grupo liberado por primera vez de las restricciones de la moral tradicional, en un momento de su vida en el que tenían poco o ningún compromiso con la estructura existente del status ocupacional y financiero, y en circunstancias políticas que se consideraron ilegítimas e incluso una amenaza para la vida. Sólo en su fase de madurez este proceso unió las condiciones políticas y económicas más generales a las cuestiones particulares con las que comenzó la crisis. En la actualidad, en condiciones que amenazan el status de la generación anterior, muchos de cuyos miembros son los mismos adolescentes de la década de 1960 ahora ya mayores, la crisis se percibe más globalmente desde el principio como una crisis de todas nuestras instituciones.”

Un fragmento particularmente significativo de tales textos, donde se abordan las contradicciones del Estado de bienestar en Europa, Australia y EU, es el siguiente:

“Las políticas de ampliación del Estado de bienestar tuvieron en la educación, como en los demás sectores, sólo efectos marginales sobre los problemas que supuestamente debían resolver. Continuaron los problemas de motivación y legitimidad. Se redujo la pobreza absoluta, pero se mantuvo la pobreza relativa; en el Reino Unido y en Australia se hicieron pocos progresos en la igualdad de oportunidades educativas lograda tras el comienzo de la década de 1970; en Estados Unidos este tipo de avance pudo haber tocado techo un poco más tarde. Cuando llegó la hora de la reforma administrativa y pedagógica, las escuelas se mostraron más intransigentes de lo previsto.”

Los riesgos de una crisis política

Mientras tanto, durante estos días, comienzan, en México, las campañas políticas que ofrecen imágenes y dichos coyunturales (no necesariamente plataformas ni programas políticos), ello con la finalidad de ganar preferencias y elegir a 15 gobernadores o gobernadoras (disputa local con significado nacional); así como para seleccionar a los integrantes de la Cámara de Diputados federal (disputa nacional), además de otros tantos puestos de elección estatales (congresos locales) y municipales (presidencias y ayuntamientos), además de las alcaldías de la CDMX.

Podríamos preguntarnos ¿Cuál es el contenido de las propuestas de los partidos políticos y sus candidatas y candidatos en los diferentes ámbitos de la vida nacional? En especial, pienso en las cuestiones educativas. Sin embargo, hay asuntos clave que están supeditados al grado de arreglo o agotamiento de la legitimidad de las instituciones políticas, en particular, y del Estado mexicano, en general.

De no reconocerse al árbitro electoral, esto es, al Instituto Nacional Electoral (INE) y los organismos equivalentes locales; y si se invalida su condición de organismos autónomos e imparciales en su actuación antes, durante la jornada de votación y después de los procesos electorales, se podría advertir, así mismo, una crisis de legitimidad electoral de grandes proporciones.

Más allá de lo antes dicho, me pregunto: ¿Existe una auténtica disputa por un INE imparcial? ¿Eso es posible, cuando los consejeros de ese Instituto fueron elegidos a través de cuotas e intereses partidistas? ¿Es democracia partidista, sistema de partidos o más bien una "partidocracia"?

El escenario político creado por esa especie de “partidocracia” a la mexicana, es de verdadera tragedia: Candidaturas desacreditadas; “chapulineo”; incongruencia y pragmatismo son los rasgos que dominan en la actuación de los partidos políticos en México. Además, la selección de las y los candidatos ha estado plagada de irregularidades tanto en las formas (procedimientos) como en los contenidos de las precampañas y, como consecuencia de ello, en la definición de las y los contendientes.

Las dificultades y problemas de organización y comunicación que afloran al interior de los partidos políticos, son puntos y aparte. La legitimidad de las dirigencias ha sido cuestionada con diferentes grados de intensidad. Esto es más estridente y escandaloso en el partido Morena, que es el partido en el poder (ejecutivo federal) y que posee fuerte presencia en el aparato legislativo, es decir, en las Cámaras (Senado y diputaciones federales) donde, hasta hoy, es mayoría simple.

Aparte de los nubarrones que han generado las dinámicas internas, tan controvertidas como desaseadas, dadas las fuerzas e intereses que se mueven en el seno de los partidos, hay otros elementos que dominan el clima enrarecido de la actual contienda (2021), y que tienen que ver con la violencia política (crímenes y agresiones en contra de candidatos y candidatas a puestos de elección), situación que, por sí misma, es una contradicción de Estado.

Quedan varias interrogantes a resolver, en medio de un rompecabezas conceptual en que se configuran procesos de crisis sociales de distintos niveles y de diferentes dimensiones: en lo educativo, en la salud pública, en lo económico y en lo político.

Young y Habermas así lo leyeron, en sus contextos, hace 30 años: "El objetivo de neutralizar los conflictos de clase ha sido conseguido por el Estado de bienestar principalmente a través(…) de la redistribución de la riqueza y el apoyo gubernamental a sectores de la economía ajenos al mercado, como la educación y la formación, la legislación sobre seguridad e higiene en el trabajo, y la negociación colectiva y/o el arbitraje. Estas políticas obtienen su legitimidad de los procesos de representación electoral y de la capacidad relativa del Estado para regular los conflictos de clase y garantizar las condiciones generales de acumulación de capital ante los descensos periódicos del ciclo económico.

“El crecimiento de la economía es, a su vez, una precondición para las políticas redistributivas del Estado de bienestar que sirven para apoyar a las instituciones públicas de las que dependen los trabajadores y los sectores menos favorecidos de la sociedad. El proceso de acumulación es también una precondición para la capacidad financiera de los gobiernos para acallar a grupos de presión influyentes y a menudo acomodados, pero potencialmente incómodos.

“No obstante, las limitaciones del Estado, tanto en la esfera política de la regulación del conflicto de clases como en la esfera económica, se han hecho cada vez más notorias. El Estado ha sido incapaz de proteger su propia economía, frente a la influencia de la economía internacional y a las políticas del capitalismo multinacional. Interiormente, ha sido incapaz de satisfacer tanto a sus clientes como a los capitalistas, cuya colaboración ha sido necesaria para el compromiso de trabajo del Estado de bienestar."

Fuente consultada:

(1) R. E. Young. (1989) La crisis de la educación actual: Habermas y el futuro de nuestros hijos, cap. 1 del libro: A Critical Theory of Education. Habermas and Our Chddren's Future, Sidney, Harvester Wheatsheaf.

http://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:7eeb86cf-e983-44f3-8658-284e59e6c294/re2910100477-pdf.pdf

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