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AMLO no comprende el mundo, y hasta el momento, parece no importarle. Es una pena.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dista de ser un jefe de Estado moderno y comprometido con las relaciones internacionales, y cuya visión de México y del mundo encaje en los acuerdos alcanzados a la luz de la evidencia empírica en una amplio abanico de materias. 

AMLO, indudablemente, navega contra los consensos internacionales.

En materia de política social, AMLO, su gobierno y los legisladores morenistas han optado por recetas desfasadas que escasamente abonarán a reducir el número de pobres en nuestro país. Mientras la evidencia económica indica hacia la necesidad de una mayor inversión en educación y salud, el gobierno mexicano recurre a la entrega de apoyos sociales con miras plenamente electorales.

En la asignatura fiscal, la reforma promulgada durante el gobierno de Peña Nieto hizo posible mayor recaudación en un pequeño porcentaje del PIB, e hizo posible la “despestrolización” de los ingresos del Estado. Sin embargo, la reforma priista adoleció de una mala implementación pues no fue capaz de resolver el gravísimo problema de la evasión fiscal, mientras que las cargas recayeron principalmente sobre las clases medias. AMLO, por su parte, no ha buscado el mejoramiento de la normativa fiscal, y en consecuencia, el Estado mexicano persiste rezagado en materia de recaudación en términos del PIB.

Estrechamente ligado con el tema fiscal, AMLO y su gobierno han reducido el gasto en áreas prioritarias. Por el contrario, han priorizado magno proyectos de dudosa viabilidad. Baste con echar un vistazo a los costos incurridos por motivo de la cancelación del aeropuerto de Texcoco. En otras palabras, el gobierno mexicano es incapaz de recaudar como resultado de las debilidades estructurales del Estado, y a la vez, no sabe gastar, o en todo caso, gasta mal.

En materia de combate contra el cambio medio ambiental, AMLO, nuevamente, va contra los acuerdos. A pesar de los consensos internacionales en el seno de la comunidad científica en relación con las consecuencias directas de la acción del hombre sobre el medio ambiente, y ante la urgente necesidad de transitar hacia energías limpias y renovables, López Obrador y sus correligionarios en el Congreso han destinado una ingente cantidad de recursos públicos y de capital político en sentido opuesto.

En este contexto, la refinaría de Dos Bocas y la futura ley en materia energética obstaculizarán nuestro tránsito hacia las energías renovables. Por otro lado, México, en clara inobservancia de los compromisos derivados del Acuerdo de París y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas ( y muy en particular, el ODS número 7: Energía asequible y no contaminante) da la espalda a la comunidad internacional.

No únicamente México no cumplirá con su obligación moral de velar por el interés común, sino que contraviene acuerdos suscritos por el Estado mexicano. Ciertamente, no son legalmente vinculantes, pero sí que derivan de la enorme relevancia de la participación de la décima quinta economía global. El mundo nos observa, y por ello, las acciones de AMLO pueden conllevar la pérdida de confianza de nuestro país como destino de inversión.

El presidente López Obrador reitera diariamente su profundo desdén hacia los consensos internacionales, a la vez que hace evidente que se trata de un mandatario inconmovible en sus decisiones, mismo si estas nos ponen de espaldas al concierto de los naciones. Efectivamente, tal y como señaló Ricardo Anaya en aquel debate, AMLO no comprende el mundo, y hasta el momento, parece no importarle. Es una pena.