Los primeros 100 días del gobierno de Joseph Biden serán clave para marcar el futuro de su gobierno. Entre las prioridades, a partir del 20 de enero de 2021, estarán: lograr que el Senado confirme el mayor número de integrantes de su gabinete; vencer la pandemia del coronavirus; reactivar la economía; empujar las reformas para combatir el cambio climático; modificar la política migratoria, de asilo y ciudadanía; detener la construcción de la barda en la frontera con México, lo que ahorrará millones de dólares al Departamento de Defensa.

Una prioridad más de los primeros 100 días será iniciar los trabajos para organizar la Novena Cumbre de las Américas. Originalmente algunos habían pensado que se llevaría a cabo en el mes de abril en Florida, de manera presencial. Pero el covid-19 ha obligado a replantear fechas y tal vez se lleve a cabo de manera virtual, un poco más adelante. Todavía no hay una fecha definitiva, pero será en 2021.

La Cumbre de las Américas se lleva a cabo cada tres años y es la única reunión de todos los líderes de los países de América del Norte, América Central, América del Sur y el Caribe. La primera reunión fue en Miami, en diciembre de 1994, y el anfitrión fue el presidente Bill Clinton. Lo recuerdo muy bien porque yo tenía apenas unos días de haber sido nombrado subsecretario de Relaciones Exteriores y apoyé al canciller Ángel Gurría en todos los preparativos. Durante la transición habíamos trabajado en la elaboración de materiales y en la agenda para la participación del presidente Ernesto Zedillo en esta histórica primera Cumbre.

Cooperación

La Cumbre es uno de los mejores instrumentos para promover la cooperación en el continente americano, desde la competitividad económica, hasta el desarrollo social, pasando por los temas de finanzas, energía, tecnología, comunicaciones, seguridad regional, combate al narcotráfico, promoción de la democracia y los derechos humanos.

Después de Miami, los líderes del continente se reunieron en Santa Cruz, Bolivia (1996, cumbre extraordinaria), luego en Santiago, Chile (1998), Quebec, Canada (2001), Monterrey, Mexico (2004, cumbre extraordinaria), Mar del Plata, Argentina (2005), Puerto España, Trinidad y Tobago (2009), Cartagena, Colombia (2012), Ciudad de Panamá (2015), Lima, Perú (2018).

Cabe recordar que cuando se llevó a cabo la Cumbre Extraordinaria de las Américas en Monterrey, en 2004, no asiste Cuba. Pero todavía estaba fresco el recuerdo de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Financiamiento al Desarrollo de 2002, en esa misma ciudad. Y nadie olvidaba, con pena, el incidente —anecdótico ahora— del “comes y te vas” entre Vicente Fox y Fidel Castro.

Si hay alguien preparado para encabezar una cumbre latinoamericana es Joe Biden. Como vicepresidente durante ocho años, fue el principal emisario del gobierno de Obama en América Latina y el Caribe. Hizo 16 viajes a la región.

La tarea de AMLO y el libre comercio

Ahora bien, antes de llegar a la Cumbre de las Américas, el gobierno de México debe consolidar la estrategia de su relación bilateral con Estados Unidos y la construcción de una nueva visión para América del Norte. El presidente López Obrador no puede llegar al encuentro presencial o virtual entre los presidentes sin haber hecho esta tarea. Tenemos poco tiempo.

América del Norte es una región unida por la geografía, pero históricamente dividida por el idioma y la cultura. Esto empezó a cambiar el 15 de abril de 1988, cuando George Bush padre dirigió un mensaje a la Sociedad Americana de Editores de Periódicos. El entonces candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos propuso crear una zona de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.

Era una idea difícil de vender. Con un comercio bilateral de apenas 52 mil millones de dólares, México era el cuarto socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá, la Comunidad Europea y Japón. El mismo Bush comentaba que lograr este objetivo podía llevar años, pero que seguramente se convertiría en un motor de crecimiento económico.

Dos años más tarde, el 26 de marzo de 1990, recibí una llamada de Peter Truell, corresponsal de asuntos de comercio internacional del periódico The Wall Street Journal. Mi función como ministro de Información y vocero de la Embajada de México en Washington me convertía en un punto de referencia obligado para los medios estadounidenses interesados en México. Peter fue al grano: "tengo información confiable, de altos funcionarios estadounidenses, sobre una serie de reuniones que sostuvieron a fines de febrero Jaime Serra y José Córdoba con James Baker, Brent Scowcroft, Carla Hills, Robert Mosbacher y Michael Boskin, en donde acordaron negociar un acuerdo de libre comercio entre México y Estados Unidos".

Era cierto. Durante meses se había trabajado de manera discreta para iniciar la negociación de un Tratado de Libre Comercio. No había duda de que la filtración provenía de una fuente estadounidense. Lo que no quedaba claro era la intención: ¿se trataba de acelerar el proceso, o de aniquilarlo antes de que pudiera despegar?

Conocer al vecino distante convertido en socio

Al día siguiente, el Wall Street Journal publicó un artículo que marcaría el inicio de una nueva etapa en la cobertura periodística sobre México en los medios de Estados Unidos: "U.S. and Mexico Agree to Seek Free Trade Pact -Bush Aides Confirm Talks; Result Would Be Market For All of North America" (Estados Unidos y México acuerdan buscar un pacto de libre comercio -Colaboradores de Bush confirman conversaciones. El resultado sería un mercado para toda América del Norte).

Con este artículo se daba el banderazo de salida a un nuevo tipo de escrutinio. Al margen de la negociación comercial, los medios, los actores políticos, los académicos y los ciudadanos de Estados Unidos querían conocer mejor a este socio potencial, que hasta ese momento sólo era un vecino distante al sur del "Río Grande". No era concebible negociar con alguien a quien no sólo desconocían, sino que, además, no entendían. De ahí la tarea de editores y productores de medios electrónicos para llenar un profundo vacío informativo.

Artículos, editoriales, reportajes y perfiles se publicaron en las páginas de los principales diarios y revistas estadounidenses durante los tres años que duró la negociación del TLCAN. Programas de radio y televisión intentaron mostrar a los estadounidenses algunos aspectos de la vida de los mexicanos. Parecía que los temas de corrupción, narcotráfico y pobreza dejarían su lugar a los temas económicos y comerciales.

El gobierno de México fortaleció su presencia en Washington, aprendió a cabildear y a acercarse a los miembros del Congreso de Estados Unidos. Funcionarios mexicanos se reunieron con los consejos editoriales de los periódicos regionales y locales; sostuvieron entrevistas en radio y televisión; y hablaron ante todo tipo de asociaciones, llevando el mensaje de los beneficios que un TLCAN generaría en Estados Unidos y en México. Se establecieron alianzas entre los sectores empresariales para generar un ambiente favorable a la negociación comercial. Había una idea clara y un objetivo concreto, y todo el esfuerzo nacional se orientó a lograrlo.

Como anticipaba Bush padre, negociar, firmar y poner en marcha el TLCAN fue toda una proeza. También tuvo razón al prever el impulso económico que representaría: hoy, el comercio bilateral sobrepasa los 600 mil millones de dólares. Pero el comercio no lo es todo en esta compleja relación bilateral. Todavía nos falta un largo camino para conocernos mejor y avanzar en la integración plena de América del Norte.

En estos últimos dos años hemos visto que los gobiernos avanzan muy lentamente en la tarea de construir un nuevo entendimiento bilateral. Sin embargo, las sociedades de ambos países van más allá de las visiones burocráticas de Washington y la Ciudad de México: escriben sobre el otro, estudian al otro, trabajan con el otro y promueven una creciente integración por regiones.

En 1958, Edmundo O'Gorman publicó La invención de América. El descubrimiento del "cuarto continente" representó un proceso de cambio científico, ideológico y político. O'Gorman señalaba, con razón, que "América fue la instancia que hizo posible, en el seno de la Cultura de Occidente, la extensión de la imagen del mundo a toda la tierra y la del concepto de historia universal a toda la humanidad".

En el inicio de la tercera década del siglo 21, parecería que son los ciudadanos, los centros de estudio, los medios de comunicación y las empresas los que demuestran que son ellos quienes están inventando, día a día, una nueva región llamada América del Norte. Ojalá que se sumen pronto los gobiernos. AMLO tiene una tarea que cumplir antes de la Cumbre de las Américas. Y debe darse prisa.