La caja negra. ¡Viva la Interdependencia!

Viva México
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Para qué seguir engañándonos con la ilusoria idea de que somos un país independiente. Para qué continuar con esa mentira de que somos un país rico porque poseemos abundantes recursos y bellezas naturales que la mayor parte de los mexicanos ni la ve ni le llega. Para qué hacernos creer con base en lo anterior que somos un pueblo chingón, ergo, que en lo individual somos muy chingones, orgulloso distintivo que en el colmo de la euforia y de los tequilas, expulsamos con el autocomplaciente grito: ¡Viva México cabrones! Ante tal exabrupto colectivo, pregunto como Don Justo: ¿Y? ¿Yyyy?  ¿A quién va dirigido? ¿A quién queremos asustar? ¿Quién lo oye? Como no sea el otro borracho al que retamos con un “qué me ves buey, ¿no te gustó? ¡Pues éntrale pendejo! Y acabamos golpeándonos un mexicano del norte contra un mexicano del sur o de cualquier punto de la República, en aras de celebrar nuestra libertad, independencia, superioridad y mexicanidad.

Para qué seguimos creciendo a nuestros hijos con una enorme carga de mentiras, paradigmas (que casi es lo mismo) y rencores cultivados desde la cuna. No somos independientes, nunca lo hemos sido; no nos han robado la mitad del país, nunca lo hemos tenido; no somos ricos por gracia de Dios que nos ubicó en el Cuerno de la Abundancia. Si somos muy chingones, eso sí, y también madrugadores, en cuanto empieza a parpadear el Sol, ya estamos pensando a quién nos vamos a chingar ese día, al tiempo que nos encomendamos al Santo de nuestra preferencia y le suplicamos ¡que nos libre de todo mal! Caray, ignorantes y ventajistas sí somos; taimados y egoístas también y ni cómo esconderlo cuando se presume con orgullo dos maravillosas acciones que no tienen pierde: una, la frase de los taimados, “cuidado conmigo buey, me hago, pero no soy”; otra, la de los egoístas, verdadera joya nacional, como escupir al cielo, como si lo que uno hace no se lo fueran a devolver nunca, “de que lloren en mi casa a que lloren en la tuya, mejor en la tuya”. Y con esta sentencia como justificante universal, te corren del trabajo o te niegan el pago de una deuda o se evita compartir el pan con quien más lo necesita. No sabe usted, querido Lector y amigo, las veces que he oído esta frase, igualmente machacada por gente con dinero que por gente pobre y por ello no se puede dejar de cuestionar dónde se apagó la luz de la solidaridad humana que impide decir en cambio, “vamos a repartir lo que nos queda”. Qué es esto, ¿candidez? ¿Ignorancia? ¿Mexicanidad? Así no se puede.

La Campana de Dolores sigue tocando, pero nadie parece oírla. No llama para perder el tiempo en recordatorios si no para materializar un profundo cambio en nuestra forma de pensar, hacer y repartir, tarea pendiente desde entonces. Como país recién parido, nacimos dependientes y fuimos sojuzgados más allá de nuestros primeros pasos. Como país joven quisimos independizarnos y no pudimos, nos sacudimos a los españoles y nos cayeron los gringos, e ingleses y alemanes y todos los que podían sacar algo de este pobre país. Ahora, que aún no somos un país adulto, nos encontramos con un mundo globalizado cuya consecuencia inmediata es entender que ya nunca podremos ser una nación independiente. Vaya, pero ni los propios gringos o japoneses o alemanes son hoy independientes. Claro, aún hay grados y circunstancias. Sin embargo, en el horizonte otea algo mejor, aprender a vivir con interdependencia, con la racial, económica y solidariamente humana; enfocarnos globalmente en lograr un mundo sin fronteras, un mundo que siendo de todos, sea para todos.

Ya la Campana de una sola Patria Universal repiquetea sin cesar y nosotros, los que la escuchamos y que todavía somos mexicanos de acuerdo con definiciones ancestrales y mal intencionadas, podemos dar algunos pasos en ese sentido. Por ejemplo, enseñar a los niños una historia sin rencores, como, por ejemplo, en vez de amargarlos con que los gringos nos robaron la mitad de nuestra tierra o que a Yucatán lo partieron en tres y sacaron tres estados donde había uno, se les debería explicar que las fronteras son flexibles y que cambian en el curso del tiempo por causas de líderes voraces acicateados por los hombres del dinero, o algo así, menos visceral. Muchos hemos sufrido, desde la primaria, la terrible pérdida de un mapita que mostraba un México Imperial como de 4 millones de km2. En febrero 1822, Agustín de Iturbide fue entronizado Emperador de México y su dominio abarcaba desde cerca de lo que hoy es Oregón hasta casi toda Centroamérica, según se puede apreciar en el mapa que un pinche loquito lambiscón le hizo por encargo. La verdad es que resulta de risa que un país avasallado de pronto se convierta en un Imperio Ah, pero nos hacen creer que el territorio arriba del Bravo se lo clavaron los yanquis y nadie la hace de pepe por toda la tierra abajo del Suchiate que se volaron los centroamericanos. Esta más que visto y probado que las fronteras solo sirven para dividir y para derramar la sangre, principalmente, de los jóvenes cercanos o lejanos. Otro paso hacia un mundo sin fronteras es ir actualizando los símbolos “patrios”, quizá diseñando una bandera más universal y un himno solidario y pacífico. No tiene nada de pecaminoso o malévolo, ya que no sería la primera vez que tales cosas han ocurrido, hemos tenido varias banderas, incluso, recientemente, en el gobierno de Fox, estilizaron el escudo de nuestro lábaro impreso en la documentación oficial.

Dicho lo anterior, declaramos anacrónico el festejo de la Independencia de México y proponemos a cambio, a secas, un ¡Viva México! acompañado de otras expresiones como ¡Viva la Solidaridad Humana! ¡Viva la Paz! y ¡Viva la Interdependencia entre todos los Pueblos de la Tierra!

RENDIJAS

Excelente organización la de los estrategas del Grito en el Zócalo, según se desprende de los comentarios vertidos en las redes sociales, el Diario Reforma y el Noticiero de Cárdenas, entre otros: primero acomodaron a los invitados que trajeron en camiones desde los Estados, luego a los contingentes de organizaciones afines y al final al Pueblo disperso, curioso y emocionado. El Pueblo encarbonado, los gritones, protestantes y los que pedían la renuncia del Presidente, no alcanzaron lugar. Caray, no reservan con tiempo.

Dicen que el Gobernador de Aguascalientes pidió una viva para ¡Doña Josefina Ortiz de Domínguez! Ni cómo ayudarlo.

Si la superficie de México fuera de 2 o de 4 millones de km2, me da igual, yo solo tengo 103 m2. Y eso, es un privilegio.

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